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8.22.2017

DÉDALO E ÍCARO

Mourning for Icarus, Herbert James Draper

Paisaje con la caída de Ícaro. Pieter Brueghel el Viejo. 1554-55 (Atribuido)
Dédalo era el arquitecto, artesano e inventor muy hábil que vivía en Atenas. Aprendió su arte de la misma diosa Atenea. Era famoso por construir el laberinto de Creta e inventar naves que navegaban bajo el mar. Se casó con una mujer de Creta, Ariadna y tuvo dos hijos llamados Ícaro y Yápige.
Su sobrino Talos era su discípulo, gozaba del don de la creación, era la clase de hijo con que Dédalo soñaba. Pero pronto resultó mas inteligente que el mismo Dédalo, porque con solo doce años de edad invento la sierra, inspirándose en la espina de los peces; sintió mucha envidia de él tras compararlo con su hijo.
Una noche subieron el tejado y desde allí; divisando Atenas,veían las aves e imaginaban distintos mecanismos para volar.Ícaro se marchó cansado, y después de engañar Dédalo a Talos,lo mató empujándole desde lo alto del tejado de la Acrópolis.Al darse cuenta del gran error que había cometido, para evitar ser castigado por los atenienses,huyeron a la isla de Creta, donde el rey Minos los recibió muy amistosamente y les encargaron muchos trabajos.
El rey Minos, que había ofendido al rey Poseidón, recibió como venganza que la reina Pasifae, su esposa, se enamorara de un toro. Fruto de este amor nació el Minotauro, un monstruo mitad hombre y mitad toro.
Durante la estancia de Dédalo e Ícaro en Creta, el rey Minos les reveló que tenía que encerrar al Minotauro.Para encerrarlo, Minos ordenó a Dédalo construir un laberinto formado por muchísimos pasadizos dispuestos de una forma tan complicada que era imposible encontrar la salida. Pero Minos, para que nadie supiera como salir de él, encerró también a Dédalo y a su hijo Ícaro.
Estuvieron allí encerrados durante mucho tiempo. Desesperados por salir,se le ocurrió a Dédalo la idea de fabricar unas alas, con plumas de pájaros y cera de abejas, con las que podrían escapar volando del laberinto de Creta.
Antes de salir,Dédalo le advirtió a su hijo Ícaro que no volara demasiado alto, porque si se acercaba al Sol, la cera de sus alas se derretiría y tampoco demasiado bajo porque las alas se les mojarían, y se harían demasiado pesadas para poder volar.
Empezaron el viaje y al principio Ícaro obedeció sus consejos, volaba al lado suyo, pero después empezó a volar cada vez más alto y olvidándose de los consejos de su padre, se acercó tanto al Sol que se derritió la cera que sujetaba  las plumas de sus alas, cayó al mar y se ahogó.Dédalo recogió a su hijo y lo enterró en una pequeña isla que mas tarde recibió el nombre de Icaria.
Después de la muerte de Ícaro,Dédalo llegó a la isla de Sicilia, donde vivió hasta su muerte en la corte del rey Cócalo.

Ícaro y la juventud

Los jóvenes que no controlan sus impulsos se estrellan de inmediato.
Como subraya Carlos García Gual, Ícaro es el símbolo de la temeridad juvenil castigada. Es el símbolo de la rebeldía de los jòvenes respecto a sus padres.
“Ícaro es un mito contemporáneo; es un auténtico mito de nuestro tiempo“ pero también es el símbolo de la curiosidad innata de la juventud, de la atracción del riesgo, del placer de la aventura, del interés por aprender, de la fiebre por ascender a lo más alto.
Al igual que su padre, Dédalo, y quizá más que él, Ícaro es un mito contemporáneo; es un auténtico mito de nuestro tiempo.

Ícaro y el conocimiento

Existen dos maneras de escapar del Laberinto, como nos explica Carlos Goñi en su libro 'Cuéntame un mito': la primera, siguiendo poco a poco el hilo del ovillo, como hizo Ariadna y Teseo, rastreando el terreno poco a poco; la segunda es utilizando todo el ingenio para alzar el vuelo.
Estas dos maneras de salir del Laberinto representan el esfuerzo por alcanzar el conocimiento de las ciencias, por una parte, y el de la reflexión filosófica, por otra.
Ambas intentan conocer la realidad mediante dos caminos diferentes. La ciencia utiliza el método, la razón para adentrarse en los misterios del mundo. La filosofía adopta un punto de vista alto, más general, una visión global.
Claro que es más arriesgado, pero tiene la ventaja de la perspectiva: puedes ver el laberinto en su totalidad.

Las metamorfosis
Libro VIII
Ovidio

Dédalo entre tanto, por Creta y su largo exilio
lleno de odio, y tocado por el amor de su lugar natal, 
encerrado estaba en el piélago. «Aunque tierras», dice, 
«y ondas me oponga, mas el cielo ciertamente se abre; iremos por allá. Todo que posea, no posee el aire Minos». 
Dijo y su ánimo remite a unas ignotas artes 
y la naturaleza innova. Pues pone en orden unas plumas, 
por la menor empezadas, a una larga una más breve siguiendo, de modo que en pendiente que habían crecido pienses: así la rústica fístula un día paulatinamente surge, con sus dispares avenas. 
Luego con lino las de en medio, con ceras aliga las de más abajo, y así, compuestas en una pequeña curvatura, las dobla para que a verdaderas aves imite. El niño Ícaro a una 
estaba, e ignorando que trataban sus propios peligros, ora con cara brillante, las que la vagarosa aura había movido, 
intentaba apoderarse de esas plumas, ora la flava cera con el pulgar mullía, y con el juego suyo la admirable obra de su padre impedía. Después que la mano última a su empresa 
impuesto se hubo, su artesano balanceó en sus gemelas alas su propio cuerpo, y en el aura por él movida quedó suspendido. 
Instruye también a su nacido y: «Por la mitad de la senda que corras, Ícaro», dice, «te advierto, para que no, si más abatido irás, la onda grave tus plumas, si más elevado, el fuego las abrase. 
Entre lo uno y lo otro vuela, y que no mires el Boyero o la Ursa te mando, y la empuñada de Orión espada. 
Conmigo de guía coge el camino». Al par los preceptos del volar 
le entrega y desconocidas para sus hombros le acomoda las alas. 
Entre esta obra y los consejos, su mejillas se mojaron de anciano, y sus manos paternas le temblaron. Dio unos besos al nacido suyo que de nuevo no había de repetir, y con sus alas elevado delante vuela y por su acompañante teme, como la pájara que desde el alto, a su tierna prole ha empujado a los aires, del nido, y les exhorta a seguirla e instruye en las dañinas artes. 
También mueve él las suyas, y las alas de su nacido se vuelve para mirar. 
A ellos alguno, mientras intenta capturar con su trémula caña unos peces, o un pastor con su cayado, o en su esteva apoyado un arador, los vio y quedó suspendido, y los que el éter coger podían creyó que eran dioses. Y ya la junonia Samos por la izquierda parte -habían sido Delos y Paros abandonadas-, diestra Lebinto estaba, y fecunda en miel Calimna, cuando el niño empezó a gozar de una audaz voladura y abandonó a su guía y por el deseo de cielo arrastrado más alto hizo su camino: del robador sol la vecindad mulló-de las plumas sujeción- las perfumadas ceras. 
Se habían deshecho esas ceras. Desnudos agita el los brazos, y de remeros carente, no percibe auras algunas 
y su boca, el paterno nombre gritando, azul la recoge un agua que el nombre saca de él. 
Mas el padre infeliz, y no ya padre: «¡Ícaro!», dijo, «¡Ícaro!», dijo, «¿Dónde estás? ¿Por qué región a ti he de buscarte? 
¡Ícaro!», decía. Las plumas divisó en las ondas, y maldijo sus propias artes, y su cuerpo en un sepulcro 
encerró, también tierra por el nombre dicha del sepultado. 


7.10.2014

EL HIJO DE ZEUS Y JESÚS

Así como en un artículo anterior se analizó una correlación, en teoría, entre Zeus y Dios en esta oportunidad desandaré una polémica equiparación a la que algunos teóricos dieron lugar, y es la que asemeja a Heracles (más conocido como Hércules) y Jesús.
Heracles (o Hércules) con su garrote y la cabeza del león de Nemea como Yelmo
Heracles (o Hércules) con su garrote y la cabeza del león de Nemea como Yelmo
El estudio supone dos análisis diferentes, teniendo en cuenta que ambos tuvieron caracterizaciones tanto mitológicas como históricas y, si bien es cierto que hay más elementos para certificar  la existencia de Jesús que la de Heracles, también es real que la distancia temporal entre el héroe cristiano y el griego refleja una dificultad mayor en la validación existencial de este último que en la de aquel. Es decir, si dejando de lado los relatos de La Biblia (referencia fundamentalmente mitológica), hubo muchas dificultades “empíricas” para fundamentar la presencia de Jesús en la tierra, qué podemos esperar en el caso de Heracles, cuya hipotética existencia se produjo mucho tiempo antes. Vale decir, además, que el paradigma (según la concepción de Tomás Khun) religioso central de la Cultura Occidental se basa aun hoy en el Cristianismo, y en donde el paradigma de los dioses griegos se extinguió hace mucho tiempo. Esto refleja de algún modo que la existencia de Jesús como “hijo de Dios” está fundamentada más en la fe de los devotos y en el carácter doctrinal que en su corroboración positiva (en términos de la corriente del Positivismo). En ese sentido, creo que un acontecimiento no puede reflexionarse por fuera de un sistema social y, en efecto, es este sistema quien acredita o desacredita estos acontecimientos según sus creencias y costumbres.
Heracles y un sacrificio en honor a su padre Zeus [cuadro de Noël Coypel, 1700]
Heracles y un sacrificio en honor a su padre Zeus [cuadro de Noël Coypel, 1700]
Pero dejando de lado este debate, pasaré a analizar la analogía desde la mitología donde, obviamente, se desarrollan la mayor cantidad de coincidencias que permiten esta exploración teórica. Veremos por qué, según mi humilde conjetura, no es alocado emparejar a Heracles con Jesús de Nazaret.
“Hijos del Señor”. En primer lugar, tanto Heracles como Jesús son Hijos de los “Todopoderosos”: el héroe griego de Zeus y el superhombre hebreo de Dios. Esta coincidencia parental se refuerza con el hecho de que la madre de ambos, Alcmena y María, respectivamente, eran mortales y fueron deliberadamente ungidas por los dioses. Asimismo, ambas llegaron vírgenes al momento de procrear a sus hijos “divinos”, aunque hay que aclarar que María se mantuvo siemprepura dada la unión “espiritual” con Dios, mientras que Alcmena sí mantuvo relaciones sexuales con Zeus cuando el diosse metamorfoseó en su esposo Anfitrión, según el mito.
Al ser Jesús bautizado por Juan, una voz tronó desde el cielo: "Ese es mi hijo amado".
Al ser Jesús bautizado por Juan, una voz tronó desde el cielo: “Ese es mi hijo amado”.
 Víctimas de complots homicidas. Tal vez para demostrar su estirpe divina, las referidas leyendas sobre el nacimiento de nuestros héroes coinciden en que ambos fueron blanco de intensiones de exterminio: como es sabido, Herodes pretendió matar al niño Jesús al correrse la voz de que “había nacido el futuro rey de los judíos”. Del mismo modo, Hera (esposa de Zeus) intentó matar al retoño “bastardo” de su marido para sancionar su infidelidad.
Heracles, aun nombrado en homenaje a Hera, no era blanco de devoción de la diosa, por lo cual fue perseguido por ella hasta sus últimos días
Heracles, aun nombrado en homenaje a Hera, no era blanco de devoción de la diosa, por lo cual fue perseguido por ella hasta sus últimos días
Niños prodigiosos. Tanto Heracles como Jesús tuvieron infancias marcadas por la magnificencia de sus capacidades, sorprendiendo a propios y extraños con sus actos. En este aspecto son susceptibles de destacar algunos hechos que los relacionan. A los pocos días de haber nacido Heracles, como mencioné, Hera no se conformó con que su marido nombrara al bebé en homenaje a ella (Hera-kles: “gloria de Hera” en griego), por lo que intentó asesinar al niño que cercioraba la deshonra. Por ello mandó unas serpientes a los aposentos del bebé para que lo mordieran, pero el infante Heracles las mató con sus manos. Cuando sus padres y criados llegaron, vieron con estupefacción cómo el niño jugaba con los cuerpos inanimados de las víboras. Por su parte, en el evangelio apócrifo de Tomás, se cuenta que Jesús había construido unos pájaros de barro en su afán de divertirse, a los cuales convirtió en aves reales ante sus padres para demostrar su poder divino.
El infante Heracles estrangula a las serpientes con sus manos [cuadro de  Joshua Reynolds, 1788]
El infante Heracles estrangula a las serpientes con sus manos [cuadro de Joshua Reynolds, 1788]
Inentendidos y castigados por sus padrastros: Tanto Heracles como Jesús poseían una gran inteligencia desde chicos, exponiendo muchas veces a sus mayores al ridículo. La Mitología Griega nos cuenta como Heracles, luego de matar a su maestro por reprenderlo severamente, debió comparecer ante un tribunal por la causa de homicidio. Y el joven semidios citó en el juicio una sentencia de un eximio legislador griego que aludía a la “legítima defensa”, aunque Heracles argumentó engañosamente el relato. Impresionado por el conocimiento de leyes del muchacho, el tribunal terminó absolviéndolo. A pesar de ello, su padrastro Anfitrión lo castigó debido al miedo que sintió ante las capacidades divinas de su hijo. En Jesús, por su parte, encontramos una situación similar donde el joven se apartó de sus padres para debatir aspectos teológicos con doctores de la ley hebrea, a los que sorprendió de sobremanera con sus conocimientos. Cuando sus padres lo encontraron, le regañaron el hecho de haberse apartado de ellos, mientras que José sintió una gran inquietud por las destrezas intelectuales de su hijo.
Heracles matando a la Hidra de Lerna
Heracles matando a la Hidra de Lerna
Los Milagros. Las hazañas de uno y otro son harto conocidas por todos y, aunque al héroe dorio lo caracterizaba la extremada fuerza y al nazareno sus proezas espirituales, las gestas de ambos entran sin ninguna duda en el rango de lo “milagroso”. De Heracles se destacan los afamados “doce trabajos” que su primo Euristeo, rey de Micenas, le había impuesto como sanción por su parricidio. Sin embargo, hay un hecho que los antiguos romanos consideraban sublime: según su concepción, Heracles fue quien abrió el paso del Mediterráneo al hasta entonces desconocido océano Atlántico al destruir con sus manos las rocas que dividían las aguas. El lugar fue representado con las míticas “Columnas de Hércules”, aunque más tarde fue renombrado como “Estrecho de Gibraltar”. De Jesús, los prodigios son célebres: resucitar a los muertos, convertir el agua en vino o caminar sobre el mar…
La fortaleza de Heracles contrasta con la espiritualidad de Jesús, aunque ambos realizaron innumerables milagros
La fortaleza de Heracles contrasta con la espiritualidad de Jesús, aunque ambos realizaron innumerables milagros
Entregados a la muerte por íntimos: Podría decirse que así como los fariseos anhelaban la muerte de Jesús y manipularon a su discípulo Judas para llevar a cabo su plan, en el caso de Heracles fue el centauro Neso quien deseaba la expiración del héroe y utilizó a Deyanira, esposa de Heracles, para lograr su objetivo. Fue así como luego de ser herido mortalmente por Heracles por intentar violar a su mujer, Neso le susurró a Deyanira que su sangre haría que Heracles la amara para siempre. Así lo creyó la inocente esposa pero al untar la sangre en la vestimenta de Heracles, ésta comenzó a quemarle el cuerpo al héroe hasta matarlo. No obstante, mientras que en el caso de Cristo la traición es directa, en el de Heracles el engaño es transversal, aunque el final de Judas y Deyanira es el mismo: ambos se ahorcaron al percatarse de sus culpas.
El centauro Neso secuestra a Deyanira. Al fondo, Heracles se dispone a cruzar el río para matar a Neso [cuadro de Guido Reni]
El centauro Neso secuestra a Deyanira. Al fondo, Heracles se dispone a cruzar el río para matar a Neso [cuadro de Guido Reni]
 Ascensión a los cielos: Pero luego de sus muertes, tanto Heracles como Jesús fueron ascendidos al Olimpo y al Reino de los Cielos, respectivamente. La apoteosis de ambos es, obviamente, favorecida por su condición de “Hijo de Dios (Zeus)”.  En el caso del griego, su glorificación se dio justo cuando el héroe iba a ser cremado por sus íntimos pero Zeus apagó la pira con sus rayos y lo transportó al Olimpo en su carro de caballos. Por su parte, la ascensión de Jesucristo también se da en el momento en el que se encontraba con sus discípulos, luego de haber resucitado.

La apoteósis de Heracles en el carro de caballos. El hijo de Zeus se reune con su padre en el Olimpo, al igual que Jesús con Dios
La apoteósis de Heracles en el carro de caballos. El hijo de Zeus se reune con su padre en el Olimpo, al igual que Jesús con Dios
 En cuanto a las certificaciones históricas de ambos, como dijimos, los datos no abundan. En efecto, el hecho de que exista tan poca información histórica de Jesús implica de alguna manera que sus actos no llamaron demasiado la atención para sus contemporáneos, como sí se da a entender en La Biblia, a la que ubico dentro de las fuentes mitológicas. No obstante, y en pos de documentar coincidencias, un historiador hebreo de nombre Flavio Josefo nombra en sus escritos tanto a Heracles como a Jesús, incluso lo hace en más oportunidades respecto del héroe heleno que del cristiano.
Heracles con el león en sus espaldas y luego de matar a la Hidra
Heracles con el león en sus espaldas y luego de matar al dragón
Como corolario, insisto en que el hecho de que la existencia de Jesús esté dada cabalmente por cierta y la de Heracles se tome como parte de una fábula tiene que ver con la cercanía temporal y paradigmática de nuestros tiempos. Y en ese sentido, considero que sí existieron hombres como Heracles y Jesucristo pero que la ideología religiosa, tanto la griega como la cristiana, reacomodaron los registros fidedignos de estos varones sobresalientes en representaciones legendarias para comprender (y tal vez justificar) hechos que en su debido momento no supieron explicar o que, contrariamente, decidieron nutrirlos de singularidades de magnificencia en pos de alimentar un mito, de fomentar una leyenda de hazañas y milagros.

1.24.2014

PENTESILEA

Durante el sitio de Troya, cantado por Homero en la “Ufada”, la reina de las amazonas, Pentesilea, hija de Marte, peleó contra los griegos, causando en ellos gran mortandad, hasta que Aquiles le salió al encuentro y la hirió de muerte. El héroe admiró su valor, lloró ante el cada-ver de su victima, y mató a Tersites. que la Insultaba. Tal es el asunto que ha inspirado la siguiente composición de Teodoro de Banville, literato, poeta y crítico francés (1823 1891).

 H. Tischbein

Staatliche

 SXV. Biblioteca Nacional

Theodore de Banville

Cuando sintió por la tremenda herida
Escapársele sangre, vida y alma,
Al cielo dirigió Pentesilea
Los fieros ojos, que encendió la audacia,
Y los cerró por siempre. Los guerreros.
Apoyando su frente altiva y pálida,
A la tienda de Aquiles la llevaron. 
Desprendiéronle el casco, en que ondulaba 
Aun el penacho que en la lid el viento 
Sacudía gallardo; la coraza 
Quitáronle también, y tan purpúrea 
Como brilla, al abrir una granada. 
Su rojo fondo, apareció en el blanco 
Femenil seno la espantosa llaga. 
En sus labios la cólera aun hervía;
Y como en espumosa catarata
El desbordado río se despeña,
Así, sobre sus hombros y su espalda, 
Cayó en revueltos bucles esparcida 
Su negra cabellera ensangrentada.

Clavó adusto en su víctima los ojos 
El matador; mas pronto pena amarga 
Le ablandó el corazón, y compasivo 
Admiró a la guerrera de las largas 
Crenchas flotantes, que a ningún esposo 
Acarició jamás, y que igualaba 
En beldad a las diosas. 
De repente Rompió a llorar. 
La convulsión volcánica 
Duró, de sus sollozos, largo rato; 
Largo rato el diluvio de sus lágrimas 
En la frente cayó de la amazona. 
Cual lluvia torrencial que un lirio baña.

Aquellos que, surcando el mar estéril, 
Para batir a Ilion, la que resguardan 
Cien torres, en la flota acompañaron 
Al invencible Aquiles, las entrañas 
Sintieron de terror estremecerse 
Al ver llorar a quien jamás llorara. 
Sólo Tersites, jorobado y cojo, 
Y quien orlan no más la frente calva
Cabellos ralos cual silvestres hierbas, 
Con lengua de escorpión estas palabras 
Al héroe dirigió: “De nuestros jefes, 
Esa mujer audaz dio muerte infausta 
A los mejores. Las aqueas huestes 
Hizo retroceder hasta la escuadra.
Y arrojaron sus flechas a la Estigia
Tantos guerreros nuestros como arrastra
Desatado huracán hojas marchitas.
¡Y tú gimes, cobarde, como brama
El cervatillo temeroso, y lloras
A esa mujer con mujeriles lágrimas!”

Escuchó Aquiles el horrible ultraje,
Y despertó con la espantosa rabia
Del león que en las líbicas arenas
Siente de pronto el aguijón que clava
Maligno insecto en la sangrienta herida.
Miró al bufón monstruoso cara a cara,
Alzó el puño cerrado, y en su cráneo
Lo desplomó como terrible maza.

Murió Tersites: su cabeza floja 
Abrióse, en cien pedazos destrozada, 
Como vasija que al salir del horno 
Disgusta al alfarero, que arrojándola 
Airado contra el muro, la hace añicos;
Y como el buey, cuya testuz quebranta
Golpe mortal, el mofador, exánime.
Rodó por tierra. Con crecientes ansias,
A la muerta amazona contemplando,
El noble Aquiles sin cesar lloraba.

11.01.2013

CÉFALO Y PROCRIS


A_Turchi

Céfalo, hijo de Deyoneo, se casó con Procris, una hija de Erecteo, y ambos se juraron eterna fidelidad.
Eos, la diosa de la aurora, estaba condenada a enamorarse consecutivamente de mortales por decisión de Afrodita. Y un día se encaprichó de Céfalo. Le secuestró e intentó hacerlo su amante, pero Céfalo la rechazó recordando los votos de fidelidad hacia su esposa. Entonces Eos trató de convencerle de que Procris faltaría a su promesa a cambio de riquezas, lo que Céfalo negó indignado.
A Céfalo le gustaba retirarse cerca de una fuente sagrada sobre el fresco césped. Así pasaba las horas Céfalo, apartándose de sus criados y de sus perros. En aquella arboleda el joven se sentaba a menudo sobre el suelo, y solía cantar:  “Ven, mudable brisa, para que refresques mis ardores, tú, a quien he de recibir en mi regazo”.
Alguien, servicial en mala hora, transmitió con memoriosa boca a los tímidos oídos de la esposa las palabras que había escuchado. Procris, cuando oyó el nombre de Brisa, como si se tratara de una rival, desmayóse y quedó enmudecida por el súbito dolor.
Enloquecida de celos, Procris salió al bosque en busca de su marido, con paso sigiloso y ocultándose, para encontrarle con su amante.
"¿Cuál era, Procris, tu pensamiento, cuando así te ocultabas, delirante? ¿Qué ardor había en tu desconcertado corazón? Pensabas sin duda que estaba a punto de llegar aquella Brisa, quienquiera que fuese, y que tus ojos habrían de contemplar el delito. Unas veces te arrepientes de haber venido (pues no querrías sorprenderlos), otras veces te alegras de ello: el amor dudoso turba tu corazón. Lo que le mueve a dar crédito es el lugar y el nombre y el delator, y el que la mente siempre piensa que existe aquello que teme."
Ya el día en su mitad, ha reducido las sombras; Céfalo se dispone a marchar y la infeliz esposa comprueba la confusión sobre el nombre de la Brisa soñada. Volvió la cordura y el color natural a su rostro.
Se levanta la esposa para ir a abrazar a su marido y con el movimiento de su cuerpo menea las ramas que encuentra al paso; él, creyendo que ha visto una fiera, con juvenil impulso coge el arco; en su mano derecha toma la jabalina y la lanza sobre Procris .
"¿Qué haces, desventurado?, ¡no es una fiera, detén la jabalina! ¡Desdichado creyéndola un jabali tu venablo ha traspasado a la joven. !"
“¡Ay de mí!” grita ella “has traspasado un pecho amigo. Este lugar siempre tiene heridas hechas, por Céfalo Muero antes de mi día, pero sin que me haya deshonrado rival ninguna. Esto hará, tierra, que seas leve para mí cuando me entierren. Ya mi espíritu sale a las brisas de cuyo nombre sospeché. Desfallezco, “¡ay!; cierra mis ojos con tu mano querida”.
Él abraza contra su pecho entristecido el cuerpo moribundo de su amada y lava con sus lágrimas las crueles heridas. Sale el espíritu y al escaparse paulatinamente del pecho temerario, lo va recogiendo la boca del infeliz marido.
"Seas quien seas,que la ofuscación no te lleve muy lejos, ni llegues a perder el seso oyendo el nombre de una rival. No creas con ligereza." (Ovidio: Ars amandi)


6.23.2013

PANDORA


Waterhouse

El titán Prometeo había robado a Zeus el fuego y se lo había entregado a los hombres. Además, Prometeo había logrado capturar todos los males y los había encerrado en una vasija para que no acosasen a los seres humanos. Para vengarse, Zeus encargó a Hefesto, el herrero divino, que fabricase una mujer semejante a las diosas. Esta mujer fue llamada Pandora: Atenea la vistió, las Gracias la llenaron de joyas, las Horas la cubrieron de flores, Afrodita le dio su belleza y, por último Hermes le confirió la maldad y la falta de inteligencia. Lo que no sé es si con el don de Hermes se quiere significar que Pandora era malvada y tonta o si lo son todas las mujeres.

Después de dar vida a la figura, Zeus envió a esta primera mujer como regalo a Epimeteo, hermano de Prometeo.
Pese a los consejos de su hermano, Epimeteo, que no era muy listo, se casó con Pandora.
Como era de esperar, lo mismo sucede en el Génesis con Eva, la curiosidad de Pandora le llevó a abrir la vasija en la que Prometeo había encerrado todos los males, que se escaparon y se extendieron sobre la tierra. Sólo quedó dentro la esperanza, que con sus consejos falaces y sus pobres consuelos, impide a los hombres suicidarse.
Pero hay otra versión, de un autor optimista, según la cual en la vasija había puesto Zeus los bienes, como presente a la humanidad. Al abrir la caja Pandora, los bienes escaparon hacia el Olimpo, excepto la esperanza.




6.06.2013

PROTEO



Proteo era un mítico rey de Faros, una pequeña isla junto al Delta del Nilo, que sin embargo contaba con el mayor puerto de la Europa de la Edad de Bronce. Mítico no significa necesariamente imaginario.
Era tan sabio que conocía la respuesta a cualquier pregunta. Pero también era muy testarudo y se negaba a compartir su sabiduría. La única manera de conseguir su colaboración era atraparle y no soltarle hasta que diese la respuesta pedida. Lamentablemente, esa no era tarea fácil, pues Proteo tenía el poder asombroso de cambiar de forma continuamente.
Muchos héroes se propusieron atrapar a Proteo para que respondiese a sus preguntas. Aristeo, según cuenta Virgilio, quiso que le dijera por qué habían muerto sus abejas melíferas. Fue Cirene, prima de Proteo, quien recomendó a Aristeo atase al dios marino para obligarle a responder. Así lo hizo Aristeo y, sorprendiendo a Proteo mientras dormía la siesta, logró atraparlo a pesar de su transformaciones. Pero Graves opina que la presencia de Proteo en la historia de Aristeo es un ejemplo del empleo irresponsable del mito por parte de Virgilio.
Para Graves, Proteo es otro nombre de Nereo, el anciano del mar. Se le representa en la pintura de un ánfora primitiva con la cola de pez y un león, un ciervo y una víbora saliendo de su cuerpo.
Según Graves, las transformaciones de Proteo en La Odisea indican las estaciones a través de las cuales el rey sagrado iba del nacimiento a la muerte.
Por otra parte, y dejando a un lado todas estas interpretaciones, en la Antigüedad se contaba un curiosa variante de una leyenda muy conocida: Helena, la esposa de Menelao y causa de la guerra de Troya, no fue raptada por Paris sino que éste se llevó una Helena fantasma, quedando la verdadera Helena en Egipto o Faros con el rey Proteo.
En Odisea IV 351, Menelao cuenta a Telémaco, hijo de Ulises, su encuentro con el anciano del océano cuando regresaba de Troya a Esparta. Se hallaba entonces el caudillo aqueo en la isla de Faros, frente a Egipto, pero no podía hacerse a la mar por falta de viento.
Tras veinte días retenidos allí:
“Cierta deidad apiadada buscó mi remedio. Fue la hija del Viejo del Mar, el insigne Proteo, la que llaman Idótea”.
Menelao sospecha que algún dios quiere impedir que sus naves prosigan el viaje, pero ignora de qué deidad se trata y cuál es el motivo de su ira. Entonces Idótea le dice:
“Suele andar por aquí cierto anciano del mar, infalible, el egipcio Proteo, inmortal que conoce los fondos del océano sin fin; Posidón por vasallo lo tiene y es el padre que a mí me engendró” .
Y añade:
“Si fueras tú capaz de cogerlo en celada y rendirlo a tu arbitrio, de tu ruta te habría de decir si será corta o larga y en qué modo podrás regresar sobre el mar rico en peces. Asimismo, ¡oh retoño de Zeus!, sabrás, si lo inquieres, tanto el bien como el mal ocurrido en tus casas al tiempo que tú andabas ausente en la larga y penosa jornada”.
Después, Idótea le explica a Menelao cómo puede atrapar a su escurridizo padre:
“Una vez que le viereis dormido, llegada es la hora: en alerta poned vuestra fuerza y vigor, sujetadle aunque más se resista y procure escaparse tomando mil figuras diversas. Vereislo cambiado de pronto en reptil que se arrastra en el suelo, después convertido ya en hoguera violenta, ya en agua; vosotros seguidle sin cesar estrechando, apretad cada vez con mas brío; mas, después que él os hable con propias palabras y vuelva a tomar la figura en que estaba al dormirse, absteneos de mayores violencias, soltad al anciano y al punto, noble prócer, pregúntale tú qué deidad te persigue y en que modo podrás regresar sobre el mar rico en peces”.
Menelao y sus hombres se ponen encima pieles de foca y se unen al rebaño que cuida Proteo:
“Por la siesta surgió de las aguas el viejo: a la vista de sus focas robustas se puso a contarlas pasando por mitad y empezó por nosotros, ajeno en su alma del engaño tramado, y al fin acostóse entre ellas. Dando gritos saltamos entonces los cuatro y las manos le lanzamos encima. No puso el anciano en olvido sus ardides: cambióse primero en león melenudo, en serpiente después, en leopardo y en cerdo gigante, luego de ello en corriente de agua y en árbol frondoso. Sin respiro apretábamos todos con ánimo entero y, rendido por fin el anciano perito en intrigas maliciosas, volviéndose a mí, preguntó de este modo: ‘¿Qué deidad te ha ayudado a tramar, oh retoño de Atreo, tal celada que así me has cogido? ¿Qué buscas con ello?’”
Rendido ya Proteo, Menelao le pregunta varias cosas, a las que el cambiante dios responde obediente. Tras lo cual: “sumergiose en las olas marinas”. Aunque gracias a la ayuda de Proteo, Menelao puede regresar a su patria, no se llega a decir que encontrase a la verdadera Helena junto a Proteo.


5.10.2013

APOLO Y DIONISIO SEGÚN ECO



Según la mitología, Zeus habría asignado una medida apropiada y un justo límite a todos los seres: el gobierno del mundo coincide así como una armonía precisa y mesurable, expresada en las cuatro frases escritas en los muros del templo de Delfos: “Lo más exacto es lo más bello”, “Respeta el límite”, “Odia la hybris (insolencia)”, “De nada demasiado”. En estas reglas se basa el sentido general griego de la belleza, de acuerdo con una visión del mundo que interpreta el orden y la armonía como aquello que pone un límite al “bostezante Caos” de cuya garganta brotó, según Hesíodo, el mundo. Es una visión que cae bajo la protección de Apolo, que efectivamente está representado entre las Musas en el frontón occidental del templo de Delfos. Pero en el mismo templo (que se remonta al siglo IV a.C.), en el frontón oriental opuesto, está representado Dionisios, dios del caos y de la desenfrenda infracción de todas las reglas.
Esta presencia conjunta de dos divinidades antiéticas no es casual, aunque no ha sido tratada hasta Nietzsche, en la edad moderna. En general, expresa la posibilidad, siempre presente y periódicamente reconocida como verdadera, de una irrupción del caos en la bella armonía. Más concretamente, en la concepción griega de la belleza, que resultó ser mucho más compleja y problemática de lo que indican las simplificaciones efectuadas por la tradición clásica.
Una primera antítesis es la que se produce entre belleza y percepción sensible. En efecto, si la belleza es perceptible aunque no completamente, porque no toda ella se expresa de formas sensibles, se abre una peligrosa incisión entre apariencia y belleza: incisión que los artistas intentarán mantener entreabierta, pero que un filósofo como Heráclito descubrirá en toda su amplitud, afirmando que la belleza armónica del mundo se manifiesta como desorden casual. La segunda antítesis enfrenta sonido y visión, las dos formas de percepción privilegiadas por los griegos (probablemente porque, a diferencia del olor y del sabor, se pueden reducir a medidas y órdenes numéricos): aunque se reconozca a la música el privilegio de expresar el alma, solo a las formas visibles se aplica la definición de bello (kalón) como “lo que agrada y atrae”. Así pues, desorden y música constituyen una especie de lado oscuro de la belleza apolínea armónica y visible, y como tales se incluyen en la esfera de acción de Dionisios. Esta diferencia se entiende si se tiene en cuenta que un estatua debía representar una “idea” (y, por tanto, suponía una contemplación detenida), mientras que la música es interpretaba como algo que suscita pasiones.”





4.05.2013

HERMES O MERCURIO

Mercurio y París, óleo de Donato Creti (1745).

Eneida - Libro I.297-304

HAEC AIT, et Maia genitum demittit ab alto, 
terrae ut, utque novas pateant Karthaginis arces 
hospitio Teucris, ne fati nescia Dido 
finibus arceret: volat ille por aera magnum 
. remigio alarum, ac Libyae citus adstitit Oris 
Et iam iussa facit, ponuntque Ferocia Poeni 
corda volente deo, in primis regina quietum 
accipit en Teucros animum mentemque benignam.

En este breve pasaje de transición de la conversación de los dioses a la acción en la Tierra, Mercurio desciende del Olimpo para preparar Dido para la llegada de los troyanos. 



4.03.2013

LEANDRO EN LA POESÍA DE LORD BYRON


La poesía a menudo se sumerge en las aguas de la mitología, pero son pocas las ocasiones en que logra arrancarla del ámbito mítico y posicionarla en el estrecho catálogo de prodigios reales y comprobados. Este es uno de esos pocos casos.
El mito de Hero y Leandro no es de los más conocidos, aunque su temática si lo es, básicamente, la historia trágica de dos amantes.

Hero era una hermosa sacerdotiza de Afrodita que vivía recluida en una torre en Sestos, al norte del Helesponto, hoy llamado Estrecho de los Dardanelos. Leandro, un muchacho de Abidós, justo en el otro extremo del estrecho, se enamoró perdidamente de ella, y cada noche cruzaba a nado el Helesponto para yacer en su lecho. Desde lo alto de su torre,Hero encendía una lámpara para guiarlo en las aguas oscuras.

Por cierto que aquel amor no se concretó de inmediato. Leandro debió apelar no solo a sus dotes natatorias para impresionar a la muchacha. El joven argumentó que Afrodita, diosa del amor, despreciaba las atenciones y la adoración de una muchacha virgen. Ante semejante argumento, Hero cedió, y se acostó con Leandro a lo largo de todo el verano.

Entonces llegó el invierno y sus olas embravecidas. Una tempestad imprevisible se cerró sobre el Helesponto justo cuando Leandro nadaba en sus aguas. Una ráfaga de viento cargada de extrañas voces golpeó contra la torre. La lámpara de Hero se apagó, y el joven perdió el rumbo y finalmente se ahogó.

Las horas pasaron, y cuando Hero atisbó en la costa el cadáver de Leandro se arrojó desde lo alto de la torre. 
Ahora bien, este es el mito clásico, resumido bestialmente por nosotros, que llegó a oídos del joven Lord Byron (1788-1824). Hasta entonces era solo eso, un mito, una leyenda más de dos amantes golpeados por la fuerza del destino. Lo curioso es que la única parte mítica de esta historia es el cruce del Helesponto a nado, el resto podría suceder, como sin dudas sucedió incontables veces.
El 3 de mayo de 1810 Lord Byron se encontraba viajando hacia Constantinopla para defender a Grecia de la opresión otomana. Mientras el buque que lo transportaba, elSalsette, anclado en Abidos, aguardaba un permiso de las autoridades para seguir avanzando, el joven poeta y un amigo, el teniente Ekenhead, decidieron poner a prueba loslímites entre mito y realidad. Esa misma tarde ambos se arrojaron a las aguas del Helesponto ante la mirada atónita de numerosos testigos. Lo que nadie había hecho, además de Leandro, un personaje de la más rigurosa mitología, se hizo con total naturalidad. Lord Byron, un muchacho con serias deformaciones óseas en sus pies, cruzó el Helesponto a nado.
Extrañamente esta hazaña logró dos cosas: erradicar la idea de que cruzar el estrecho a nado era una muerte segura, es decir, logró arrancar a Leandro del mito (o redefinirlo como una forma más de lo posible) y ubicarlo en la más plausible realidad, además de elevar a Lord Byron, un muchacho real con deficiencias motrices reales, al diminuto salón donde los hombres se trascienden a si mismos y se transforman en mito.

3.09.2013

GÁRGOLAS Y QUIMERAS

Grifos, Gárgolas, Quimeras… bestias mitológicas y legendarias que desde sus atalayas contemplan el paso de los siglos en perturbador silencio. Guardianes pétreos de antiquísimos templos, figuras grotescas y retorcidas, seres que aparecerán en las peores pesadillas de todos aquellos que intenten penetrar en su territorio defendido. Seres que en las noches más oscuras, cobran vida y sobrevuelan sus dominios hasta que, al alba, retornan a sus pedestales inmortales, a la espera de que los primeros rayos de sol, los vuelvan a convertir en piedra.
Gárgola (del francés gargouille > gargouiller ‘producir un ruido semejante al de un líquido en un tubo’, latín gargărīzo y griego γαργαρίζω ‘hacer gárgaras’), parte sobresaliente de un caño que sirve para evacuar el agua de lluvia de los tejados.
En la arquitectura da la edad media, especialmente en el arte gótico, son muy usadas en iglesias y catedrales y suelen estar adornadas mediante figuras intencionadamente grotescas que representan hombres, animales, monstruos o demonios. Probablemente, tenían la función simbólica de proteger el templo y asustar a los pecadores. Esto se mantuvo, aunque con menor desarrollo, en la arquitectura renacentista española o incluso en algunas iglesias barrocas.
Es un error extendido llamar gárgolas a cualesquiera figuras grotescas o monstruosas contenidas en iglesias medievales; sólo se pueden calificar como tales las que se ajusten a la función antes especificada. Así, por ejemplo, las famosas figuras monstruosas de función puramente decorativa instaladas por Viollet-le-Duc en la catedral de Notre Dame de París deben ser denominadas quimeras, y no gárgolas.
(Wikipedia)
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Refiere la tradición oral francesa la existencia de un dragón llamado La Gargouille, descrito como un ser con cuello largo y reptilíneo, hocico delgado con potentes mandíbulas, cejas fuertes y alas membranosas, que vivía en una cueva próxima al río Sena.
La Gargouille se caracterizaba por sus malos modales: tragaba barcos, destruía todo aquello que se interponía en la trayectoria de su fiero aliento, y escupía demasiada agua, tanta que ocasionaba todo tipo de inundaciones.
Los habitantes del cercano Rouen intentaban aplacar sus accesos de mal humor con una ofrenda humana anual consistente en un criminal que pagaba así sus culpas, si bien el dragón prefería doncellas.
En el año 600 el sacerdote cristiano Romanus llegó a Rouen dispuesto a pactar con el dragón si los ciudadanos de esta localidad aceptaban ser bautizados y construían una iglesia dedicada al culto católico.
Equipado con el convicto anual y los atributos necesarios para un exorcismo –campana, libro, vela y cruz–, Romanus dominó al dragón con la sola señal de la cruz, transformándolo en una bestia dócil que consintió ser trasladada a la ciudad, atado con una simple cuerda.
La Gargouille fue quemado en la hoguera, excepción hecha de su boca y cuello que, acostumbrados al tórrido aliento de la fiera, se resistían a arder, en vista de lo cual, se decidió montarlos sobre el ayuntamiento, como recordatorio de los malos momentos que había hecho pasar a los habitantes del lugar.


Sumideros Sagrados

Esta curiosa leyenda, más encantadora que real, viene a explicar el origen de la palabra gárgola como sinónimo de escupir agua con facilidad, intención primigenia de las esculturas ubicadas en las cornisas de iglesias y catedrales medievales.
El concepto de una proyección decorativa a través de la cual el agua se expulsase del edificio era conocido desde la antigüedad, siendo utilizado por egipcios, griegos, etruscos y romanos.
Mientras que los griegos tenían especial querencia por las cabezas de león, fueron los romanos los que utilizaron estos canalones decorativos con abundancia, tal y como lo demuestran los ejemplares de la ciudad de Pompeya, conservados intactos hasta la actualidad merced a la capa de lava que los cubrió durante la erupción del Vesubio, en el primer siglo de Nuestra Era.
Durante la Edad Media, las gárgolas se utilizaron como desagües y sumideros a través de los cuales se expulsaba el agua de la lluvia, evitando que cayera por las paredes y erosionase la piedra. Es esta la utilidad a la que se refieren todos los idiomas europeos, cuando idearon palabras para designar estos apéndices arquitectónicos: el italiano gronda sporgente, frase muy precisa, arquitectónicamente hablando, que significa “canalón saliente”; el alemán wasserspeider, que describe lo que una gárgola puede hacer, esto es, escupir agua; el español gárgola y el francés gargouille, que derivan del latín gargula, garganta; o el inglés gargoyle, derivado de los dos anteriores.
Las primeras gárgolas aparecen a comienzos del siglo XII. Es en la época del gótico, concretamente durante el siglo XIII, cuando se transforman en el sistema predilecto de drenaje, si bien no todas ellas tenían esta utilidad.
Parece que los primeros ejemplos góticos de gárgolas son las que se pueden observar en la Catedral de Lyon, seguidas de las que pueblan Notre-Dame de París.




Un arte terrorífico

Es raro encontrar una gárgola sola. Generalmente suelen estar agrupadas en hileras, sobre los altos de iglesias y catedrales, a modo de una sociedad de gente de piedra.
Las gárgolas del primer gótico apenas si estaban elaboradas, pero según fueron proliferando, el diseño se fue haciendo cada vez más elaborado, transformándose en auténticas obras de arte. El rasgo distintivo de sus expresiones es que nunca eran bellas sino intencionadamente horribles, grotescas o irónicas.
En general, el gótico se caracteriza por ser más realista que el románico, con la excepción de las gárgolas, que parecen perpetuar la fascinación, típicamente románica, por las criaturas grotescas y monstruosas.
Desde finales del siglo XIII las gárgolas se hicieron más complicadas, abandonándose la representación de animales, que fueron reemplazados por figuras humanas. Aumentaron su tamaño y se transformaron en figuras más exageradas y caricaturizadas.
Las connotaciones demoníacas se abandonaron en el siglo XV, cuando se extremaron las poses y expresiones faciales, perdiendo sus significados religiosos y haciéndose más cómicas.
Las gárgolas eran algo más que una decoración funcional, si bien su significado profundo permanece aún sin determinar. Entre las numerosas que pueblan los edificios medievales no se han podido encontrar dos iguales, demostración de la extraordinaria imaginación de sus constructores.
La documentación contemporánea a su elaboración ofrece muy poca ayuda en la resolución del enigma sobre su significado derivado, en gran medida, de la costumbre medieval por crear ambigüedad, lo que provoca y permite múltiples sentidos.
La gran variedad, tanto en formas como en significados, va en contra del uso típicamente medieval, esto es, educativo; si se quería enseñar es evidente que debía entenderse el mensaje transmitido a través de las gárgolas. Es por ello que encontramos gárgolas no sólo en iglesias y catedrales, sino también en edificios seculares y casas privadas.
Esteban de Sousa

Coral G

Guardianes de la Fe

Son muchas las explicaciones que se han intentado buscar, a lo largo de los siglos, para explicar el significado oculto de las gárgolas. Se han visto como símbolos de lo impredecible de la vida, pues nunca representan especies animales conocidas.
En otros casos, se ha dicho que son las almas condenadas por sus pecados, a las que se impide la entrada en la casa de Dios. Esta podría ser una interpretación apropiada, especialmente, para las gárgolas más visibles y terroríficas, que pueden servir como ejemplo moralista de lo que puede ocurrirle a los pecadores.
De todas las explicaciones posibles, la más aceptada es aquella que nos habla de ellas como guardianes de la Iglesia, signos mágicos que mantienen alejado al diablo. Esta interpretación puede explicar el porqué de tan diabólicos y espantosos aspectos y su ubicación fuera del recinto sagrado.
Esta línea argumental es la seguida por Richard de Fournival, Obispo de Amiens en el siglo XIII, y autor de Roman d’Ablandane, donde cuenta cómo el maestro cantero Flocars hizo dos gárgolas de cobre, que situó en la puerta de entrada a la ciudad de Amiens, con la intención de que evaluaran las pretensiones de todo aquel que quisiera entrar en ella.
Si el individuo era malévolo, las gárgolas escupían un veneno sobre él que lo mataba; por el contrario, si era una buena persona, los guardianes se encargaban de escupir oro y plata.

EnriqueRM

Señales Demoníacas
Entre las posibles interpretaciones que se han atribuido a las gárgolas destacan aquellas que las asimilan a representaciones del demonio, tan presente en el imaginario colectivo medieval, que recuerda al cristiano la necesidad de seguir los preceptos religiosos si quiere escapar del infierno.
Así, muchas de las llamadas gárgolas grotescas parecen representar a dragones, diablos y demonios, símbolos del mal para el cristiano de la Edad Media.
El dragón fue el animal fantástico más reproducido por el arte medieval. La palabra dragón deriva del sánscrito dric, que significa “mirar”, en referencia a la capacidad de este animal para destruir con sus ojos.
Mientras que otros, como el león, podían alternar su carácter maléfico y benéfico, según la representación que se considerase, el dragón siempre ha significado, dentro del arte occidental, maldad y destrucción. De esta forma, muchas veces se ha representado al diablo como un dragón.
Aunque el arte medieval no predeterminó una representación fija del dragón, sí puede observarse en todos ellos la existencia de alas semejantes a las de un murciélago, animal asociado a la oscuridad y el caos. Alas que, probablemente, indican el origen angélico del demonio.
Como es de sobra conocido, antes que Lucifer se revelase y fuera expulsado del paraíso, era el más bello de todos los ángeles. Pero cuando cayó, toda su belleza se transformó en fealdad, cambiando su nombre por el de Satán, que significa “adversario u oponente”.
Si uno es el diablo, Satán, muchos son los demonios, espíritus maléficos servidores del ángel caído. Su representación en la iconografía medieval recoge todo lo que de repugnante y desagradable tenía la naturaleza: si Dios era el Creador de todas las cosas bellas, su oponente, Satán, sólo podía representar lo feo, sórdido y despreciable.
Ciertas gárgolas muestran estas características, sólo atribuibles al demonio y sus servidores. Si bien la apariencia externa es humana, hay numerosos signos demoníacos: los cuernos, las orejas animales puntiagudas, los colmillos, las barbas, las alas membranosas, la cola, los pies en forma de patas hendidas y desgarradoras, los cuerpos desprovistos de vello y el semblante amenazador…
Una gárgola con alguna de estas características, sino todas, era inmediatamente asociada al mal, por parte de sus espectadores medievales.
La fisionomía polimórfica de estas gárgolas diabólicas era la expresión perfecta de la habilidad del demonio para transformarse, para presentarse ante el cristiano desprevenido bajo diversos disfraces.
Artículo de Mar Rey Bueno, revista Enigmas.



Quimeras de Notre dame

via
marccioni

Catedral de Köln. 

Barrio gótico de Barcelona. 

Terry.Tyson







Catedral de Chartres


Monasterio de San Juan de los Reyes. Toledo.