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2.07.2013

LIBRO DE LOS MUERTOS

Este libro era mas que un papiro que costaba el salario de medio año de un jornal egipcio, era mas bien un mapa o una guía para la otra vida de un egipcio. En la vida terrenal era para ellos este libro una guía de como conducirse en esta tierra, y como debían de preparar para ir al inframundo. 

Lo cierto del caso es que este libro no garantizaba el paso a una mejor vida, pues tenia que, ser en si un libro muy bien elaborado de conjuros para que cuando fuese pesado su corazón no fuera delatado si había cometido algún mal o quebrantado un mandamiento egipcio.


Este libro era como una llave para las puertas o pruebas que les tocaría vencer en el inframundo. En él se narra los 42 mandamiento egipcios de los cuales tenían que recitarlos ante las puertas que irían avanzando por su camino. 
Partiendo de la base de que la Biblia no es un texto funerario, ni una colección de sortilegios, como lo es el Libro egipcio de los Muertos, ni que ambos textos presentan una misma composición, ni derivan de una misma cultura y religión, no puede sostenerse una relación directa del Libro de los Muertos con la Biblia.
No obstante, no puede tampoco cuestionarse que el Libro de los Muertos tuvo un papel relevante en la cultura del antiguo Egipto, manteniendo su praxis durante el periodo coincidente con la composición del texto bíblico. 
Toda vez que la Biblia es un texto heterogéneo donde se aprecian distintas influencias culturales en su composición (Egipto, Mesopotamia, etc.), no puede descartarse alguna vaga influencia del Libro de los Muertos sobre la Biblia, aunque sea a razón de un hito característico de la cultura egipcia que marco a las poblaciones vecinas, también politeístas y sujetas al dominio de Egipto.
LOS DIEZ MANDAMIENTOS Y LOS MANDAMIENTOS EGIPCIOS
En el capítulo CXXV del Libro de los Muertos (Papiro de Ani) se incluye una lista de juramentos para alcanzar la vida después de la muerte. Estas declaraciones juradas son confesiones negativas, que llevan implícito el mandato de los dioses egipcios a llevar una vida recta; algunas de estas confesiones se asemejan a mandamientos del decálogo israelita.
Cap. CXXV del Libro de los Muertos
El papiro de Ani, del Museo Británico - E.A.Wallis Budge 
Éxodo, 20:1-17, 34:28, Deuteronomio5:6 21 y 10:4
“En verdad, vine a ti y te traigo la Justicia y la Verdad. Por ti rechace la iniquidad”.
-“No herí a hombre alguno, ni hice daño a las bestias”.
-“No cometí delito en el lugar de la Justicia y la Verdad”.
-“No conocí mal: No actué perversamente”.
-“Cada día trabajé más de lo que se me pedía”.
-“Mi nombre no llegó a la barca del príncipe”.
-“No desprecié a Dios”.
-“No causé aflicción, ni ejercí aflicción”.
-“No hice lo que Dios abomina”.
-“No hice que su amo obrara mal con su siervo”.
-“A nadie le hice sentir dolor”.
-“A ningún hombre hice llorar”.
-“No cometí homicidio; ni jamás ordene a nadie que matara por mí”.
-“No perjudique a la gente”.
-“No hurte lo ofrendado en los templos; ni robé las tortas de los dioses”.
-“No me llevé las ofrendas efectuadas a los bienaventurados difuntos”.
-“No forniqué, ni mancillé mi cuerpo”.
-“Ni acrecenté, ni disminuí las ofrendas debidas”.
-“No robé de los huertos; ni pisoteé los campos”.
-“No hice agregados al peso de la balanza; ni aligeré el peso de los platillos”.
-“No quité la leche de la boca del infante”.
-“No aparté el ganado de sus apacentaderos”.
-“No tendí trampas al ave acuática de los dioses”.
-“No pesqué peces con carnada de sus propios cuerpos”.
-“No hice regresar el agua en su marea alta”
-“No interrumpí el cauce del agua corriente”.
-“No extinguí la llama en su plenitud”.
-“No descuidé las estaciones para las ofrendas asignadas”.
-“No alejé el ganado separado para el sacrificio”.
-“No impedí las procesiones del dios.
Soy puro. Soy Puro” 
-“No tendrás otros dioses delante de mí”.
-“No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las aguas”.
-“No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto; porque yo soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si me aman y cumplen mis mandamientos”.
-“No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano”.
-“ Acuérdate del séptimo día para santificarlo”. –“ Durante seis días trabajarás y harás todas tus tareas; pero el séptimo es día de descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades. Porque en seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el sábado y lo declaró santo. 
-“Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida en la tierra que el Señor, tu Dios, te da”.
-“No matarás ”.
-“No cometerás adulterio”.
-“No robarás ”.
-“No darás falso testimonio contra tu prójimo”. –“No codiciarás la casa de tu prójimo: no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni ninguna otra cosa que le pertenezca.
Aunque aparezcan semejanzas con el Libro Egipcio de los Muertos, el decálogo israelita también está empañado de otros mandatos divinos no egipcios procedentes de Ebla, Ugarit y Canaán. Asimismo el decálogo contiene preceptos similares al código de Hammurabi que junto con tradiciones locales cananeas pudieron dar una primera forma a los Diez Mandamientos. Los eruditos bíblicos sostienen que las primeras fórmulas primitivas del decálogo (s.X-VIII a.C.) eran simples negativas (no matarás, no robarás, etc.), es decir, manifiestan además de prohibiciones, una distinción entre lo bueno y lo malo a los ojos de Dios, algo similar a las confesiones negativas que aparecen en el Libro Egipcio de los Muertos. (visto en clase)
Atraves de la Biblia la Palabra de Dios podemos ver como el de su propio dedo entrego el decálogo divino a su siervo Moisés, no puedo concebir la idea de como, que si bien es cierto fue instruido como un egipcio y de la realeza, pues no podemos dudar también que este hombre al darse cuenta de que no era de la raza egipcia sino hebrea y al darse cuenta que los egipcios tenían oprimidos a su pueblo, como un pueblo (Egipto) que era enseñado por sus mandamientos a “No herí a hombre alguno, ni hice daño a las bestias”., “A nadie le hice sentir dolor”.“A ningún hombre hice llorar”., ahora tenia oprimido a un pueblo.
Ahora bien si tomamos de la Biblia el sexto mandamiento de: "No Mataras" mas que una prohibición o una negativa , concierne a nuestra propia vida y a la del prójimo :No Cometerás Homicidio, es decir no harás nada injurioso o perjudicial a la salud, libertad y vida de manera injusta, a tu propio cuerpo o al de cualquier otra persona.
Entonces podemos concluir que mas que prohibiciones o negaciones son reglas o directrices de vida para estar en paz con nuestros prójimos, y que si bien era cierto que lo egipcios en sus libros escribían esta serie de enseñanza no podemos dejar a un lado que cuando sus corazones se ven pesados en balanza, atraves de los conjuros podían engañar al que los pesaba, pero no era un acto de arrepentimiento ni un acto de integridad a su vida terrena.


12.22.2012

DIOSA ESCORPIÓN




“Soy Serket, señora del cielo, soberana de todos los dioses. He venido ante ti, la esposa del gran rey, señora de las dos tierras, soberana del alto y bajo Egipto, Nefertari, amada por Mut, justificada ante Osiris, quien reside en Abidos, y te he concedido un lugar en la tierra sagrada, para que, como Ra, puedas aparecer gloriosamente en el cielo”. (Inscripción en la tumba de Nefertari) 
La benéfica diosa Serket era hija de Ra, a veces representada como esposa de Horus y madre de Horajty. Su imagen habitual es la de una mujer que lleva sobre la cabeza un escorpióncon la cola levantada, siempre dispuesto a picar, pero en alguna ocasión se invirtió su aspecto, convirtiéndose en un escorpión con cabeza de mujer. En un papiro de la dinastía XXI aparece armada de cuchillos, con cabeza de leona y otra de cocodrilo protegiendo la nuca. 
Curiosamente, en un principio esta divinidad estaba asociada con el escorpión de agua, un insecto heteróptero que no guarda relación con el terrestre. Fue solo a partir de ladinastía XIX cuando pasó a representar al verdadero escorpión. La más peligrosa de estas especies es capaz de matar, y de ahí la importancia de la diosa, a la que se invocaba para evitar las picaduras venenosas y sobrevivir a ellas. 


Cuando Seth amenazó a la diosa Isis, ella le envió siete escorpiones para protegerla. Además se muestra comoenemiga del demonio-serpiente Apofis, que trata de interrumpir el recorrido de la barca solar que transporta a Ra, para que no pueda alcanzar el nuevo día. Por extensión, se consideraba que Serket tenía poder sobre todas las serpientes, reptiles y animales venenosos. Según los Textos de la Pirámide, era la madre de Nehebkau, el dios serpiente que protegía al faraón contra las mordeduras de estos reptiles. 

La mención más antigua de Serket se remonta a una estela funeraria encontrada en una tumba de la primera dinastía en Saqqara. También aparece mencionada en algunas invocaciones de los Textos de las Pirámides, el conjunto de textos religiosos más antiguos, grabados en las paredes de las pirámides a partir de la V dinastía. En ellos a veces se le da el nombre de “Señora de la Hermosa Casa”, una alusión a su papel en el proceso de momificación. Selkis había ayudado a Isis a cumplimentar las exequias de su esposo Osiris. Por extensión, también prestaba apoyo en los funerales de los hombres, y de ahí su papel en los ritos funerarios en compañía de Isis, Neftis (la oscuridad, la noche y la muerte) y Neith. Juntas, eran las "cuatro plañideras divinas". 
Al observar cómo la hembra del escorpión transportaba durante un tiempo las crías sobre su espalda, los egipcios vincularon a la diosa con a la madre del difunto, que amamanta a los muertos y les proporciona el alimento con el que vivir eternamente. 
Serket se convirtió así en una diosa protectora ligada tanto a los vivos como a los muertos. Invocada durante la ceremonia del embasalmamiento, su misión era proteger a Qebehsenuef, que a su vez guarda los intestinos de los difuntos depositados en vasos canopos. 


“Soy Qebehsenuef, Oh Osiris Ani, triunfante. He venido para protegerte. He recogido tus huesos y he reunido tus miembros. He traído tu corazón y lo he colocado en su trono dentro de tu cuerpo. He hecho florecer tu casa para ti, Oh tú que vives para siempre”.


Howard Carter encontró una estatua dorada de la divinidad, especialmente hermosa, en la que es representada con los brazos extendidos en ademán protector en torno al cofre que contiene los vasos canopos de Tutankamón. La figura se encuentra hoy en el museo de El Cairo y, aunque se ha sugerido que podría haber sido moldeada a imagen y semejanza de Anjesenamón, esposa del faraón, no existe ninguna prueba de ello. 
En la tumba de la reina Nefertari, esposa de Ramsés el Grande, hay una hermosa pintura de Selket con un vestido rojo ajustado y largo hasta el tobillo. En la mano derecha sujeta un ankh, el símbolo de la vida, y en la izquierda sostiene el cetro, símbolo de dominio, bienestar y prosperidad. 



“Los dientes de Osiris Ani, cuya palabra es la verdad, son los dientes de Serket” (El Libro de los Muertos).


Símbolo del calor del sol, representa la sexualidad femenina y es protectora de los matrimonios, la maternidad y la felicidad conyugal. Aparece también representada asistiendo a los nacimientos de dioses y faraones, como es el caso de Hatshepsut y Amenofis III, en compañía de la vieja diosa guerrera Neith. Como diosa de la fertilidad, era una de las divinidades que guardaban las fuentes del Nilo y velaba para que las crecidas se produjeran oportunamente. Por eso recibía el nombre de Señora de la Vida.
También se la llamaba “la que da el aliento de vida”, o “la que facilita la respiración en la garganta”, porque, además de evitar la muerte por asfixia producida por la picadura del escorpión, es, por extensión, la que hace que el niño respire al nacer, y que el difunto lo haga en la otra vida.Por eso se la asociaba al oeste, punto cardinal que significa la muerte y el renacer. 
Aunque generalmente considerada una divinidad protectora, tenía también su lado oscuro: así como podía proteger a los justos contra las picaduras, también podía dejar morir a los malvados; su cólera era temible, y su furia vengadora enviaba serpientes y escorpiones contra aquellos que hubieran incurrido en su desagrado. Como encargada de castigar los crímenes, también se relacionó con la justicia. 


La fiesta se Serket se celebraba en el mes de Joiak, que según el cómputo moderno se extendía entre el 26 de noviembre y el 26 de diciembre de cada año. Originalmente la diosa fue adorada en el Delta, pero su popularidad se extendió y se le rindió culto en todo el país. No se han hallado templos dedicados específicamente a ella, pero sí contaba con un elevado número de sacerdotes a los que ella transmitía sus conocimientos médicos. Estos sacerdotes se ocupaban de modo muy especial de los casos de mordeduras y picaduras de reptiles e insectos mediante una combinación de medicina y sortilegios. 

A menudo se utilizaban amuletos con forma de escorpiónque se colocaban en torno al cuello de un paciente que había sufrido una picadura mientras se pronunciaban las palabras rituales. Los niños llevaban unos anillos con un escorpión para protegerlos contra estos peligros. Los conjuros invocando la protección de esos animales se colocaban a la entrada de los templos y en placas dentro de los hogares además de en los amuletos. También había pendientes de escorpión que se elaboraban a base de diversos materiales.


OSIRIS



Osiris es el dios bueno de la mitología egipcia, el que muestra a los humanos las plantas que pueden servirles de alimento, les revela las artes de elaborar el vino y la cerveza y les enseña a aprovechar las riquezas del subsuelo. 
De Isis, hermana y esposa de Osiris, aprenden los hombres a cultivar la tierra y a amasar el pan. Ambos constituyen los dioses civilizadores gracias a los cuales los mortales son capaces de templar las armas, forjar instrumentos de trabajo y fundir y tallar estatuas. Con ellos el ser humano se convierte en un ser con ética y moral y con unas normas de convivencia. 
Cuando Osiris hubo iniciado a los egipcios en el conocimiento, confió a Isis el gobierno de aquellas tierras y partió hacia otras al frente de un ejército con la misión de completar su tarea civilizadora. A su regreso, su hermano Seth tramó una conjura contra él, un plan que debía llevar a cabo durante el espléndido banquete de bienvenida que le ofreció junto con 72 cómplices. Éste es el relato del episodio que nos hace Plutarco en su obra De Isis y Osiris: 
“Habiéndose enterado en secreto de la longitud exacta del cuerpo de Osiris, Tifón (Seth) mandó construir un cofre muy ricamente ornado que fue trasladado a la sala del festín. Todos los invitados lo contemplaron con admiración y entonces Seth prometió, como por juego, que lo regalaría a quien tuviese las medidas más acordes con la caja. Todos probaron, pero nadie encajaba debidamente en las medidas. Finalmente Osiris se tendió en el interior de la caja. En aquel momento los conjurados se abalanzaron sobre el cofre y cerraron la cubierta soldando los bordes con plomo fundido. Una vez hecho esto, lo trasladaron al río…” 


Isis, al enterarse de la desgracia, se sumió en profundo duelo. Llorosa y desconsolada, buscó el cofre por todas partes hasta que los cielos le indicaron que, arrastrado por las aguas, había llegado a Biblos, la ciudad de Adonis. El cofre había quedado varado en aquellas costas, entre unos arbustos. 
Allí mismo brotó un gran árbol, en el interior de cuyo tronco se hallaba contenida la caja de Osiris. Pero Melcandro, rey de aquellas tierras, al descubrir un árbol tan hermoso ordenó que lo cortasen con el propósito de hacer con él una columna para el palacio que estaba construyendo. 
Mientras tanto Isis iniciaba su peregrinaje hacia Biblos para recuperar el cuerpo de su esposo y trasladarlo hasta Egipto. La diosa, tras revelar su condición de tal, logró que le entregaran el cofre de Osiris, mas todo en vano: el diabólico Seth se le había adelantado, apoderándose del cadáver para descuartizarlo y desperdigar sus pedazos. 
Isis debe entonces ir recogiendo las distintas partes del cuerpo de Osiris para volver a otorgarles la debida unidad. Según una versión, a medida que iba encontrando los despojos los enterraba en el mismo lugar. Otra dice que tomó cada una de las 14 porciones en las que fuera fragmentado, configurando, a partir de cada una de ellas y en los distintos lugares, una imagen completa de Osiris con barro y granos de cebada, que los sacerdotes del lugar habrían de tomar posteriormente por el cuerpo completo del dios. 


Lamentablemente hubo una parte de Osiris que Isis no pudo conseguir: los genitales habían caído al Nilo, y el pez oxirrinco los devoró. La diosa se vio entonces obligada a configurar un pene artificial con tallos vegetales y, tras colocarlo convenientemente, se acopló a él para concebir un hijo: el pequeño Horus. 
El joven Horus resucitó a su padre valiéndose de recursos mágicos y libró muchas batallas contra Seth. Al fin, después de perder un ojo, lo venció y lo mató, aunque según otras versiones Seth fue castrado. 
En adelante Osiris sería el regente del reino de los muertos, desde donde aseguraba la prosperidad del reino gobernado por Horus. 


Los egipcios creían que Osiris era enterrado cada vez que se hundía una simiente en la tierra, y que renacía al aparecer los primeros brotes. Festejaban el triunfo de Horus sobre Seth, de la vida sobre la muerte, del bien sobre el mal. No sólo el faraón, sino también el hombre común llegaría a identificarse con Osiris.



12.18.2012

NEBAMUN





En las desiertas colinas del lado Oeste del Nilo, cerca del Valle de los Reyes y a cuatro km de distancia del Templo de Amón en Tebas, había un nutrido complejo de tumbas pertenecientes a dignatarios y altos funcionarios de la corte faraónica. Entre todas ellas destacaba la tumba de Nebamun por la exquisitez y suntuosidad con que fueron pintados todos sus muros. La tumba hoy está desaparecida pero los frescos fueron adquiridos por los ingleses en la década de 1820 y hoy se conservan fragmentados en la sala 61 del British Museum.
Datada hacia el 1350 a. C., la tumba no sólo cumplía la función de enterramiento de Nebamun y su esposa, sino que servía también como capilla funeraria, que permanecía abierta para que familiares y amigos pudieran entrar a celebrar las fiestas y ceremonias conmemorativas establecidas en su honor. Nebamun era un contable del Templo de Amón en Tebas, que alcanzó cierta notoriedad en vida, lo que le permitió procurarse un sepulcro suficientemente digno para disfrutar de su vida en el Más Allá.
Los maravillosos frescos de su tumba muestran una visión idealizada del paraíso egipcio, y de cómo Nebamun quería que se le recordase, rico, sano y poderoso. La cámara principal estaba presidida por una pequeña estatua sedente del difunto y de su esposa, colocada en una hornacina de la pared del fondo. Las pinturas que había en esta cámara representan por un lado a Nebamun cazando y pescando en el Nilo, y por otro un jardín paradisiaco. Este jardín de ultratumba es igual que los jardines de los palacios nobles de la Dinastía XVIII, correspondiente a la época histórica en la que vivió Nebamun. En el centro hay un estanque plagado de peces y pájaros, y alrededor del mismo una gran cantidad de flores, arbustos e hileras de árboles frutales, como palmeras y sicomoros. En la esquina superior derecha, la diosa Nut ofrece higos de sicomoro y jarras de vino o cerveza a Nebamun, cuya figura falta en ese fragmento por haber sido destruida. A la izquierda, unos jeroglíficos le nombran como dueño del jardín.


Las escenas que decoraban los muros de la antecámara trataban temas más prosaicos. Subsisten fragmentos con grupos de animales ordenados para el recuento y otras actividades administrativas relacionadas con la profesión de Nebamun. Aunque las partes más bellas son las que representan diversos momentos de un fastuoso banquete en honor del difunto, y que ocupaban una pared entera de la antecámara. Allí se ven a familiares y amigos de Nebamun, servidos por criadas desnudas y camareros. Los matrimonios se sientan en parejas en el friso superior, y las muchachas solteras se giran para hablar unas con otras en el friso inferior. Todos están ricamente vestidos y son agasajados por músicos y danzantes durante la comida.
De entre todas las figuras merece destacar las bailarinas desnudas y las instrumentistas. Las bailarinas constituyen un tema erótico incluido para disfrute de Nebamun en el más allá. Las instrumentistas se sientan en el suelo, dan palmas y tocan una flauta doble para amenizar el banquete. Este grupo forma una de las pinturas más conocidas de la Historia del Arte universal. Sobresalen sin duda las dos últimas muchachas por estar representadas de frente y no de perfil, como era lo habitual en la pintura egipcia. La canción que cantan en honor de Nebamun está escrita en jeroglífico encima de las figuras, y dice así:
«La diosa Tierra ha creado su belleza
Para que crezca en cada uno de nosotros.
Los canales están llenos de agua otra vez
Y la tierra está inundada de su amor por él.»



La decoración de la tumba de Nebamun es un claro ejemplo de la importancia que los antiguos egipcios concedían al tema de la muerte y a la vida de ultratumba, de acuerdo con sus creencias religiosas. Ambos eran motivo de preocupación durante toda la vida terrena, hasta el punto de considerar esta última como un simple tránsito hacia la eternidad. Entre las clases privilegiadas, esto se traducía en la meditada voluntad de construir y preparar adecuadamente un sepulcro que resultase espléndido para disfrutar adecuadamente del Más Allá. Como consecuencia de ello, el arte fue utilizado como una poderosa herramienta de representación de tales deseos. Por medio de pinturas y jeroglíficos bellamente trabajados, se describían las mejores virtudes del difunto y se rendía culto a los dioses, justificando el derecho a la eternidad y procurando el favor necesario para ingresar en el paraíso. Eso pretendió Nebamun al sufragar la rica ornamentación de su sepulcro.


11.24.2012

NEFERTARI

Nefertari, cuyo nombre significa «la más bella entre las bellas», fue la Gran Esposa Real del faraón Ramsés II. De origen noble y posiblemente emparentada con los últimos reyes de la Dinastía XVIII, jugó un papel muy significativo en la consolidación política de la Dinastía XIX, a la que pertenecía su marido. Según las leyes de sucesión egipcias, era la reina quien transfería la naturaleza divina a sus hijos y herederos. Es por eso que, aunque la poligamia y el concubinato eran habituales, el faraón debía legitimar su poder mediante el matrimonio con una mujer de estirpe real, que transfiriese la divinidad a su descendencia. Pero Nefertari no sólo fue valiosa por su genealogía o porque efectivamente era la preferida de Ramsés. Su carisma y sus dotes personales la permitieron ejercer una considerable influencia religiosa y la convirtieron en una auténtica mujer de Estado, que llegó a intervenir como mediadora en la firma del Tratado de Qadesh, entre Egipto y el Imperio Hitita.

Por todo ello es comprensible que la imagen artística de Nefertari fuese especialmente importante durante el reinado de Ramsés II. A su presencia constante junto al faraón, en pinturas y esculturas, se debe añadir el templo dedicado a ella en Abu-Simbel y su propia tumba, localizada en el Valle de las Reinas, en Tebas.
La tumba subterránea de Nefertari está fechada hacia el 1250 a. C. Su estructura es una de las más complejas de su entorno. Consta de un pasillo de acceso, una antecámara ampliada con una pequeña saleta lateral, un segundo pasillo y la cámara funeraria propiamente dicha, sostenida por cuatro pilares y rodeada por dos saletas a los lados y un camarín en posición axial. Los relieves y pinturas que decoran completamente los muros se encuentran entre los más bellos del Imperio Nuevo, destacando por la calidad de sus jeroglíficos y por los fantásticos detalles de los vestidos, los adornos y los rostros de los personajes. El programa iconográfico se centra en el camino que debe recorrer la reina para alcanzar la vida eterna en el más allá. Así, Nefertari aparece rindiendo culto a los dioses o siendo conducida hasta el tribunal de los muertos, para finalizar resucitada y glorificada en las pinturas de la cámara funeraria.



De todas las imágenes de la tumba sin duda una de las más curiosas es ésta que representa a la reina jugando al senet. Desde el período Protodinástico, el senet fue seguramente uno de los pasatiempos más populares en el Antiguo Egipto, de la misma forma que el Juego Real de Ur lo era en Mesopotamia. De hecho ambos juegos se parecen mucho. En el senet, dos contrincantes tenían como objetivo hacer avanzar cinco fichas cada uno a lo largo de un tablero rectangular dividido en treinta casillas. Las casillas se disponían en tres filas paralelas de diez y algunas de ellas tenían propiedades especiales, marcadas con símbolos o jeroglíficos. La ficha que cayera en una de esas casillas tenía que retroceder o necesitar de una tirada extra para seguir avanzando, según el caso. Las fichas de cada contrincante eran diferentes: blancas y cónicas las de uno, negras y cilíndricas las del otro. Para contar se utilizaban cuatro bastoncillos que hacían las veces de dados. Estos bastoncillos estaban sin decorar por una cara mientras que por la otra tenían grabados dibujos. Cada jugador lanzaba los bastoncillos y contaba el número de casillas que podía avanzar según cayeran formando una u otra combinación. La dinámica del juego permitía que un jugador capturase las fichas del contrario, que se formasen barreras para impedir el paso o que hubiera que desandar el camino recorrido.

Ahora bien ¿qué sentido tiene la representación de un juego en un contexto funerario como el de la tumba de Nefertari? Según los egiptólogos, además de su naturaleza lúdica, parece que el senet tenía también un significado religioso. El desplazamiento de las fichas sobre el tablero era comparado con el itinerario que debía recorrer el difunto a través del inframundo para llegar al más allá. Por consiguiente, jugar una partida de senetcontra el destino formaba parte de los rituales requeridos antes de pasar a la vida eterna. Nefertari aparece entonces jugando contra un oponente invisible al que tiene derrotar para hacerse merecedora de la resurrección.

La escena nos da algunas pistas interesantes al respecto. El marco forma una especie de tabernáculo que sugiere la forma del lugar donde se desarrolla la acción, la propia tumba de Nefertari. Pero la reina aparece con el vestido abierto y desceñido, mostrando parcialmente su bello cuerpo desnudo, significando con ello que no está muerta ni momificada sino viva. Más aún, está ricamente adornada con un brazalete y pendientes de oro, lleva un flagelo en la mano derecha, está sentada sobre un trono y se la ve coronada con el tocado de Nekhbet, la diosa-buitre guardiana de las madres y de las niñas que se convierten en diosas del Alto Egipto. Tanto los atributos como el trasfondo iconológico de la escena refuerzan el papel de Nefertari como reina divinizada, honrando tanto su importancia política como su inminente renacimiento en el más allá. La victoria sobre el juego de la vida y de la muerte parece segura. 

MÁS INFORMACIÓN:


11.21.2012

ISIS

 - De Egipto -

El triunfo de Isis


En la Edad del Bronce el alto Egipto estuvo representado por una diosa con forma de buitre llamadaNejbet. El Bajo Egipto y el Delta del Nilo tenían a la diosa serpiente cobra Uadyet o Wadjet (llamada por los griegos Uto o Buto). En el origen Isis era la deidad protectora de una pequeña ciudad del delta: Per-Uadyet, la “casa de la cobra”, o Buto. Asimiló la identidad de Uto y, una vez unidos los reinos del Alto y Bajo Egipto, también asumió la identidad de Nejbet. Debido a que las ciudades del antiguo Egipto contaban con su propia cosmología, Isis es simultáneamente descrita como madre del universo o como una de los cuatro hijos del diosGeb (Tierra) y del dios Nut (Cielo), lo que se explica por la diversidad de estas narraciones. A Isis se le representa como una diosa muy solidaria, vulnerable y con múltiples cualidades humanas. Una leyenda la describe como una sierva que conquistó el poder divino después de tenderle una trampa al dios solar Ra para que le revelase su nombre secreto. A la larga asimiló a las restantes diosas egipcias.

Nejbet. Templo de Deir el Bahari

El Bajo Egipto y el Delta del Nilo tenían a la diosa serpiente cobra Uadyet o Wadjet (llamada por los griegos Uto o Buto).

Sin embargo, desde muy temprano el jeroglífico del nombre de Isis es un trono y a menudo se la representaba con este sobre la cabeza. Los faraones se autodenominaban hijos de Isis y consideraban que el regazo de la diosa era el trono real y que de su pecho manaba el néctar que confería el derecho divino a gobernar.


Alejandro Magno conquistó Egipto en 332 a.C. y a su muerte el general macedonio Tolomeo se declaró su gobernante, instaurando el culto a Serapis. Isis se convirtió en madre y amante de Serapis, lo que contribuyó a difundir su culto por Grecia. El culto a Isis llegó a Roma en 80 a.C. y su culto perduró hasta el siglo VI d.C. fecha en que su santuario en Fílae se convirtió en una iglesia cristiana. Asimilada por la Virgen Maria, el mundo cristiano siguió venerando muchos de sus atributos


Templo de Fílae (Egipto)

Fue adorada desde el 3000 a.C. hasta el siglo II d.C. bajo el aspecto de la virgen María. Llegó a Grecia en el siglo III a.C., extendiéndose por el imperio romano, llegando a las fronteras del Rin y del Danubio.


Sus epifanías, debido a lo extenso de su culto, son múltiples: diosa vaca que da leche; diosa de las serpientes, como símbolo de las aguas primigenias; diosa estrella Siria, que traía las inundaciones del Nilo; la fértil diosa cerdo; la diosa pájaro; la diosa del inframundo; la diosa del árbol de la vida; la madre de Horus...



Isis, con el tocado del disco solar entre cuernos de vaca, sostiene el sistro de la regeneración ante Osiris como rey (XIX dinastía, c. 1300 a.C. Templo de Seti I, Abidos). Isis proveniente de la Villa Adriana en Tivoli.

Cosmogonía egipcia 

Había dos centros principales de doctrina religiosa, uno en Menfis, con el dios Ptha que creó el mundo mediante la palabra. El otro en Heliópolis (la ciudad del sol) con la siguiente doctrina: Atum (su manifestación visible es Ra, el sol) era la tierra emergida y la luz, que engendró a Shu (el principio masculino, el aire, la vida, el espacio y la luz) y a Tefnut (el principio femenino, la humedad, el orden), quien da a luz a Nut (el cielo) y aGeb (la tierra). Shu eleva entonces a su hija Nut (cielo) alejándola de su hermano Geb, y sujetándola a fin de que pueda dar a luz las estrellas.

Isis era la hija de Nut, diosa del cielo y Geb, dios de la tierra. Formaba parte de la cuarta generación de dioses surgidos de las informes aguas. Al principio todo era agua y el nombre de las aguas era Num. De las aguas primordiales del gran abismo comenzó a alzarse una colina llamada Atum, el “completo”. Esto mismo se reproducía cada día al nacer el sol del abismo primordial de la noche, y cada año al resurgir la tierra de entre las aguas de la inundación del Nilo.

Al principio, cuando la gran inundación comenzó a retirarse, pequeñas colinas de lodo se alzaban del agua oscura, haciéndose más y más altas. De ellas comenzaban a brotar las plantas, los insectos se arrastraban y volaban sobre su superficie, aves y animales se posaban y andaban sobre ellas y los humanos podían encontrar un lugar donde estar de pie o sentarse. Así, toda la vida provenía de las ricas y vivas aguas pardas del Nilo, como había sucedido en el principio.

Cada año el Nilo muere y renace, y todo Egipto con él. A mediados de junio viene la sequía. Entre julio y octubre se produce la crecida del río y la inundación de los terrenos aledaños. En otoño la inundación retrocede y los campos fertilizados están listos para la siembre de noviembre. El Nilo fluye de sur a norte a lo largo de una estrecha y fértil franja de tierra negra. A ambos lados está el desierto, con pretensiones de invadir territorios cultivados. El contraste entre la vida y la muerte era omnipresente.

La historia de Isis y Osiris.

Nut y Geb engendraron a los hermanos de Isis, fruto de sus relaciones incestuosas. El primero en nacer fueOsiris, el segundo día nació Arveris (llamado el Horus el Viejo); al tercer día Set se abrió paso por el costado de su madre y salió de un salto; el cuarto día nació Isis y, al quinto dia Neftis. Junto con sus padres, sus abuelos y Atum forman la denominada enéada, es decir, los nueve dioses y diosas del panteón egipcio.


NUM
(Aguas Primordiales)
ATUM
(Montaña Primordial, sol)
SHU ♂ TEFNUT ♀
(Aire, luz) (Humedad, orden)
NUT ♀ GEB ♂
(Cielo) (Tierra)

OSIRIS, ARVESIS, SET, ISIS, NEFTIS





Osiris se convirtió en el primer rey de Egipto y el creador de la civilización, con el descubrimiento de la agricultura, la justicia, etc. Isis y Osiris se amaban desde el útero y sólo se separaron cuando Set le tendió una trampa a Osiris. Su hermano Set tenía envidia de su fama; así que construyó un arcón del tamaño de su hermano –que era muy grande- y una noche en palacio, durante los festejos, hizo que se trajera a la sala el cofre ricamente decorado y prometió dárselo a quien encajase en él perfectamente. Cuando Osiris se tendió en su interior, al punto surgieron setenta y dos conspiradores que clavaron la tapa del arcón, lo sellaron con plomo fundido y lo arrojaron al Nilo. Desde ahí flotó hasta el mar.


El intento de Set de apoderarse del reino de su hermano originó el típico descenso al mundo de los muertos. Dada su condición de madre divina, la ausencia de Isis produjo un periodo de esterilidad.



Io (a la izquierda, con cuernos, también llamada Canopus) recibe la bienvenida en Egipto de manos de Isis (sentada, sosteniendo una serpiente y con un cocodrilo a sus pies). Io es transportada por un dios del río (Nilo) desde su lugar de llegada en Alejandría, para que la diosa Isis le dé otra vez aspecto humano, pues Hera la había convertido en una vaca. Fresco romano del templo de Isis en Pompeya. Museo Archeologico Nazionale di Napoli (inv. n º 9558.). Da Pompeya , Tempio di Iside, Ekklesiasterion
Isis, afligida, se cortó el pelo y vistió ropas de duelo y lo buscó por todas partes y al fin descubrió que el arcón había llegado hasta la costa de Biblos, en Fenicia, donde lo detuvo las ramas de un árbol ericáceo (brezos), que rápidamente creció a su alrededor rodeándolo por todos lados, de modo que quedaba oculto por completo en su interior. Al rey y la reina del lugar les pareció un árbol tan hermoso que lo talaron y lo convirtieron en una columna del palacio. Isis llegó a Biblos disfrazada y la reina Astarté la hizo nodriza de su hijo. La gran diosa dio de mamar al niño de su pulgar y no de su pecho, y por la noche lo colocó en un fuego para quemar todo lo que en él fuera mortal. Pero sucedió que una noche la reina Astarté, al ver a su pequeño hijo yaciendo entre las llamas, gritó de forma espantosa y en ese preciso instante despojó a su hijo para siempre del tesoro de la vida inmortal. Isis entonces reveló su auténtica naturaleza y pidió que se le entregase la columna que sujetaba el techo. Tras cortar la madera del árbol sacó a la luz el sarcófago de Osiris. Cuando Isis lo vio, se abalanzó sobre él con un alarido tan intenso que el más pequeño de los hijos de la reina murió de miedo.


Finalmente regresó Osiris a Egipto, con lo cual representó el retorno del dios que muere, tema compartido por muchos otros descensos a los infiernos.

Isis regresó a Egipto con el baúl y con el hijo mayor de los reyes de Biblos. Cuando llegó a un lugar desértico, abrió el cofre, recostando su rostro sobre el de su hermano, lo besó y lloró. Pero al apercibirse de la presencia del niño que la observaba, le lanzó una mirada de tal gravedad que el pequeño murió de miedo al instante. Isis adoptó la forma de pájaro y sus alas dieron vida a Osiris, que se masturbó para fecundarla con su semen. Concibió a su hijo Horus y luego escondió el cofre que contenía el cuerpo de Osiris en los lejanos pantanos del delta, y se dirigió a Buto para cuidar de su hijo Horus. 



Osiris en el árbol ericáceo, con Isis y Neftis (bajorrelieve c. siglo I a.C. Dendera)

Isis copulando con Osiris

Osiris itifálico, debajo de Geb


Una noche Set estaba cazando jabalíes salvajes a la luz de la luna llena cuando descubrió el cofre entre los juncos. Despedazó el cuerpo en catorce trozos (que simbolizan las catorce divisiones del año egipcio) y los diseminó por todo el país, arrojando el falo de Osiris al Nilo. Este acto de esparcir el cuerpo de Osiris mitológicamente explica la sucesión de las estaciones.

Isis buscó de nuevo a su marido, ayudadaza por su hermana Neftis (esposa del malvado Set) y su hijo Anubis, que tenía cabeza de chacal. Anubis había sido engendrado por Osiris, quien durante una noche muy oscura confundió a Neftis con Isis. Hay quien dice que ésta es la razón por la que Set odiaba tanto a Osiris. El pequeño Horus, con cabeza de halcón, ya tenía edad suficiente para ayudar también, y se les unió Thot, el dios de la luna, que tenía cabeza de ibis, y podía tomar la forma de un babuino. Juntos encontraron todas las partes de Osiris excepto el miembro genital, que había sido engullido por un pez. Unos dicen que Isis enterró todos los trozos; otros afirman que hizo con ellos una momia, abanicó el cuerpo del muerto con sus alas y Osiris revivió para convertirse en el señor de la eternidad, lo que simbólicamente significa que volvió a convertirse en su madre.


Isis en forma de milano concibiendo a Horus (XIX dinastía, c. 1300 a.C. Templo de Seti I, Abidos) El jeroglífico del nombre de la diosa –el trono aparece escrito ante la cabeza del ave.


Ahora Osiris ocupa el trono del inframundo, donde juzga las almas de los muertos. La historia continúa cuado Horus alcanza la mayoría de edad y venga la muerte de su padre, en los relatos conocidos como las “luchas entre Horus y Set”, en las que el primero desafía la supremacía de Set.
Isis defendió a su hijo ante un tribunal divino y ganó, pero Set no quedó satisfecho con el resultado y prosiguió la lucha donde se dice que el primero perdió su ojo izquierdo, pero Thot se lo curó. Set perdió un testículo. Sus batallas tuvieron lugar a lo largo de tres días y tres noches, la imagen de la gestación durante el periodo oscuro de la luna. Al final de la disputa Set y Horus se sodomizaron mutuamente por la fuerza.


Podemos considerar este ataque sexual como otra forma de incesto divino que pretende unificar violentamente fuerzas opuestas. La antítesis de Osiris (que representa el orden y la fertilidad del Nilo) no era su esposa y hermana Isis, sino su hermano Set (símbolo del caos y la sequía del desierto). Por lo tanto el incesto de Isis y Osiris no pretende una unificación de contrarios, sería más bien una unión política que garantizó el derecho divino de gobernar a sus hijos. El objetivo cósmico del incesto divino –la unificación de los contrarios absolutos- sólo era posible mediante la relación incestuosa de Osiris-Horus y Set (Osiris como sol que muere y Horus como sol renaciente).

Después de la sodomización mutua de los dioses, Isis retiró de Horus el semen de Set e introdujo en éste el semen de aquel, de modo que cuando Set declaró que había humillado y mancillado a Horus mediante la violación anal, los dioses descubrieron que era a la inversa y el derrotado Set se vio obligado a servir a Horus. De esta manera, en la disputa por la herencia venció Horus, que fue coronado rey. Sin embargo, Horus había encadenado a Set y se lo había entregado a Isis para que le diera muerte, pero la diosa lo liberó. Horus, enfurecido con su madre, le cortó la cabeza, pero Thot la sustituyó por la de una vaca. Viajó al inframundo para transmitir las novedades a Osiris y para despertarlo. Le dio como obsequio el ojo que le habían arrancado en la contienda, lo cual devolvió a Osiris la vida eterna. Dicho ojo pasó a ser conocido como el ojo “wedjat”, el ojo de la eternidad.

Wedjat

El hecho de que en todo Egipto no hubiera un texto completo de la historia de Isis y Osiris nos confirma que se trataba de un relato oral conocido por todos los egipcios. Originalmente era un mito de tradición oral, como lo fueron en sus orígenes la “Iliada” y la “Odisea”. El drama de la muerte y renacimiento de Osiris se escenificaba cada año en las representaciones teatrales históricas de Abidos, por lo que la historia pudo haber sido transmitida, como un arte o habilidad, de generación en generación.


Es un mito de la realidad invisible que subyace y hace inteligibles las obras de la naturaleza. Es un mito de la inmanencia, que muestra como los dioses egipcios se manifestaban en la creación De este modo, las dimensiones múltiples del mundo fenoménico se ponían en relación con el sentimiento humano de la existencia de un lazo místico de unión entre la humanidad y la naturaleza. Osiris cobra vida con la crecida del Nilo, el cereal que germina, la luna creciente, y en todo lo que es afirmativo en la naturaleza y en los seres humanos, y muerte cuando ocurre lo contrario. 



Osiris como presencia guardiana de la eternidad, sujetando el cayado y el mayal, aparece junto a dos ojoswedjat de Horus (XX dinastía, c. 1190-1085 a.C. Tumba de Sennejem, Deir el Medina, Tebas)


La crecida de Nilo también se veía como las lágrimas de Isis por la pérdida de Osiris (Ver Pausanias en “La Fócide”). La diosa Isis se manifestaba como la estrella Sothis (Sirio), también llamada la estrella del Perro, cuyo orto por el horizonte oriental devolvía a Osiris a la vida y desataba la inundación.



El orto helíaco de Sirio. Mediada la Primavera Sirius reaparecía centelleando muy poco antes del amanecer en dirección Este (izquierda). El Sol, bajo el horizonte, y la estrella, rasante. A medida que el Sol se eleva y se aproxima el amanecer su luz va extinguiendo la de Sirio, que rápidamente desaparece (derecha).

En el mito Isis siempre está buscando a Osiris, encontrándolo y despertándolo de su sueño. El “hallazgo” de Osiris (en Grecia será el “hallazgo de Coré” de los Misterios Eleusinos) ocupa el lugar central de los rituales que celebran la crecida del Nilo.

Es necesario marcar la diferencia entre Osiris y Min (dios de la cosecha), cuyo don era la vitalidad del crecimiento. El don de Osiris era la reanimación o resurrección. Osiris es el misterio lunar, el devenir cíclico, en el que la oscuridad precede al resurgir de la luz. Min es el misterio solar, la fuerza vital que está o no está presente, representando por un toro blanco o por un hombre itifálico. De manera similar Hapi, el dios del Nilo con pechos femeninos que derrama su agua del Nilo de dos jarras, se identifica a menudo con Osiris.



Dioses Priapo y Min


Dos imágenes del dios Hapi, personificación del rio Nilo

En un poema sobre la indefensión de Osiris muerto, las dos hermanas Isis y Neftis se convierten en un mismo personaje en este himno y juntas contribuyen a su resurrección. Simbólicamente, Isis es la aurora y Neftis el ocaso; Isis es la estrella de la mañana, y Neftis la estrella vespertina. En palabras de Plutarco, Isis es la parte visible del mundo y Neftis la invisible. Juntas constituyen una unidad que complemente la dualidad de Osiris y Set, sus hermanos y esposos. Muchos sarcófagos se pintaban y grababan con imágenes de Isis y Neftis protegiendo al faraón con sus alas desplegadas.

Isis y Neftis en el sepulcro de Ramsés III (XX dinastía, c. 1194-1163 a.C.). Fotografía Gonçal Vicens

Sepulcro de Ramsés III. 

Isis y Osiris son las fuerzas creativas de la vida y juntas son el alma universal del crecimiento. Si él es la inundación del Nilo, ella es la tierra que el Nilo cubre... De la unión de ambos surge Horus, la nueva vida de lo cereales. A Osiris, como fuerza del crecimiento que se manifiesta en el agua, se le llama “la gran cosa verde”; cuando dicha fuerza se manifiesta en la tierra se le llama “la gran cosa negra”, la humedad que engendra el cereal. 


Un sacerdote riega el cuerpo de Osiris del cual está brotando trigo. Bajo el dios aparecen los signos anhk de la vida y el cetro was de la prosperidad divina (bajorrelieve, templo tolemaico de Isis en la isla de File). Osiris como “la gran cosa verde”. Un “hombre verde” actual.

Campos de Ialu o de Osiris

Las fases de la vida del cereal también se consideraban la manifestación del dios del grano que se moría y regresaba a la vida. Así, cuando se segaban las primeras espigas, había llantos y lamentos, como si el cuerpo del dios del cereal estuviese siendo desmembrado. Isis recogía los miembros dispersos de Osiris en un serón de aventar.

La aparición y desaparición de Osiris también está relacionada con las de la luna. Plutarco pone de manifiesto que Osiris vivió “veintiocho” años (período regular en el que coincide la luna llena con el día más corto o más largo del año y se cree que ambos astros se ponen en conjunción) y el desmembramiento de Osiris en catorce partes hace alusión a los días en que el astro se desvanece, desde el plenilunio hasta el novilunio.

Set es el principio opuesto a Osiris, es el antagonista perpetuo. Es la sequía, el calor abrasador, el terremoto, la tormenta, el trueno, la muerte.... Entre los humanos es, en palabras de Plutarco, una truculencia del alma. Es, en suma, cualquier cosa dañina o destructora que amenace con reducir o arrebatar la vida. Sus animales son el burro, el cocodrilo y el hipopótamo. Pero Set no es el mal, en mayúsculas, sino el elemento antagónico del Universo que ha de ser dominado y sometido al buen gobierno, para librarnos de la anarquía. Isis reconcilia ambos opuestos (Osiris-Set) sin acabar con su oposición.

El dios egipcio Set o Seth. Fotografía de Ancient Egyptian Gods Gallery
de Barbara Waterson. BBC History

Isis personifica el “poder del amor” del Universo, que resucita a la vida de la muerte. Isis ama a Osiris, lo busca y con su poder lo devuelve a la vida, convirtiéndose así, mitológicamente, en su madre. Así, el esquema del mito de la diosa madre y el hijo-amante se hace visible, como una variación del tema universal de la Diosa.

El jabalí que mata a Tamuz, Adonis, Atis... es la imagen de la luna oscura, del abismo de la muerte, Los catorce trozos en que queda desmembrado Osiris son una imagen del desmembramiento de la luna, que Isis vuelve a unir como luna creciente.

La columna djed simboliza la resurrección. Isis es de nuevo la madre esencial (zoé), mientras que Osiris y Horus representan las fases de vida y muerte de esa fuente. La erección de la columna o pilar djed desde su posición horizontal hasta la vertical erguida, supone la culminación de los ritos de Osiris, y celebra el comienzo del Nuevo Año (o fiesta de Sed) en el que se renueva el poder del rey, que se convierte en Horus. El términodjed significa “estable” o “perdurable” y su erección significa que la fuerza vital ha resistido a las fuerzas inertes de la descomposición que yacen sin vida en el suelo. En relación con la cosecha, la erección de la columna significa que el espíritu del cereal no había muerto durante la siega. En ocasiones la columna se dibuja como un árbol de ramas podadas (ver la cruz cristiana, capitulo 14, Fig. 30) lo que recuerda al árbol eriáceo que rodeaba el sarcófago de Osiris en Biblos. Todos simbolizan el árbol de la vida como eje del mundo.


Isis ayuda a Seti I a levantar la columna djed de Osiris (XIX dinastía, c. 1300 a.C. Templo de Seti I, Abidos).

Tras levantare la columna djed, se vestía a la columna con una tela (tit) que era emblema de Osiris, por lo que la combinación de djed y tit simbolizaba la unión de Osiris e Isis, una restauración de la armonía tal y como existió en los orígenes. La imagen de la erección también rememora la primera vez que la colina alta (Atum) se alzó de entre las aguas de Nun como la primera “isla” de conciencia. Este acontecimiento primordial también puede ser renovado cada día cuando el sol (Ra) se alza de la noche (Atum-Ra).


En la figura siguiente el sol descansa en los brazos que forman la figura del Ka (el abrazo divino que sostiene toda cosa, persona o dios) que surge del Ankh (vida imperecedera) que ha sido creada por la columna djed.Isis y Neftis asisten a la fuerza vital de la columna djed hasta que ésta se manifiesta. Unos babuinos saludan el amanecer del sol con el gesto de la epifanía del Ka, como todavía hacen hoy en día. Los dioses con el gesto de epifanía Ka saludan a la fuerza vital.




Isis (a la izquierda) y Neftis (a la derecha), arrodilladas, ayudan al sol a alzarse de la columna djed. Seis babuinos lo celebran (papiro de Ani, XVIII dinastía, c. 1250 a.C.) 


Las personas que fallecen se “convierten” en Osiris, para que al ser “halladas” por Isis y Neftis les ayuden a amanecer, a resucitar: se trata de una imagen de la transformación del alma.






Antes del 2500 a.C., cuando se escribieron los textos de las pirámides, Isis era ya una figura imaginada con toda precisión. Hizo su entrada en la cosmología de los sacerdotes de Heliópolis como cuidadora de los muertos. Pero también Isis revela la unidad de la creación, idea que proviene de la sensibilidad neolítica de un mundo unificado.


Pectoral de oro en forma de Isis alada (III dinastía Etiope, c. 710-663 a.C. Tumba cusita del rey Amarinataki-lebre, Nuri, Sudán)

La diosa pájaro del IV milenio a.C. (Egipto predinástico) se refleja en las alas de Isis que todo lo protege. En los textos de las pirámides se dice que el difunto “respira el hálito de Isis” (Budge “The Gods of the Egyptians” vol 1) imagen que surge del relato en la que Isis asume la forma de un milano y, con el batir de sus alas, creaba el viento o hálito de vida para despertar a su difunto esposo Osiris y devolverlo a la vida, concibiendo un hijo del dios mientras este yacía en su cofre, respirando hálito de vida y apartado, por lo tanto, de la muerte. Así, Isis revolotea con sus alas dadoras de vida sobre todas aquellos cuya alma ha abandonado su cuerpo por la boca, ofreciéndoles la primera bocanada de la vida eterna. El alma Ba (el alma individual y personal) también revolotea sobre el difunto en forma de pájaro, hasta que se une con el Ka (el alma universal), la esencia del poder de la vida.



 Isis en forma de milano sobre Osiris. Imagen del Ba en la tumba de Inherkhau. 


El Papiro de Ani. Lámina 37 o final del Libro de los Muertos. Este papiro ha sido redigitalizado con bellos colores y los contornos retocados por el Vassar College de Estados Unidos.

El papiro original es propiedad del Museo Británico en Londres, registrado bajo el nº 10.470, formando parte de las colecciones del museo desde 1888. Las 37 láminas originales se pueden ver en: http://www.britishmuseum.org/, haciendo click en “Research”, luego ingresando “Search the collection database,” y finalmente ingresando

En el Neolítico la diosa pájaro de las aguas superiores y la diosa serpiente de las aguas inferiores eran concebidas como una gran diosa del abismo circular de aguas que rodeaba la tierra. En Egipto, durante la Edad del Bronce, se mantiene esta unidad entre Wedjat o diosa serpiente del Bajo Egipto y Nekhet o diosa buitre del Alto Egipto. Esta asociación entre diosa y serpiente también aparece en el ureo real, la cobra erguida y dispuesta a escupir. El jeroglífico de la cobra erguida significa “diosa”. El wedjat (ojo de Horus) se asimilaba a menudo a Isis, tanto bajo su forma de serpiente como en la de “ojo de Ra”.
Ureo en forma de cobra. A la derecha el ureo de Sesostris III

Otra de las formas de la diosa es la diosa cerdo del Neolítico. Mil años después, en Egipto, aparece la imagen de Isis con las piernas abiertas como si estuviera a punto de dar a luz sobre el lomo de un cerdo. Ambas imágenes expresan el sentimiento de que el cerdo (con su constante fertilidad) representa las fuerzas de renovación perpetua de la naturaleza. La cerda es el animal sagrado que representaba a Deméter en Grecia.

Diosa cerda egipcia, precursora de Isis (c. 3000 a.C.)

Su relación con el chamanismo la podemos observar en la escalera que Isis sostiene en la mano, al igual que las escaleras que se pintaban al lado de las tumbas para que el alma ascendiera a los cielos, después de pasar por unos niveles de transformación o purificación. Más adelante, la virgen María recibe el apelativo de “Puerta del Cielo” y la imagen de la escalera reaparece en el mito de Sofía.

Para los egipcios la existencia divina se manifestaba en una gran variedad de animales, lo que le sugiere al egiptólogo Henri Frankfort “Ancient Egyptian Religión” que el egipcio sentía una reverencia religiosa subyacente hacia toda la vida animal, hasta tal punto que los animales en sí mismos poseían significado religioso para los egipcios. La creencia dominante en la religión egipcia era la de la inmutabilidad del universo: el único gran acontecimiento tuvo lugar en los orígenes, cuando el mundo emergió de las aguas primordiales. Los animales parece que nunca cambian y por eso participan de la naturaleza fundamental de la creación.

Los animales carroñeros, como los chacales y buitres, participan de la naturaleza divina de la diosa porque transforman la carne putrefacta en alimento dador de vida. Anubis, el que conduce a los muertos al inframundo, el “juez”, tiene cabeza de chacal, pesa el alma del difunto para decidir si es digna de entrar a presencia de Osiris, de la misma manera que al comer, el chacal distingue con exactitud los elementos capaces de transformarse de los que no los son. Recordemos la diosa buitre (de la muerte y regeneración) de Çatal Hüyüyk y al chacal Anubis como ejemplos de cómo surgen las asociaciones simbólicas.


La diosa Sekmet tiene la cabeza de león, y aparece sentada con el disco solar y el ureo sobre la cabeza. Estos tres elementos, por separado, son imágenes de energías poderosas y, juntas, implican una gran concentración de fuerza, que al ser disparada, igual yerra el blanco y se convierte en destructiva: de la misma manera que podía desencadenar la peste, podía curarla.

La diosa Sekmet tiene la cabeza de león

Isis como trono. La montaña.



La imagen de un trono de respaldo alto era tanto el jeroglífico del nombre de Isis, como el objeto que se sitúa sobre su cabeza. Según Anne Baring y Jules Cashfor (“El mito de la diosa”. Pág 294): “el trono recuerda el orden primigenio del comienzo, porque en su forma puede verse el montículo original, la ‘colina alta’, que primero emergió de las aguas como tierra habitable”.

Isis, pintada en oro, con el trono de oro sobre la cabeza, arrodillada sobre el emblema de oro, sujeta el anillo de la eternidad (sarcófago de Amenhotep II c. 14271401 a.C. Tumba de Amenhotep –Amenofis- II, valle de los Reyes, Tebas)



En muchas otras culturas la colina era la imagen de la Diosa como la Tierra. En Sumeria la montaña era imagen del inframundo (Kur), del útero de la madre, símbolo que procede del antiguo aprisco de animales y de la cueva prehistórica, representado por ∩. En Creta la diosa se yergue sobre su montaña, flanqueada por leones. La montaña es el lugar más cercano al cielo y por tanto el primer lugar que una divinidad alcanzaría al descender. Por eso los primeros templos tenían forma de montaña: el zigurat, la pirámide...

Primer grabado del libro de Athanasius Kircher, Sphinx Mystagoga (Amstelodami: Ex officina Janssonio-Waerbergiana, MDCLXXVI). Recreación bastante fantástica de Gizeh, pero con elementos reales: visitantes curiosos capaces de encaramarse hasta lo más alto de las pirámides y abigarramiento de caballos, camellos, arqueólogos, saqueadores y gente diversa alrededor. Fuente Mesa Revuelta



En una extensión de este simbolismo, el regazo de la diosa Isis se convirtió en el trono real de Egipto, de modo que subir al trono equivalía a recibir el alimento divino que otorgaba al rey las cualidades de la realeza y garantizaba su derecho a gobernar: “El trono ‘hace’ al rey”, como dicen muchos de los textos. Ya en la I dinastía un faraón se llamaba a sí mismo ‘hijo de Isis”. Así, Isis es la madre del rey que gobierna la tierra en su lugar como hijo suyo. Así era como se percibía el orden cósmico del universo en relación con el orden social de los seres humanos: “el derecho divino de los reyes”.
Isis con el niño Horus (Museo Egipcio de El Cairo).
Isis y Hathor.

Isis se funde con muchas otras diosas, como es el caso de Hathor. Lo demuestra la semejanza de los adornos de su cabeza: una corona con cuernos de vaca y con el disco solar descansando sobre ellos.


Isis, con cabeza de vaca, aparece como la estrella Sothis, que trae la inundación que hace crecer las plantas. El pájaro del alma se alza sobre el cereal como alma liberada de Osiris (templo de Isis en la isla de File)



Terracota de Isis-Afrodita , época romana en Egipto, II-III siglo d.C. La diosa también tiene los atributos de Hathor. The Metropolitan Museum of Art



Una tradición procedente del Neolítico afirmaba que las aguas primordiales y el dios más poderoso eran femeninos. El océano celeste se imaginaba en forma de una gran vaca que alimentaba al mundo con su lluvia de leche. Sus cuatro patas apoyadas sobre la tierra marcaban los cuatro puntos cardinales del universo. Su panza, cuajada de estrellas, formaba el cielo por el cual viajaba el sol en su trayecto diurno y nocturno. La diosa celesteNut también pude tomar la forma de una vaca. A veces se dibujaba al rey mamando directamente de la vaca, como Hathor amamantaba cada mañana a su pequeño hijo: el sol.


Isis y Osiris (el toro) tuvieron como hijo a Horus, que creció hasta convertirse en el halcón dorado (el sol).Osiris se identifica con el sol poniente, con la tarde, con el ayer y con todo lo pasado. Por otro lado, Horus se identifica con el sol naciente del este, con la mañana, con el día de hoy, con el presente. Ambos dioses son los dos aspectos de una misma figura: lo viejo y lo nuevo, el morir y el renacer.


Hathor (el cielo) se convirtió en el lugar donde muere y renace el sol, fundiéndose con la historia de la diosa Isis. En esta nueva historia, cada noche, se producía la reunión de Hathor con Horus, cuando el hijo volaba hacia la boca de su madre. Se celebraba una fiesta anualmente durante la cosecha, en la que se representaba unmatrimonio sagrado que duraba catorce días y comenzaba al menguar la luna.

Isis y Nut.

Nut era la diosa que a menudo se fundía con Isis y Hathor. Era la diosa del cielo y también la madre del sol, la luna y las estrellas. También como madre cósmica es representada en un grabado de la tumba de Seti I (c. 1300 a.C.) bajo la forma de una gran vaca impasible, por debajo de la cual navegan las barcas solares del día y de la noche, con un Shu (aire) diminuto sujetando su panza.


Nut como madre cósmica es representada en un grabado de la tumba de Seti I (c. 1300 a.C.) bajo la forma de una gran vaca impasible, por debajo de la cual navegan las barcas solares del día y de la noche, con un Shu(aire) diminuto sujetando su panza.


En la escritura jeroglífica la jarra de agua es el signo de Nut, la que vierte la lluvia de los cielos, ofreciendo bebida y comida a las almas de quienes han muerto.



Como diosa del cielo, Nut era a menudo dibujada como una mujer que arqueaba su cuerpo sobre el cuerpo del dios de la tierra, su esposo Geb (a veces llamado “toro de Nut”). Una representación semejante puede verse en el relieve de un techo del templo de Hathor (Dendera, c. 116 a.C.-34 d.C.) en el que la diosa del cielo Nut engulle y da a luz al dios del sol, cuyos rayos caen sobre Hathor, que representa al horizonte.
Nut como el cielo estrellado


Nut era a menudo dibujada como una mujer que arqueaba su cuerpo sobre el cuerpo del dios de la tierra, su esposo Geb (a veces llamado “toro de Nut”)



Neumann observa que en las sociedades matriarcales el cielo diurno es el reino en el que el sol nace y muere, no el reino sobre el que gobierna, como sucederá más tarde. Desde la perspectiva matriarcal, Nut es la forma femenina de Nun, el océano primordial que todo lo abarca; es la inmutable, la duradera, el receptáculo fundamental. El sol, la luna y las estrellas son sus hijos temporales y perecederos. Desde la perspectiva patriarcal, por el contrario, el dios del sol (Ra, manifestación visible de Atum) es el centro, el ser primario; viaja en su barca por el “abismo acuoso del cielo” (El cuerpo de la vaca celeste). El sol es la epifanía de la creación; como se ve en la imagen de abajo, representando el nacimiento del sol, y unos gestos gozosos de los brazos alzados por su renacimiento, que encontramos en el muro norte de la cámara funeraria de la tumba de Ramsés VI, XX dinastía, c. 1150 a.C. Valle de los Reyes, Tebas. En esta visión patriarcal Nun deja de ser la madre deRa (la manifestación visible de Atum, “El completo”) y pasa a ser su nieta.

Para Rundle Clark “Myth and Symbol in ancient Egypt” el punto de vista matriarcal era el más arraigado en las gentes del pueblo, mientras que eran principalmente los sacerdotes quienes defendían el punto de vista patriarcal. Desde este punto de vista, por ejemplo, la historia de la salida del sol cambia radicalmente: el enrojecerse de la aurora ya no se considera la sangre del parto de la madre, sino la sangre de la serpiente de la oscuridad, Apofis, a quien el sol ha dado heroicamente muerte.



El gato, representante del Sol en la noche, matando a la serpiente Apep (Apofis) y asegurando un nuevo amanecer



En la figura de abajo Set lancea a Apofis (otra dimensión de sí mismo), mientras que el sol permanece sentado en su barca. Esta imagen muestra el mito de la derrota de las fuerzas de la oscuridad a manos del dios de la luz.



Set lanceando a Apofis y una escena del Libro de los Muertos en la que El difunto se enfrenta a Apofis.

Apofis herida por Miuty, el «Gran Gato de Heliópolis».
Isis y Maat.

La diosa Maat encarna el principio del equilibrio, de la compensación y de la armonía como base de las leyes del universo. Viaja en la barca de Ra, junto con Thot (su contrapartida masculina).


Maat y Thot

Al igual que Sofía, Maat estaba en el “abismo primigenio” como la que da vida al corazón del ser supremo antes de que la creación hubiese comenzado, cuando Atum deseaba que su corazón viviera. Nun le dijo a Atum que acercara su hija Maat a su nariz y que respirara en ella, para que su corazón viviera. A menudo se representa a Maat infundiendo el hálito de vida en los faraones. Para ello sostiene un Ankh contra su nariz. Maat infunde el aliento de vida sobre el comienzo de todas las cosas.



Maat es las leyes fundamentales del Universo, basadas en el principio de la armonía: “sea cual sea el desorden que el hombre o los accidentes naturales puedan provocar, la naturaleza, por sí sola, volverá a ponerlo en orden a través de las afinidades (la conciencia de armonía que habita en todas las cosas)”(“El mito de la diosa”. Pág. 306. Sin embargo, este “principio de la armonía” va en contra de la Segunda Ley de la Termodinámica.

Maat encarna la verdad, el orden justo, la legalidad y la justicia. Los faraones llevaban en la mano una muñeca que representaba a la diosa, y los jueces un emblema de lapislázuli que representaba a Maat. Así el orden social era un reflejo del orden divino y el gobierno de cada día representaba el tiempo primordial (“In illo tempore” de Mircea Eliade) en que Ra (el sol) puso el Orden (Maat) en lugar del Caos.

La pluma de Maat se colocaba en la balanza de la justicia para comparar su peso con el del corazón del que había muerto. Si el corazón era más pesado que la pluma, la balanza se inclinaba y el corazón caía en las fauces abiertas de Ta Urt, el monstruo con cabeza de cocodrilo, cuerpo de hipopótamo y pies de león, que estaba agazapado debajo. Si el difunto había sido justo, Thot lo llevaba ante Osiris, detrás de quien estaban Isis y Neftis. En la figura de la página siguiente el ojo alado de Horus sujeta en sus garras de ave la pluma de Maat y se la acerca a Osiris, que encarna a Maat en el inframundo. Las aguas primordiales de Nun yacen bajo el trono de Osiris y de ellas nace el loto, que florece al sol de la mañana, convirtiéndose en la flor cósmica originalcuyos pétalos se abrieron para revelar el sol, que se alzó y echó a volar por los cielos. Los cuatro hijos de Horus que sostienen los cuatro puntos cardinales se sostienen sobre el loto, que en última instancia se apoya en Nun.



Ta Urt

La idea de Maat equivale a los Me de Sumer y posteriormente al Tao chino, al Dharma indio y a la Sofiade la literatura sapiencial del Antiguo Testamento y de la tradición gnóstica cristiana. Quizá también sea equivalente al “Reino de los Cielos” de Jesús y al “Reino” de los evangelios gnósticos. Todos estos términos se refieren a una imagen de orden cósmico, armonía arquetípica o ley universal de la que deriva el orden social humano. Nosotros entendemos esta idea bajo el término Logos: “En el principio existía la Palabra” (“logos” en griego). Originariamente esta idea se encarnaba en la imagen de la Diosa, que expresaba el orden espiritual de la Totalidad, la ley de la encarnación que regía los principios por los que la Unidad se manifestaba (encarnaba) como diversidad.

La diosa de los mil nombres.

A menudo se hace referencia a Nut, Hathor e Isis como unidad. A las tres se les llama “diosa del sicómoro”, “madre del cielo”, “reina de todos los dioses y diosas”... Isis es la “señora del gozo y la abundancia”. Con el Reino Nuevo (1550 a.C.) Atum dejó de ser el dios nacional, posición que pasó a Amon. En esa época Isis sobrepasó en poder a todas las demás diosas que fueron apareciendo y despareciendo. Isis fue la única diosa de los mil nombres.



La figura de Isis alberga una paradoja, pues era adorada como gran madre de la vida, la muerte y la regeneración, pero también sufría dificultades y pérdidas como los seres humanos. Es posible que este perfil humano de su semblante explique lo duradero de su atractivo. Como Inanna en Mesopotamia, Isis vincula a la humanidad con el rostro incognoscible de la divinidad al hacerse casi humana. Es la mediadora entre los dos reinos, como la virgen María habría de serlo para muchas personas miles de años después.

Isis sufre y supera las pruebas de la condición humana (muerte de los seres queridos) y, por lo tanto, puede servir de imagen de reconciliación de las condiciones de la existencia humana.

Diosa de la palabra del poder.

Uno de los mitos que tratan de la Diosa comienza relatando que al principio era una mujer y acabó siendo diosa, con poder incluso sobre el dios sol Ra, el señor que se creó a sí mismo.

Este relato revela la coexistencia de las tradiciones neolíticas del culto a la Diosa y al dios, el cual pervivió entre las gentes del campo y allí donde la religión oficial perdía su dominio central. Finalmente, en los siglos II y III d.C. casi llegó a superar a la religión oficial con la expansión de los Misterios de Isis.

En Heliópolis, donde predominaba el planteamiento ortodoxo, Ra (manifestación visible de Atum) era el bisabuelo de Isis y el creador de todo. Isis conocía la “palabra de poder” (el secreto del nombre de Ra) lo cual la condujo a desear convertirse en una diosa similar en rango y poder a Ra. Se cuenta esta historia.

El dios Ra se había hecho viejo y baboso, y su saliva cayó a tierra. Entonces Isis amasó parte de su saliva y construyó una serpiente sagrada y la puso en el camino del gran dios, y al pasar éste, la serpiente le mordió. El dios moribundo reunió a su lado a todos los hijos de los dioses y también vino Isis, cuya boca estaba llena dealiento de vida y cuyas palabras hacen vivir de nuevo las gargantas de los que han muerto. “Yo te curaré” -le dijo a Ra-, “pero dime tu nombre, padre santo, porque todo lo que se traiga al mundo en tu nombre se curará” Y Ra dijo: “He hecho los cielos y la tierra, las montaña y el agua. Soy el que hace la luz cuando abre los ojos, y si los cierra, viene la oscuridad”. Isis dijo: “Pero lo que has dicho no es tu nombre; dímelo y el veneno se irá”. El veneno quemaba como fuego y el gran dios dijo: “Consiento que Isis busque dentro de mí y que mi nombre pase de mí a ella”. Entonces dijo Isis: “Veneno, vete, sal de Ra. Que Ra viva y el veneno muera”.

En este mito el poder supremo del culto a la diosa consigue imponerse al del dios Ra, el de la postura ortodoxa. Por otra parte, el secreto que rodea el nombre del “altísimo” anticipa el carácter impronunciable del nombre santo de Yahvé.

Madre e hijo.

“El niño solo e indefenso, acunado tan sólo por la naturaleza en un lugar salvaje lejos de la compañía humana, es un motivo constante en los mitos del mundo que reaparece cada vez que nace un héroe” (Pág. 313). El chamán prehistórico -y los actuales también- solían transmitir sus conocimientos a un discípulo al que aislaban del contacto social, metiéndolo en lo más hondo de los bosques, en las cuevas, o en lo alto de los montes o acantilados, donde se daban las condiciones necesarias para alcanzar el éxtasis.



La Isis Lactans como modelo de la virgen María. Pedro Berruguete Virgen de la leche
Horus nació en secreto en un matorral lleno de serpientes vene venenosas, en los pantanos del delta, donde Isis lo cuidadaza. Pero tuvo que irse para buscar comida y cuando regresó, el niño se estaba muriendo, pues había sido envenenado. Isis clamó a Ra, apostado en su barca y cuando éste llegó a la altura de la diosa, el sol se detuvo. Entonces bajó Thot, pronunció las palabras mágicas de poder y Horus se recuperó.



En un relato similar, la propia Isis cura la picadura de escorpión de un niño, el de la señora rica que le denegó albergue cuando Isis, acompañada de siete escorpiones, iba huyendo de Set, el cual le había apresado después de la muerte de Osiris. Los escorpiones, ofendidos por la negativa, picaron a su hijo.

Una de las imágenes que más tiempo perduró es la de la diosa como madre vulnerable y sola que se enfrenta a fuerzas peligrosas, a las que finalmente derrota con la ayuda de grandes poderes provenientes de si misma o del exterior. ¡Ay, hijo mío! ¿Está ardiendo, pajarito mío? ¿Tienes demasiado calor, ahí en el arbusto? Tu madre no puede estar contigo, ni hay hermana que te abanique, ni nodriza que te asista?(Pág. 315).


La Isis helenística

Alejandro Magno conquistó Egipto en el 332 a.C. Los sucesores de Alejandro fueron los reyes tolemaicos, que fomentaron la fusión de la religión egipcia y griega. Así Isis se convirtió en la esposa del dios de los tolomeos Serapis (el antiguo dios toro, bajo una nueva forma). Comerciantes egipcios llevaron a Grecia la religión egipcia, donde se vinculó a Isis con Deméter, Osiris con Dionisio, con Plutón y Hades. Isis y Serapio tenían un templo en la ladera meridional de la Acrópolis de Atenas. En Délos también había un templo de Isis.


Serapis, como toro y un Serapis helenístico

En el siglo II d.C. se compuso un himno en honor de Isis, en Cimi, el cual recuerda al himno Akathists a Maria (s. V d.C.) y el himno gnóstico a Sofía.



Himno a Isis, siglos III o IV, descubierto en Nag Hammadi


Porque soy la primera y la última,
yo soy la venerada y la despreciada,
yo soy la prostituta y la santa,
yo soy la esposa y la virgen,
yo soy la madre y la hija,
yo soy los brazos de mi madre,
yo soy la estéril y numerosos son mis hijos,
yo soy la bien casada y la soltera,
yo soy la que da a luz y la que jamás procreó,
yo soy el consuelo de los dolores del parto,
yo soy la esposa y el esposo,
y fue mi hombre quien me creó,
yo soy la madre de mi padre,
soy la hermana de mi marido,
y él es mi hijo rechazado.
Respetadme siempre,
porque soy la escandalosa y la magnífica.

A continuación un fragmento del himno a Isis que se encontró en la ciudad de Salónica.



HIMNOS A ISIS

Traducción y estudio preliminar Elena Muñiz Grijalvo, Trotta, 2006

Ilustración de la portda: A. Kircher ,Oedipus Aegyptiacus, Roma, (1652-1654)

HIMNO DE SALÓNICA
(I-II d.C.)

1. …Yo soy la primera que descubrió los frutos de la tierra para los hombres.
2. Yo soy la madre del rey Horus
3. Yo soy la que se manifiesta en la estrella en Canis Maior.
4. Yo soy a la que llaman “diosa” entre las mujeres.
5. Me construí la ciudad de Bubastis.
6. Yo separé la tierra del cielo.
7. Yo establecí los caminos de las estrellas.
8. Yo dispuse los caminos del sol y de la luna.
9. Yo inventé la navegación.
10. Yo engrandecí lo que era justo.
11. Yo uní al hombre y a la mujer.
12. Yo dispuse que alumbrara cada diez meses un feto.
12. Yo establecí que lo justo era que los padres fueran amados por sus hijos.
13. Yo establecí que se castigara a los padres que se comportaban mal con sus hijos.
14. Yo puse fin, junto con mi hermano Osiris, a la antropofagia.
15. Yo di a conocer los misterios a los hombres.
16. Yo enseñé a los hombres a honrar las estatuas de los dioses.
17. Yo fundé los santuarios de los dioses.
18. Yo acabé con el crimen.
19. Yo dispuse que las mujeres fueran amadas por los hombres.
20. Yo hice que lo justo fuera más preciado que el oro y la plata.
21. Yo establecí que es justo que se tenga por hermosa la verdad.
22. Yo inventé los contratos matrimoniales.



Apuleyo (siglo II d.C.) identifica a Isis con Ceres, Venus y Proserpina. Nos cuenta cómo los sistros se seguían agitando hasta que salía el sol durante las fiestas celebradas en su templo de Roma. Apuleyo era un iniciado en los Misterios de Isis, en su libro “El asno de oro” la diosa transforma a Lucio de asno en hombre, en lo que constituye una precisa metáfora de iniciación: “soy la divinidad única a quien venera el mundo entero bajo múltiples formas, variados ritos y los más diversos nombres”.


Los misterios egipcios se celebraban en secreto en las cámaras internas de los templos, cuyo acceso estaba prohibido a la gente ordinaria. En ellos se escenificaba la pasión de Osiris, su muerte, la necesidad de protección en el inframundo, la ayuda de Isis y Neftis y su resurrección. Es una fiesta que marcaba el paso del año. En el relato de Apuleyo, casi un mileno después, el centro de atención se ha desplazado a Isis. La historia de “El asno de oro” la cuenta un iniciado llamado Lucio (Luz). Primero había sufrido una muerte voluntaria –la condición universal para la iluminación mística-, hasta llegar a perder la conciencia de saberse humando. Sumergido por siete veces bajo las olas del mar, llega a la culminación de sus sufrimientos, cuando se le aparece una deslumbrante luna llena que se alza del mar, la diosa: “ante todo y sobre todo deslumbraba mis ojos era su manto de un oscuro tan intenso que irradiaba reflejos de puro negro”. Esta es la aparición de la Reina de la Noche, que en “La Flauta Mágica” se hace visible como epifanía de la naturaleza, que es la madre de todo.



Escenografía para la ópera, de Schinkel, para el estreno en Berlín, en el año 1815, con La Reina de la Noche

En la nueva manifestación del mito de la diosa lo que más quedó grabado en la imaginación fue la visión de la diosa madre y de su hijo salvador. El cristianismo, en cambio, vetó y escondió el carácter divino de la Naturaleza, como epifanía de la divinidad.