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12.23.2012

SATURNALIA



Las Saturnalia eran unas antiguas fiestas en honor a Saturno. Tenían lugar en diciembre, durante el solsticio de invierno.Con ellas se celebraba el fin de la época más oscura y el nacimiento del Sol Invictus. Según Tito Livio se introdujeron en el año 217 a. C. para levantar la moral de los ciudadanos tras ser derrotados por los cartagineses. 

En aquella semana de fiesta Roma era invadida por una alegría desenfrenada, recuerdo de la perdida Edad de Oro vivida bajo el reinado de Saturno. Durante esos días se suprimían las diferencias sociales, todos eran iguales y hermanos. Se cerraban los tribunales, las escuelas, las tiendas. Había intercambio de regalos y la gente se abandonaba a toda clase de bromas, incluso las más licenciosas. Todo era permitido a todos en aquel periodo. 

El primer día se celebraba un sacrificio en honor del dios y se cortaba la cinta que lo ataba durante el resto del año para que no huyera de la ciudad. Entonces las fiestas se consideraban inauguradas y se organizaba un banquete público. Durante los seis días restantes se organizaban diversiones populares de todo tipo, entre las que destacaban las loterías y juegos de azar, que gozaban de gran aceptación. En la segunda jornada tenía lugar un carnaval. 

El día más sobresaliente de las fiestas era el 19, porque se dedicaba de manera especial a Ops (Rea), diosa de la abundancia y esposa de Saturno. En aquel día incluso los esclavos participaban de la fiesta y, gozando de completa libertad, se vestían con los trajes de sus amos, que debían servirles incluso en la mesa. Es por eso que también se llamó a las Saturnalia “fiesta de los esclavos”. Éstos se ponían unos gorros llamados pileus, símbolo de libertad. Podían comer y beber cuanto desearan, y disfrutaban de tiempo libre. 

Los romanos ricos, durante esos días, acostumbraban a tener la mesa completamente llena para cualquiera que se presentara en su casa. Era típico de las saturnalia un dulce elaborado a base de miel y frutos secos en cuyo interior se ocultaba una haba. El afortunado a cuya ración había ido a parar la haba era coronado como princeps saturnalicius, y los demás debían obedecer sus órdenes. Tenían además lugar combates de gladiadores y los mejores juegos en el Circo, a los que asistía gratuitamente todo el pueblo. 

Las Saturnalia constituían, pues, una fiesta de alegría para los romanos y en especial para las clases más necesitadas. Se daba la libertad a los presos y se suspendían las ejecuciones. Pero con el tiempo degeneraron en las orgías más desenfrenadas. Dada la época del año en que se celebraban, el cristianismo, con el fin de santificarlas, colocó las fiestas de Navidad por esas fechas. 

Pero, además de ser tiempo de diversión, también eran unas fiestas propicias para conspiraciones y asesinatos: la conjura de Catilina se llevó a cabo durante las Saturnalia, aprovechando la circunstancia de que todo el mundo estaría ocupado con las celebraciones, y Caracalla planeó asesinar a su hermano también por esas fechas. 

Los emperadores fracasaron en sus intentos por reducir el número de días que duraban estas fiestas. Augusto intentó que durasen sólo tres días, y Calígula cinco, pero sus intenciones provocaron la ira de la multitud y revueltas populares. 


En la época imperial, con el desarrollo de la romanización en África, Saturno no sólo encarnó al Cronos helénico, sino también en los países de origen fenicio y cartaginés al gran dios semítico Baal. 

Se representa a Saturno como un hombre viejo, desnudo, a veces con una pequeña hoz en una mano y un reloj de arena en la otra, a la manera del Crono griego. También se le representa devorando a sus hijos, como se ve en las pinturas de Rubens y Goya en el museo del Prado. En la iconografía de las estaciones personifica el invierno. 

En Roma la anhelada Edad de Oro de todos los pueblos se identificó con la época del reinado de Saturno en Italia, que por entonces se conocía como Ausonia. Los dioses convivían con los mortales. Las puertas no existían, puesto que nadie tenía nada que ocultar y no había robos. Los hombres se alimentaban solamente de legumbres y fruta, porque nadie se había planteado matar. Entonces Saturno enseñó los rudimentos de la civilización y a manejar la hoz, así como a servirse mejor de la fertilidad espontánea del suelo. Era una época en que la lana tomaba por sí misma vivos colores en el lomo de corderos y carneros, las zarzas ofrecían deliciosos frutos y la tierra gozaba de una eterna primavera. Los hombres no conocían las penalidades, ni la miseria ni la vejez, siendo siempre jóvenes. Cuando les llegaba la hora de la muerte se sumían en un dulce sueño eterno. 

Desgraciadamente este paraíso se perdió, pero los romanos gustaban de rememorarlo con la veneración al viejo Saturno, al que habían transformado en un dios civilizador y bienhechor.


12.22.2012

ESCLAVOS



Los romanos se surtían de servidores entre los cautivos apresados en el campo de batalla o en las ciudades conquistadas, entre los hijos de esclavos o los niños abandonados que los mercaderes instruían para después venderlos. Otras veces compraban esclavos importados de otros países. Finalmente estaba el caso de los hombres que se veían reducidos a la esclavitud a consecuencia de las deudas contraídas. 

Los tratantes de esclavos (mangones o mercatores venalicii) siempre seguían a los ejércitos o compraban su mercancía humana en los principales mercados de Roma y de Delos. Los esclavos ordinarios se vendían sobre una tarima giratoria (catasta). Una tabla (titulus) atada al cuello del cautivo a modo de cartel indicaba su procedencia, edad, habilidades y cualquier defecto corporal o intelectual, así como la certificación de que estaban libres de cualquier delito. Los mejores se guardaban en habitaciones separadas en las tabernas, y solo se mostraban a los clientes ricos. 
A los hijos de padres esclavos se les daba el nombre de vernae, para distinguirlos de los nacidos libres. Todos los que pertenecían a un dueño se denominaban, en su conjunto, familia. Los empleados en residencias de la ciudad eran familia urbana, mientras que los ligados a la villa se llamaban familia rustica. Sin embargo, era frecuente que un mismo esclavo sirviera en ambas. 


En tiempos remotos su número era pequeño, porque las casas eran sumamente sencillas, a menudo hechas por el propietario. Pero a medida que se fueron haciendo más grandes y espléndidas, el número de esclavos hubo de incrementarse. Había uno casi para cada labor, lo cual era característica de una casa grande. Cuando la población de Italia se estimaba en unos seis millones de personas, había un esclavo por cada tres habitantes, y la proporción en la ciudad de Roma era mucho mayor. 

La lista de esclavos ligados a algunas casas romanas es amplia:sastres, peluqueros, cocineros, pasteleros, junto con esclavos empleados en el triclinio; también músicos, bailarines de ambos sexos y grupos de mimos y malabaristas para divertir al anfitrión y a sus invitados, especialmente a la mesa. Había bufones que por sus defectos, fragilidades u ocurrencias hacían reír (moriones, fatui, fatuoe). Los favoritos de las damas eran los enanos adiestrados para luchar y bailar. 
Los médicos y cirujanos también eran en su mayoría esclavos o libertos, al menos en tiempos de la República, e igual ocurría con el puesto de secretario privado del señor de la casa.



Entre los esclavos domésticos más bajos (vulgares) se encontraba el ostiarius o janitor, que desde su caseta (ostiaria)vigilaba la entrada a la casa; y los cubicularii, encargados de mantener el orden en dormitorios y salas de estar, así como de anunciar a los visitantes. En las casas de la gente más acomodada, de esta última función se ocupaba el nomenclator. Este pronunciaba en voz alta los nombres de los que venían a decir su Ave matutino, y el de otras numerosas visitas que llenaban el vestíbulo. El nomenclator tambiénacompañaba al señor durante sus paseos para que le recordara los nombres y detalles de las personas que se encontraban por la calle y cuyo voto o ayuda precisaba para algún asunto. 

El romano rico siempre iba acompañado de uno o más esclavos(pedisequus) cuya misión era transportar cualquier objeto que se pudiera necesitar en el baño o en una fiesta, además dellevar la antorcha por la noche. Otra clase de esclavos eran loslectiarii o portadores de sillas de manos. En la ciudad solo estaba permitido llevarlos a los senadores y a las damas. 
Una posición importante la ocupaban los lectores, cuya tarea eraleer para su señor mientras se encontraba a la mesa o en el baño. También escribían al dictado, copiaban documentos o cuidaban la biblioteca. Los oficiales más altos debían supervisar la administración de la casa, los almacenes, etc. El cellarius tenía las llaves del almacén y la bodega. El procurator, el principal entre la familia de esclavos, administraba los ingresos y los gastos domésticos. 


Esclavos y libertos eran en Roma los principales comerciantes. Eran ellos quienes trabajaban en las tiendas, porque, según la mentalidad romana, el comercio era una actividad por debajo de la dignidad de un ciudadano. Si se llevaba honradamente y a gran escala, se aprobaba hasta cierto punto, pero nada más. 

Los latifundia necesitaban una gran plantilla de trabajadores. Además de los esclavos agrícolas, encargados de arar, sembrar, segar o cuidar olivos y viñas, se necesitaban jardineros para el huerto y la cocina, y personal para atender a las aves de corral, el estanque de peces, la colmena y la caza. A veces se requerían miles de esclavos. Solían estar divididos en cuadrillas (colegia), a menudo integradas por diez individuos (decuriae) a las órdenes de un capataz (praepositus)también esclavo. 
El esclavo era propiedad absoluta de su señor y no gozaba de ninguna protección legal frente a él. No eran considerados personas, sino cosas. Por ejemplo, Horacio menciona en una carta que tiene la costumbre de pasear solo, a pesar de que en realidad lo acompañaba un esclavo; pero como éste no alcanzaba la categoría de persona, podía expresarse en esos términos. No poseían mayor status que un animal doméstico. 



Al principio se sentaban a comer en unos bancos bajos (subsellia) a los pies del lecho de su señor, pero el refinamiento e incremento del lujo propio de épocas posteriores desterró esta práctica y privó a los esclavos de cualquier clase de relación familiar con sus dueños. Dormían en cualquier parte de la casa, a veces sobre un camastro a la puerta de la alcoba del amo, en una especie de vestíbulo. Pasaron a tener pactadas susraciones (demensum) para el día o mes, y con los ahorros en las mismas (peculium) compraban su libertad. 
Cuando un esclavo se fugaba, se le ponía un precio y se pregonaban los datos que pudieran conducir a su captura. A veces, si se sospechaba que alguno tramaba su fuga, se les encadenaban las piernas, o bien se los llevaba al herrero para que les pusiera un aro de hierro en torno al cuello, con una placa identificativa que explicaba a quién debía ser devuelto si se escapaba. Así cargados con collares de hierro y grilletes, se los encerraba en calabozos construidos a tal fin en la mayoría de las granjas. También podían ser condenados a trabajos forzados en las canteras. 
La flagelación era un castigo común. Además los esclavos podían ser puestos en el potro (eculeus) y sometidos a tortura para que confesaran los delitos que se imputan al amo, y a los fugitivos o a los que eran hallados culpables de robo, se les marcaba en la frente con hierro candente las letras iniciales del crimen. La pena capital era la crucifixión, o bien enfrentarse en el anfiteatro a animales salvajes. Otra forma de ejecución se llevaba a cabo empapando las ropas de la víctima con algún material inflamable (tunica molesta) para prenderles fuego a continuación. Vedio Podión, un hombre que había sido esclavo en su juventud pero que después había logrado amasar una fortuna, mataba a sus servidores arrojándoles a las voraces murenas que criaba en un estanque. 


Les estaba prohibido llevar la toga. Su vestimenta era una túnica, generalmente de tejidos oscuros y bastos, a la que podían añadir una capa cuando hacía mal tiempo. 

Tras recibir su manumissio o liberación, permanecían con su patrón como libertus. Esta manumissio se efectuabapresentándose ambos ante el magistrado más alto de la ciudad. Después de haber probado su título de propiedad(iusta servitus), el amo pronunciaba las palabras “Hunc hominem ego volo liberum esse”. El assertor tocaba entonces al esclavo con una vara sobre la cabeza, o, según una costumbre posterior, le daba una bofetada. Después el patrón tomaba de la mano al que había sido su esclavo, se volvía hacia él y terminaba la ceremonia repitiendo una vez más las palabras de rigor. 
Además de la manumissio vindicta existía la manumissio censu, consistente en introducir el nombre del liberto en las listas del censo, la manumissio testamento, es decir, la libertad del esclavo como última voluntad del dueño, o la inter amicos, en la que se declaraba ante testigos. En la manumissioper mensam se organizaba un banquete y se le invitaba a sentarse a la mesa junto a los demás hombres libres. 
Después de su liberación, el antiguo esclavo se ponía el gorro frigio llamado píleo, que se convirtió así en símbolo de libertad; vestía la toga, llevaba un anillo y se afeitaba la barba, todo lo cual constituían los signos que distinguían a un hombre libre. 


Bibliografía
Juan Eslava Galán – Roma de los Césares
Los romanos, su vida y costumbres – E. Guhl y W. Koner


MUJERES EN ROMA



Para un romano las mujeres debían ser meramente matronas sometidas al paterfamilias, por lo que se consideraba adecuado que observaran austeridad y modestia en el atuendo. Para que no llamaran la atención, les estaba prohibido marcar las curvas del cuerpo y era preceptivo el uso del velo. Estas normas de decoro adquirían tal importancia que Valerio Maximo llega a afirmar que muchos divorcios tuvieron por causa la negativa de la mujer a llevar el velo.
En el año 215 a. C., tras ser derrotado el ejército romano porAníbal en la batalla de Cannas, se dio una vuelta de tuerca más: los políticos, movidos por la necesidad de recuperarse económicamente para continuar haciendo frente a tan poderoso enemigo, votaron una ley que limitaba las manifestaciones externas de riqueza en las mujeres. No se permitía llevar más de media onza de oro en joyas, los vestidos no debían tener colores llamativos para no emplear tintes caros, y habrían de conformarse con la litera y el tiro para circular por Roma e inmediaciones, pues se prohibía el carruaje de dos caballos si no era para asistir a algún acontecimiento de carácter religioso. Esta ley, conocida como la Lex Oppia, debe su nombre al tribuno de la plebe Cayo Oppio.


Pero llegados al año 195 a. C., bajo el consulado de Catón, las restricciones impuestas por la ley parecían caducas: puesto que Roma había vencido, fluía la riqueza haciendo innecesaria tanto recorte. Por tanto, dos tribunos de la plebe pensaron que sería buena idea pedir su abrogación.

Lo más sorprendente es que la discusión no se desarrolló como hubiera sido normal en la República, sino que las mujeres se echaron a la calle en una manifestación de proporciones inimaginables. Una enorme multitud entró en el Capitolio. “Ni la autoridad, ni el pudor, ni las órdenes de sus maridos consiguieron hacerlas volver a casa. Ocuparon todas las calles de la ciudad y los accesos al Foro, suplicando a los hombres que bajaran hasta allá”. Reclamaban que se les devolvieran “sus adornos de antes”. La afluencia iba aumentando con el transcurso de los días, porque llegaban mujeres de otras ciudades y “no dudaban en preguntar a los cónsules o abordar a los magistrados”. 

Catón, que deseaba el mantenimiento de la ley Oppia, argumentaba que la ley evitaba la vergüenza de la pobreza, porque en virtud de ella todas las mujeres vestían del mismo modo. Se dirigió a ellas con un discurso de dos partes: en primer lugar una reprobación de su conducta, contraria a las buenas costumbres, y después les expuso los peligros de aumentar el lujo. Aprovechó para fustigar a los maridos y magistrados que no habían sido capaces de restablecer el orden en la ciudad ni de hacerse respetar en sus casas. En su opinión, ceder a las pretensiones femeninas era exponerse a nuevas revueltas protagonizadas por otros grupos de presión.

“¿Qué forma es ésta de precipitaros fuera de vuestras casas, bloquear las calles e interpelar a unos hombres que no conocéis? Cada una de vosotras podría haber formulado esta demanda en su casa, ante su marido. ¿Es vuestro poder de seducción más grande ante unos desconocidos que ante vuestro esposo? ¿Corresponde a una mujer saber si una ley es buena o no? Nuestros antepasados han querido que ninguna mujer, incluso en un asunto de carácter privado, pueda intervenir sin un fiador, que estén protegidas por la tutela de sus padres, de sus hermanos, de sus maridos, ¡y nosotros las dejamos entrar en la vida del Estado, ocupar el Foro y participar en las asambleas! ¿Qué no intentarán luego si consiguen esa victoria? ¿Y por qué esta revuelta? ¿Acaso para suplicar que rescaten a sus padres, maridos o hijos, prisioneros en Cartago? No, es para brillar con oro y púrpura y para pasear en sus carros; para que no haya límite a nuestros gastos ni a la profusión de lujo”. 


"Si cada uno de nosotros, señores, hubiese mantenido la autoridad y los derechos del marido en el interior de su propia casa, no hubiéramos llegado a este punto. Ahora, henos aquí: la prepotencia femenina, tras haber anulado nuestra libertad de acción en familia, nos la está destruyendo también en el Foro. Recordad lo que nos costaba sujetar a las mujeres y frenar sus licencias cuando las leyes nos permitían hacerlo. E imaginad qué sucederá de ahora en adelante, si esas leyes son revocadas y las mujeres quedan puestas, hasta legalmente, en pie de igualdad con nosotros. Vosotros conocéis a las mujeres: hacedlas vuestros iguales. Al final veremos esto: los hombres de todo el mundo, que en todo el mundo gobiernan a las mujeres, están gobernados por los únicos hombres que se dejan gobernar por las mujeres: los romanos." 


A pesar suyo, la ley fue derogada; pero como Catón consideraba que el deseo de una mujer de gastar dinero era una enfermedad que no podía curarse, sino simplemente reprimirse, años más tarde defendería otra ley, relativa a los testamentos de los más ricos, para evitar la acumulación de fortunas femeninas.

Bibliografía:
Eros romano: sexo y moral en la Roma antigua – Jean Noël Robert
La República – Marco Tulio Cicerón
Historia de Roma – Indro Montanelli
Intervención en el Senado de Marco Porcio Catón, recogida por Tito Livio


NOS VAMOS DE COMPRAS POR EL FORO



Las principales calles romanas estaban llenas de tiendas que ocupaban la fachada de muchas casas. En ocasiones parecen haber sido diseñadas dentro de los propios edificios, mientras que en otras es evidente que fueron añadidas con posterioridad. Las primeras surgieron en torno al siglo VII a. C., y vendían sal para condimentar las comidas y conservar la carne. 

La mayoría de las tiendas eran tabernae de una sola habitación, si bien un buen número de ellas tenían dependencias en la parte trasera, destinadas al almacenaje y producción, además de un entresuelo y viviendas para los propietarios o trabajadores. Contaban con rótulos, y solían mostrar su licencia comercial esculpida en mármol. Era frecuente una decoración a base demosaicos que representaban las mercancías que ofrecían en sus establecimientos. Por las noches se cerraban con postigos de madera para evitar que entraran ladrones. 

Las tiendas estaban a menudo en manos de esclavos. Cuando estos topaban con una situación que no estaba en su poder manejar, la remitían al propietario. Algunas vendían mercancías de importación; otras, como las panaderías, fabricaban sus propios productos. Había calles y zonas especializadas donde podían encontrarse también artículos de lujo. Joyas de oro, objetos de alabastro, huevos de avestruz pintado, perfumes, telas, marfil e incienso eran tan fáciles de hallar como los vasos de cobre, los cántaros o el aceite. Los ciudadanos, por cierto, llevaban su lista de la compra anotada en tablillas de cera. 


Al crecer la población, aparecieron los mercados, llamadosmacella (singular macellum). Estos vendían especialmente comestibles, sobre todo fruta y vegetales. El mercado de Trajano fue construido entre los años 100 y 110, diseñado por Apolodoro de Damasco, el arquitecto favorito del emperador. Se trataba de un gran complejo comercial de planta semicircular en el que llegó a haber 150 tiendas. Tenía seis plantas a las que se accedía mediante unas escaleras laterales, y terrazas con vistas al foro. En los niveles inferiores se vendía alimentos, mientras que los superiores estaban reservados a oficinas. 

Las ciudades que habían sido romanizadas contaban con su propiomacellum, consistente en un número de tiendas dispuestas en torno a un patio cuadrado. En él se encuentra un tholos, una estructura redonda alzada sobre un podio o un par de escalones, con columnas que soportan un techo. Las tiendas de los carniceros se agrupaban en una zona del macellum y contaban con mostradores de mármol para conservar la carne más fresca. Generalmente se sitúan próximos al foro y cuentan con una estancia, llamada sala de la mesa ponderaria, en la que se guardaban las balanzas y las medidas. 

Las primeras panaderías tardan en surgir, porque la gente fabricaba en casa su propio pan, tarea que quedaba a cargo de los esclavos. En el siglo II a. C. comenzó a haber algunos panaderos de origen griego llamados pistores. En el 168 a. C. se fundó el gremio, y durante el reinado de Augusto ya se podían contar en Roma más de 300 panaderías. La profesión pasó a estar tan bien considerada durante el Imperio que a algunos panaderos incluso se les erigieron monumentos. 

El "Forum Boarium", es decir, el foro de la ciudad de Roma, fue el mercado de carne y ganado, construido en los tiempos en los que Roma aún comerciaba mediante el trueque. Más tarde los mercaderes fueron trasladados a otra zona y sustituidos por prestamistas y bancos. Tras la caída del Imperio Romano, el Forum Boarium volvió a dedicarse al ganado hasta el siglo XIX. 

Había unos suntuosos edificios públicos llamados basilicae que tenían una altura de varios pisos y contenían un gran número de oficinas y tiendas, casi como un moderno centro comercial. Mercaderes, armadores, hombres de negocios, todos tenían cabida en las basílicae, que se extendieron por todo el Imperio. Generalmente estaban situados en los foros de las ciudades romanas. 

También había vendedores ambulantes voceando su mercancía en las calles. Periódicamente, los habitantes del campo acudían a Roma para vender sus productos y comprar aquellos que precisaban. 
Podían encontrarse lugares dedicados a comida y bebida donde los plebeyos y los esclavos tenían acceso, algo no muy alejado de nuestros actuales establecimientos de comida rápida. Se llamabanthermopolia (singular thermopolium). Tenían grandes mostradores de mampostería con vasijas de cerámica integradas en ellos. Las vasijas, llamadas dolia, servían al propósito de servir vino y comida a los clientes. Había también un pequeño horno para calentar el agua que se añadía al vino. Una de las especialidades era la posca, una bebida a base de agua y vinagre. En el piso de arriba podían contar con habitaciones para huéspedes, unos cuartos que a veces se alquilaban por horas. 

Thermopolium de Pompeya

Los establecimientos se clasificaban en diversas categorías según los servicios que proporcionaran: 

Los stabula proporcionan alojamiento y disponen de establos para resguardar también a los animales. Se componen de un patio abierto rodeado de comedores. En el piso superior estaban los dormitorios. Eran útiles para viajeros, mercaderes y marinos que venían a vender sus mercancías desde lugares lejanos 

Los "hospitia" eran hostales con comedores, triclinia y dormitorios, aunque no contaban con establos. 
Los "popinae" servían comida y bebida, pero no se podía disfrutar de alojamiento. 
El gobierno vigilaba el comercio y los mercados, y esta tarea era llevaba a cabo por el edil, que trataba de impedir que los compradores fueran estafados. Un famoso edil fue Julio César.Los ediles examinaban los productos a la venta, y si eran de mala calidad los hacían arrojar al río Tíber. Los falsos pesos y las falsas medidas eran destruidos.


TOGA -AE


Los ciudadanos de Roma eran, en palabras de Virgilio, rerum dominos, gentemque togatam, es decir, los dueños del mundo y la raza que viste la toga, por ser esta prenda que tomaron de los etruscos la que utilizaban como vestimenta habitual. Con ella se diferenciaban de los esclavos y de los bárbaros. 

La toga era una especie de semicírculo blanco de unos cinco metros de largo por 3’5 de ancho. Tradicionalmente se confeccionaba en lana, siendo las de Apulia y Tarento las más reputadas, aunque también podían emplearse otras telas. Se vestía sobre una túnica, colocando la tercera parte plegada sobre el lado izquierdo, y el resto por la espalda. En las ceremonias religiosas también se cubrían con ella la cabeza. Había algunas viejas familias que insistían en llevarla sin túnica, según la antigua tradición, pero esto se consideraba una excentricidad. 
Había diversas clases de toga. La primera de ellas fue la toga exigua, una versión más corta y sencilla de lo que llegó a ser después, sin el amplio pliegue sobre el pecho. 
Hacia el fin de la República se hizo más compleja, con sinus y umbo. El sinus se usaba a modo de práctico bolsillo. Por ejemplo, los asesinos de Julio César ocultaron sus puñales en él. 


El uso de la toga era necesario siempre que el romano estuviera fuera de su casa. En tiempos de la República comenzó ya a distinguir no solo al ciudadano romano del esclavo, sino también al noble del plebeyo, según el tipo de toga que vistiera. 

Hubo un tiempo en que también los soldados la llevaron, aunque no en batalla. La costumbre cayó en desuso debido a lo incómoda que resultaba, y que hacía que prácticamente se limitaran a usarla como sábana. Y es que no era fácil ponerse una toga: aquellos que podían permitírselo, recurrían a un esclavo especializado que los asistía en dicha tarea. Eran el llamado vestiplicus. A veces cosían plomos en el borde para mantener la prenda en su lugar, y para que los pliegues cayeran con más gracia los esclavos ponían trozos de madera entre ellos la noche anterior. 
Pero no terminaban ahí las complicaciones: era esencial que el romano supiera llevarla adecuadamente, para que no se le descompusiera. Debido a todo ello fue dejando de usarse paulatinamente, a pesar de los esfuerzos de Augusto o Suetonio por mantener vivo este símbolo de Roma. 



Quintiliano nos explica cómo debía llevarse: 

“Que las bandas caigan rectas indica poco cuidado, se observa negligencia. Los modales de los que tienen la banda ancha deben ser adecuados a la tradición. Es de mayor agrado que la toga quede con un volumen correcto y tenga una buena caída, ya que de otro modo resultará excesivamente redundante. Su parte anterior queda perfectamente si termina a media pierna, la posterior un poco más alta de la cintura. El "sinus" queda muy bien si está algo por encima del cinturón de la túnica, y nunca por debajo. El que va en oblicuo desde debajo del hombro derecho al izquierdo, como una banda, que no se estrangule ni cuelgue. La parte de la toga que se pone detrás, que sea más corta: así, en efecto, se sienta uno mejor y se mantiene sin desparramarse. También se debe levantar una parte de la túnica, de modo que no moleste en el brazo con el movimiento: entonces el "sinus" hay que ajustarlo al hombro, cuyo borde exterior se ha de mantener alejado. No conviene que se cubra el hombro y todo el cuello, pues entonces el vestido quedará ajustado y echará a perder la gracia que hay en la parte del pecho. El brazo izquierdo debe levantarse hasta donde haga un ángulo normal, sobre el que las dos aberturas de la toga afirmen con regularidad." 
La "toga praetexta", era la que llevaban los niños. Cuando se consideraba que uno de ellos alcanzaba la edad adulta, se despojaba de ella en la ceremonia que se realizaba durante la fiesta llamada Liberalia, el 17 de marzo. Por la mañana se ofrecía un sacrificio a los lares del hogar, y el joven recibía entonces la toga blanca propia de un hombre. Se trataba de la "toga virilis", también llamada pura o libera, una prenda sin adornos ni tintura. Luego comenzaba la procesión hasta el Foro. El padre reunía a sus esclavos, clientes, parientes y amigos, utilizando toda su influencia para lograr que el cortejo que acompañaría a su hijo fuera numeroso e imponente. Una vez allí, el nombre del chico se añadía a la lista de ciudadanos aptos para la guerra y recibía las felicitaciones formales. La familia se dirigía a continuación al templo de Liber, en el monte Capitolino, donde se hacía una ofrenda. Finalmente regresaban a casa para terminar el día con una cena dada por el padre en honor al nuevo ciudadano. 
La edad a la que esto sucedía podía variar en función del desarrollo físico e intelectual en cada caso, de la decisión del padre o del uso de la época en la que le tocara vivir. En general se asumía la toga entre los 14 y los 17 años. 



La "toga praetexta", propia de la infancia, también era portada porsenadores. Durante el Imperio, a veces se concedía el derecho a llevarla como un honor especial al margen del rango del romano. Como característica, llevaba una franja púrpura de cuatro dedos de anchura a lo largo del borde (latus clavus). 

La toga candida era la que vestían los que aspiraban a ocupar un cargo público. De ahí deriva la palabra “candidato”. Se trataban con tiza para conseguir un blanco especialmente resplandeciente y que simbolizara la pureza de intenciones. 
En eventos públicos y discursos los emperadores vestían la toga purpúrea, bordada con hilo de oro y decorada. Recibió diversos nombres: fue también toga capitolina o picta, y en un principio era la propia de los generales durante los desfiles triunfales, y durante el Imperio la llevaron también los magistrados que ofrecían juegos de gladiadores y los cónsules. 
La "toga trabea" tenía rayas en vivos tonos rojos, y estaba reservada a los augures. 


La "toga muliebris" distinguía a las prostitutas y mujeres divorciadas por adulterio. Y es que en un principio la toga había sido utilizada tanto por hombres como por mujeres, pero con el tiempo la femenina se sustituyó por la stola, una vestidura plisada y larga hasta los pies que se llevaba encima de una túnica. Era el vestido de las mujeres casadas y las matronas respetables. La toga quedaba así reservaba a mujeres de frágil moral. 

Por último la toga sórdida o pulla, de lana oscura, significaba luto. Quería decir que la persona que la vestía sufría por la pérdida de un ser querido, pero los patricios nunca la llevaban. La toga sórdida distinguía también a los reos, pero en ocasiones se llevaba simplemente como protesta. Por ejemplo, cuando Cicerón fue exiliado, el senado decidió llevar "togae pullae" en señal de desacuerdo. El cambio en la vestimenta fue una forma habitual de mostrar simpatía por un líder caído en desgracia.