Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta EPISTOLAS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta EPISTOLAS. Mostrar todas las entradas

4.10.2015

CARTA DEL JEFES SEATTLE AL PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS, F. PIERCE

Nico

Fue escrita como respuesta al presidente de los Estados Unidos, Franklin Pierce, cuando este envió en 1854 una oferta al jefe Seattle, de la tribu Suwamish, para comprarle los territorios del noroeste de los Estados Unidos que hoy forman el Estado de Washington. A cambio, promete crear una "reserva" para el pueblo indígena. El jefe Seattle respondió en 1855 este texto:.
El Gran Jefe Blanco de Washington ha ordenado hacernos saber que nos quiere comprar las tierras. El Gran Jefe Blanco nos ha enviado también palabras de amistad y de buena voluntad. Mucho apreciamos esta gentileza, porque sabemos que poca falta le hace nuestra amistad. Vamos a considerar su oferta pues sabemos que, de no hacerlo, el hombre blanco podrá venir con sus armas de fuego a tomar nuestras tierras. El Gran Jefe Blanco de Washington podrá confiar en la palabra del jefe Seattle con la misma certeza que espera el retorno de las estaciones. Como las estrellas inmutables son mis palabras.
¿Cómo se puede comprar o vender el cielo o el calor de la tierra? Esa es para nosotros una idea extraña.
Si nadie puede poseer la frescura del viento ni el fulgor del agua, ¿cómo es posible que usted se proponga comprarlos?
Cada pedazo de esta tierra es sagrado para mi pueblo. Cada rama brillante de un pino, cada puñado de arena de las playas, la penumbra de la densa selva, cada rayo de luz y el zumbar de los insectos son sagrados en la memoria y vida de mi pueblo. La savia que recorre el cuerpo de los árboles lleva consigo la historia del piel roja.
Los muertos del hombre blanco olvidan su tierra de origen cuando van a caminar entre las estrellas. Nuestros muertos jamás se olvidan de esta bella tierra, pues ella es la madre del hombre piel roja. Somos parte de la tierra y ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el ciervo, el caballo, el gran águila, son nuestros hermanos. Los picos rocosos, los surcos húmedos de las campiñas, el calor del cuerpo del potro y el hombre, todos pertenecen a la misma familia.
Por esto, cuando el Gran Jefe Blanco en Washington manda decir que desea comprar nuestra tierra, pide mucho de nosotros. El Gran Jefe Blanco dice que nos reservará un lugar donde podamos vivir satisfechos. Él será nuestro padre y nosotros seremos sus hijos. Por lo tanto, nosotros vamos a considerar su oferta de comprar nuestra tierra. Pero eso no será fácil. Esta tierra es sagrada para nosotros. Esta agua brillante que se escurre por los riachuelos y corre por los ríos no es apenas agua, sino la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos la tierra, ustedes deberán recordar que ella es sagrada, y deberán enseñar a sus niños que ella es sagrada y que cada reflejo sobre las aguas limpias de los lagos hablan de acontecimientos y recuerdos de la vida de mi pueblo. El murmullo de los ríos es la voz de mis antepasados.
Los ríos son nuestros hermanos, sacian nuestra sed. Los ríos cargan nuestras canoas y alimentan a nuestros niños. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos, y los suyos también. Por lo tanto, ustedes deberán dar a los ríos la bondad que le dedicarían a cualquier hermano.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestras costumbres. Para él una porción de tierra tiene el mismo significado que cualquier otra, pues es un forastero que llega en la noche y extrae de la tierra aquello que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga, y cuando ya la conquistó, prosigue su camino. Deja atrás las tumbas de sus antepasados y no se preocupa. Roba de la tierra aquello que sería de sus hijos y no le importa.
La sepultura de su padre y los derechos de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, a la tierra, a su hermano y al cielo como cosas que puedan ser compradas, saqueadas, vendidas como carneros o adornos coloridos. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solamente un desierto.
Yo no entiendo, nuestras costumbres son diferentes de las suyas. Tal vez sea porque soy un salvaje y no comprendo.
No hay un lugar quieto en las ciudades del hombre blanco. Ningún lugar donde se pueda oír el florecer de las hojas en la primavera o el batir las alas de un insecto. Mas tal vez sea porque soy un hombre salvaje y no comprendo. El ruido parece solamente insultar los oídos.
¿Qué resta de la vida si un hombre no puede oír el llorar solitario de un ave o el croar nocturno de las ranas alrededor de un lago?. Yo soy un hombre piel roja y no comprendo. El indio prefiere el suave murmullo del viento encrespando la superficie del lago, y el propio viento, limpio por una lluvia diurna o perfumado por los pinos.
El aire es de mucho valor para el hombre piel roja, pues todas las cosas comparten el mismo aire el animal, el árbol, el hombre todos comparten el mismo soplo. Parece que el hombre blanco no siente el aire que respira. Como una persona agonizante, es insensible al mal olor. Pero si vendemos nuestra tierra al hombre blanco, él debe recordar que el aire es valioso para nosotros, que el aire comparte su espíritu con la vida que mantiene. El viento que dio a nuestros abuelos su primer respiro, también recibió su último suspiro. Si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben mantenerla intacta y sagrada, como un lugar donde hasta el mismo hombre blanco pueda saborear el viento azucarado por las flores de los prados.
Por lo tanto, vamos a meditar sobre la oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptar, impondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.
Soy un hombre salvaje y no comprendo ninguna otra forma de actuar. Vi un millar de búfalos pudriéndose en la planicie, abandonados por el hombre blanco que los abatió desde un tren al pasar. Yo soy un hombre salvaje y no comprendo cómo es que el caballo humeante de hierro puede ser más importante que el búfalo, que nosotros sacrificamos solamente para sobrevivir.
¿Qué es el hombre sin los animales? Si todos los animales se fuesen, el hombre moriría de una gran soledad de espíritu, pues lo que ocurra con los animales en breve ocurrirá a los hombres. Hay una unión en todo.
Ustedes deben enseñar a sus niños que el suelo bajo sus pies es la ceniza de sus abuelos. Para que respeten la tierra, digan a sus hijos que ella fue enriquecida con las vidas de nuestro pueblo. Enseñen a sus niños lo que enseñamos a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra, le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, están escupiendo en sí mismos.
Esto es lo que sabemos: la tierra no pertenece al hombre; es el hombre el que pertenece a la tierra. Esto es lo que sabemos: todas la cosas están relacionadas como la sangre que une una familia. Hay una unión en todo.
Lo que ocurra con la tierra recaerá sobre los hijos de la tierra. El hombre no tejió el tejido de la vida; él es simplemente uno de sus hilos. Todo lo que hiciere al tejido, lo hará a sí mismo.
Incluso el hombre blanco, cuyo Dios camina y habla como él, de amigo a amigo, no puede estar exento del destino común. Es posible que seamos hermanos, a pesar de todo. Veremos. De una cosa estamos seguros que el hombre blanco llegará a descubrir algún día: nuestro Dios es el mismo Dios.
Ustedes podrán pensar que lo poseen, como desean poseer nuestra tierra; pero no es posible, Él es el Dios del hombre, y su compasión es igual para el hombre piel roja como para el hombre piel blanca.
La tierra es preciosa, y despreciarla es despreciar a su creador. Los blancos también pasarán; tal vez más rápido que todas las otras tribus. Contaminen sus camas y una noche serán sofocados por sus propios desechos.
Cuando nos despojen de esta tierra, ustedes brillarán intensamente iluminados por la fuerza del Dios que los trajo a estas tierras y por alguna razón especial les dio el dominio sobre la tierra y sobre el hombre piel roja.
Este destino es un misterio para nosotros, pues no comprendemos el que los búfalos sean exterminados, los caballos bravíos sean todos domados, los rincones secretos del bosque denso sean impregnados del olor de muchos hombres y la visión de las montañas obstruida por hilos de hablar.

6.23.2013

DALÍ Y LORCA

Cartas de seducción

Un estudio reúne por vez primera la relación epistolar entre el pintor surrealista y el poeta.
Es una mezcla de amistad, literatura, arte y flirteo
CARLES GELI Barcelona 17 JUN 2013 - 21:52 



Salvador Dalí (izquierda) y Federico García Lorca.

“Tú eres una borrasca cristiana y necesitas de mi paganismo (...) yo iré a buscarte para hacerte una cura de mar. Será invierno y encenderemos lumbre. Las pobres bestias estarán ateridas. Tú te acordarás que eres inventor de cosas maravillosas y viviremos juntos con una máquina de retratar (…)”. Así de apasionado escribe Salvador Dalí en el verano de 1928 a su íntimo amigo Federico García Lorca. Era algo más, “un amor erótico y trágico, por el hecho de no poderlo compartir”, aclararía el pintor en 1986, en una carta al director publicada en EL PAÍS y dirigida a Ian Gibson, al que acusa de subestimar sus relaciones con el poeta, “como si se hubiera tratado de una azucarada novela rosa”.
La relación entre estos dos genios se dio, con altibajos, entre 1923 y 1936, y dio pie, colaboraciones artísticas aparte, a un intenso epistolario, una particular conversación iniciada en 1925 y que, por vez primera, puede leerse en su conjunto en Querido Salvador, Querido Lorquito (Elba), gracias a la labor del periodista Víctor Fernández.
Tan hábil como meticuloso, Fernández (que ha recuperado la erudita edición de las cartas de Dalí que anotó el estudioso Rafael Santos Torroella) ha reunido además la correspondencia que Lorca mantuvo también con el padre y la hermana del pintor, Ana María Dalí, y con Lidia de Cadaqués, extravagante personaje que se creía la reencarnación deLa ben plantanda de Eugeni d’Ors. Tampoco es tanto epistolario. De la cartas del pintor al poeta aún han sobrevivido una cuarentena; de las de Lorca a Dalí, apenas siete. Fernández cree que la explicación a la diferencia aparece si se busca a la mujer. En este caso, a dos: “Una es Ana María, que vendió mucho material de archivo de su hermano tras la Guerra Civil; la otra es Gala, que por celos destruyó otras muchas; entre los papeles de García Lorca ha sido hallada una anotación que reza: “Gala no me gusta”; luego se sabe que Lorca era uno de los temas no gratos en casa de los Dalí cuando estaba Gala; entre los papeles del pintor hay cartas de Lorca recortadas con tijeras; a esa documentación tenía acceso poquísima gente, entre ellas la mujer del pintor”, sitúa Fernández.

Sexo y literatura

En una carta de Dalí a Lorca de 1928, comentando la aparición de ‘Romancero gitano’, Dalí mezcla sexo ycrítica literaria: “Federiquito, en el libro tuyo (…) te he visto a ti, la bestiecita que eres, bestiecita erótica, con tu sexo y tus pequeños ojos de tu cuerpo (…) tu dedo gordo en estrecha correspondencia con tu p…”. (...) “Tu poesía se mueve dentro de la ilustración de los lugares comunes más estereotipados y más conformistas”.
Tras esas desapariciones está, según el compilador, la sombra de una pulsión homosexual. La correspondencia, pespunteada de dibujitos de uno y otro y de postales retocadas, “es un juego de seducción: Lorca da lo mejor de sí mismo, tratando de encandilar con su palabra a un Dalí que quiere estar a la altura intelectual del poeta. Uno intenta atrapar al artista en su tela de araña; el otro deja hacer hasta cierto punto”, opina Fernández.
No hay nada explícito en las cartas, ni tan siquiera una mención a la joven Margarita Manso, con la que Lorca mantiene relaciones sexuales a petición del propio Dalí, voyeur de un encuentro que fue una condición que impuso el pintor para mantener relaciones con el poeta. El sacrificiode García Lorca no sirvió de nada porque Dalí siguió sin ceder, en especial durante la segunda estancia del poeta en Cadaqués, en 1927, como después haría público en una soez entrevista con Max Aub.
El pintor surrealista, sin embargo, se sabe atractivo a los ojos del poeta y juega varias veces con las referencias sexuales. Lo practica incluso en una carta de principios de septiembre de 1928 en el contexto de una dura crítica literaria que el pintor hace a Lorca sobre su recién Romancero gitano (ver despiece).
Algunos estudiosos quisieron ver en esa misiva el inicio del final de la relación. “No hubo ruptura sino distanciamiento”, apunta Fernández, quien recuerda que hay correspondencia posterior y cita una carta en la que Lorca se ríe del pequeño timo que un Dalí necesitado de dinero intentó perpetrar contra los padres del poeta bajo el pretexto de que aún no había cobrado como escenógrafo de la obra de su hijo Mariana Pineda.
El distanciamiento sería aprovechado por Luis Buñuel, a su modo celoso, que va haciendo “una labor de zapa en esa relación”; el cineasta, hasta entonces con escaso eco intelectual y popular, acabaría realizando con Dalí el guion de Un perro andaluz, título en el que Lorca siempre se sintió aludido.
El mecanicismo, las películas de Buster Keaton, recomendaciones literarias de todo tipo (con referencias a Joyce incluidas) y explicaciones de cómo van sus respectivas obras, algunas comunes, van desfilando por las páginas de la correspondencia, que Fernández ha trufado con algún inédito, como un dibujo que el propio Dalí pidió que se llamaraLorca Dalí (1926), o una hoja de carta de la finca de Coco Chanel, donde se hospedó Dalí, de 1938, y en la que el artista dibujó una cabeza del ya asesinado García Lorca. “El poeta empezó a aparecer en dibujos suyos tras su muerte”, explica Fernández.
Defiende el compilador que Dalí tuvo una época lorquiana que dio frutos en doble sentido. En Lorca: una Oda a Salvador Dalí, publicada en laRevista de Occidente (y en apéndice en el libro): “Lorca no hizo nada así por nadie más”; Dalí, por su parte, habría reflejado al granadino en las pinturas La academia neocubista y en La miel es más dulce que la sangre, este último un cuadro en paradero desconocido pero del que el libro recoge un esbozo. Como obra en común quedará la pieza teatralMariana Pineda, con figurines del pintor.
A Dalí le quedó la sensación de que podía haber evitado quizá la muerte de Federico. “Creía que no insistió lo suficiente para que le acompañara a Italia en 1936”. Cuando murió su esposa Gala, en 1982, Dalí se enrocó mentalmente y viajó a su juventud en la Residencia de Estudiantes, donde en 1923 conoció a Lorca y a Buñuel. En los huesos, negándose a comer, con 34 kilos, una de las enfermeras que atendió a Dalí en ese final dijo que en todo ese tiempo sólo le entendió una frase: “Mi amigo Lorca”.



12.22.2012

JUANA LA LOCA

7 de abril de 1555. Convento de Santa Clara. Tordesillas. Una mujer anciana, vestida de riguroso luto, postrada ante una fría losa de piedra, gime y solloza. Su voz apenas se hace perceptible entre las severas piedras del sobrio edificio castellano. Silencio.

F. Padilla


“Mi querido Felipe:

Hace ya tanto tiempo que descansas bajo esa lápida que he perdido la cuenta de los años que ya no estás junto a mí. Miento. Sí estás junto a mí. Sólo que tus ojos no me miran ni tu sonrisa me cubre como antes.

Pero tú sigues junto a mí. Tu recuerdo me acompaña cada día, a cada hora, a cada instante. En las brisas nocturnas y en los atardeceres de otoño. Cuando escucho el repicar de las campanas del convento y cuando oigo en la lejanía un trotar de caballos. En todo momento estás junto a mí. Mi querido Felipe. Mi amado Felipe.

Felipe, ¿estás ahí?... ¿Me oyes?

Bien sabes cuánto me educaron mis padres para ser infanta y reina. Cuán rígida fue mi juventud en la rígida y sobria corte castellana. Mi buena madre me enseñó las primeras oraciones con que dirigirme a Dios. Mi padre, político sagaz, me mostró pocas veces su paternal afecto, pero vislumbré en él un hombre dispuesto al servicio del Reino y sus súbditos.

¿Felipe, estás ahí?... ¿Me escuchas?


Pronto me casaron contigo por poderes. Sin conocerte, Felipe, partí desde Laredo hacia esas tierras lejanas de Flandes, de las que eras archiduque. Con tanto miedo que mientras el barco se mecía sobre el mar, mi corazón palpitaba de pánico. ¡Qué lejos me sentía de mi hogar y de mi patria! Mi querido archiduque. ¡Pero sin embargo, qué instantánea fue la atracción que sentí por tus ojos al verte aparecer por entre las cortinas de palacio! Enseguida desapareció el miedo. No cabía otro sentimiento en mi pecho que el amor más limpio y transparente que jamás llegara a imaginar.
Escúchame, Felipe… ¿Por qué nunca respondes mientras te hablo?


Díptico con los seis hijos de Juana I de Castilla
Nuestros hijos son dueños del mundo. Leonor, reina de Francia; Isabel, reina de Dinamarca; María, reina de Hungría. Carlos y Fernando, ambos emperadores del Sacro Romano Imperio Germánico. El primero, además, también Rey de las Españas, de Europa y de las Indias. Y nuestra pequeña Catalina, la delicada Catalina, reina de Portugal.


¿Ves cuán gloriosa es la diadema de nuestro amor, Felipe? Dios nos premia con una descendencia de hijos poderosos, respetados y respetables. Pero, sin embargo, en mi corazón hay un vacío inmenso. Porque mi verdadero y único rey no está. Porque tú no estás.

J. de Flandes

Felipe El Hermoso, ¡buen apodo para tan apuesto príncipe!
Felipe, archiduque de Austria, duque de Borgoña, de Brabante, de Limburgo y Luxemburgo, conde de Flandes, de Habsburgo, de Hainaut, de Holanda, de Zelanda, Tirol y Artois, señor de Amberes y Malinas...
¿Y ahora, qué eres Felipe, amor mío? Sólo un recuerdo vivo y ardiente en mi corazón de anciana. Una ráfaga, un sollozo, una lágrima fugitiva, un 'hasta siempre' que nadie nunca escuchará.

Me llaman Juana la Loca. Loca, sí, desde luego. Pero loca de amor. Ay, Señor… Estoy tan cansada... Muy pronto mi existencia será un suspiro de la Historia, una brisa olvidada. Hija y madre de reyes. Amante sin amado. Reina sin reino. Yo, Juana. La loca. Cautiva en Tordesillas, soberana de medio mundo, pero retenida, presa y muerta antes de morir.

Felipe, ¿dónde estás? ¿Por qué no me respondes cuando te hablo? ¿Felipe?... ¡Felipe!

¡¡Felipe!!

Juana, reina propietaria de las coronas de Castilla y Aragón, murió el 12 de abril de 1555 a la edad de 76 años. Hija de los Reyes Católicos,Isabel y Fernando, esposa del Archiduque Felipe de Habsburgo. Su hijo, el gran emperador Carlos I de España y V de Alemania, tan sólo sobrevivió a su madre tres años.

Fue reina sobre el papel. Recluida en un convento durante la mayor parte de su vida, enamorada de un cadáver.






“No importa, amor mío: iremos a Granada. No temas. Será como empezar otra vez todo. Como si nada horrible hubiera sucedido”.
Y, efectivamente, Juana y Felipe fueron, por fin, conducidos a Granada, “donde el sol luce siempre y hay jardines, donde sonríe el agua, donde los ruiseñores cantan noches enteras sin cansarse…”


12.16.2012

J. JOYCE


- Cartas de amor a Nora Barnacle -


Mi querida niñita de las monjas: hay algún estrella muy cerca de la tierra, pues sigo presa de un ataque de deseo febril y animal. Hoy a menudo me detenía bruscamente en la calle con una exclamación, siempre que pensaba en las cartas que te escribí anoche y antenoche. Deben haber parecido horribles a la fría luz del día. Tal vez te haya desagradado su grosería. Sé que eres una persona mucho más fina que tu extraño amante y, aunque fuiste tu misma, tú, niñita calentona, la que escribió primero para decirme que estabas impaciente porque te culiara, aún así supongo que la salvaje suciedad y obscenidad de mi respuesta ha superado todos los límites del recato. Cuando he recibido tu carta urgente esta mañana y he visto lo cariñosa que eres con tu despreciable Jim, me he sentido avergonzado de lo que escribí. Sin embargo, ahora la noche, la secreta y pecaminosa noche, ha caído de nuevo sobre el mundo y vuelvo a estar solo escribiéndote y tu carta vuelve a estar plegada delante de mí sobre la mesa. No me pidas que me vaya a la cama, querida. Déjame escribirte, querida. Como sabes queridísima, nunca uso palabras obscenas al hablar. Nunca me has oído, ¿verdad?, pronunciar una palabra impropia delante otras personas. Cuando los hombres de aquí cuentan delante de mí historias sucias o lascivas, apenas sonrío. Y, sin embargo, tu sabes convertirme en una bestia. Fuiste tu misma, tú, quien me deslizaste la mano dentro de los pantalones y me apartaste suavemente la camisa y me tocaste la pinga con tus largos y cosquilleantes dedos y poco a poco la cogiste entera, gorda y tiesa como estaba, con la mano y me hiciste una paja despacio hasta que me vine entre tus dedos, sin dejar de inclinarte sobre mí, ni de mirarme con tus ojos tranquilos y de santa. También fueron tus labios los primeros que pronunciaron una palabra obscena. Recuerdo muy bien aquella noche en la cama en Pola. Cansada de yacer debajo de un hombre, una noche te rasgaste el camisón con violencia y te subiste encima para cabalgarme desnuda. Te metiste la pinga en el coño y empezaste a cabalgarme para arriba y para abajo. Tal vez yo no estuviera suficientemente arrecho, pues recuerdo que te inclinaste hacia mi cara y murmuraste con ternura: "¡Fuck me, darling!" Nora querida, me moría todo el día por hacerte uno o dos preguntas. Permítemelo, querida, pues yo te he contado todo lo que he hecho en mi vida; así, que puedo preguntarte, a mi vez. No sé si las contestarás. Cuándo esa persona cuyo corazón deseo vehementemente detener con el tiro de un revólver te metió la mano o las manos bajo las faldas, ¿se limitó a hacerte cosquillas por fuera o te metió el dedo o los dedos? Si lo hizo, ¿subieron lo suficiente como para tocar ese gallito que tienes en el extremo del coño? ¿Te tocó por detrás? ¿Estuvo haciéndote cosquillas mucho tiempo y te viniste? ¿Te pidió que lo tocaras y lo hiciste? Sino lo tocaste, ¿se vino sobre ti y lo sentiste? Otras pregunta, Nora. Sé que fui el primer hombre que te folló, pero, ¿te masturbó un hombre alguna vez? ¿Lo hizo alguna vez aquel muchacho que te gustaba? Dímelo ahora, Nora, responde a la verdad con la verdad y a la sinceridad con la sinceridad. Cuando estabas con él de noche en la oscuridad de noche, ¿no desabrocharon nunca, nunca, tus dedos sus pantalones ni se deslizaron dentro como ratones? ¿Le hiciste una paja alguna vez, querida, dime la verdad, a él o a cualquier otro? ¿No sentiste nunca, nunca, nunca la pinga de un hombre o de un muchacho en tus dedos hasta que me desabrochaste el pantalón a mí? Si no estás ofendida, no temas decirme la verdad. Querida, querida esta noche tengo un deseo tan salvaje de tu cuerpo que, si estuvieras aquí a mi lado y aún cuando me dijeras con tus propios labios que la mitad de los patanes pelirrojos de la región de Galway te echaron un polvo antes que yo, aún así correría hasta ti muerto de deseo. Dios Todopoderoso, ¿qué clase de lenguaje es este que estoy escribiendo a mi orgullosa reina de ojos azules? ¿Se negará a contestar a mis groseras e insultantes preguntas? Sé que me arriesgo mucho al escribir así, pero, si me ama, sentirá que estoy loco de deseo y que debo contarle todo. Cielo, contéstame. Aun cundo me entere de que tú también habías pecado, tal vez me sentiría todavía más unido a ti. De todos modos, te amo. Te he escrito y dicho cosas que mi orgullo nunca me permitiría decir de nuevo a ninguna mujer. Mi querida Nora, estoy jadeando de ansia por recibir tus respuestas a estas sucias cartas mías. Te escribo a las claras, porque ahora siento que puedo cumplir mi palabra contigo. No te enfades, querida, querida, Nora, mi florecilla silvestre de los setos. Amo tu cuerpo, lo añora, sueño con él. Háblenme queridos labios que he besado con lágrimas. Si estas porquerías que he escrito te ofenden, hazme recuperar el juicio otra vez con un latigazo, como has hecho antes. ¡Qué Dios me ayude! Te amo Nora, y parece que también esto es parte de mi amor. ¡Perdóname! ¡Perdóname!


***

Mi Dulce y pícara putita, aquí te mando otro billete para que te compres calzones o medias o ligas. Compra calzones de puta, amor, y no dejes de rociarlos con un perfume agradable y también descolorealos un poquito por detrás. Pareces inquieta por saber que acogida dí a tu carta, que, según dices, es peor que la mia. ¿Cómo que es peor que la mía, amor ? Sí, es peor en una o dos cosas. Me refiero a la parte en que dice lo que vas a hecer con la lengua (no me refiero a chuparmela) y a esa encantadora palabra que escribes con tan grandes letras y subrayas, bribonzuela. Es emocionante oír esa palabra ( y una o dos más que no has escrito) En los labios de una muchacha. Pero me gustaría que hablaras de ti y no de mi. Escríbeme una carta muy larga, llena de esas otras cosas, sobre ti, querida. Ahora ya sabes como ponerme arrecho. Cuentame hasta las cosas más mínimas sobre ti, con tal de que sean obsenas y secretas y sucias. No escribas más. Qué todas las frases estén llenas de palabras y soniods indecentes e impúdicos. Es encantador oirlos e incluso verlos en el papel, pero los más indecentes son los más bellos. Las dos partes de tu cuerpo que hacen cosas sucias son las más deliciosas para mi. Prefiero tu culo, querida, a tus tetas porque hace esa cosa sucia. Amo tu coño no tanto por que sea la parte que jodo cuanto porque hace otra cosa sucia. Podría quedarme tumbado todo el día mirando la palabra divina que escribiste y lo que dijiste que harías con la lengua. Me gustaría poder oír tus labios soltando entre chisporroteos esas palabras celestiales, excitantes, sucias, ver tu cuerpo sonidos y ruidos indecentes, sentir tu cuerpo retorciendose debajo de mi, oír y oler los sucios y sonoros pedos de niñas haciendo pop pop al salir de tu bonito culo de niña desnudo y follar, follar, follar y follar el coño me mi pícara y arrecha putita eternamente. Ahora estoy contento, porque mi putita me dice que le dé por el culo y que la folle por la boca y quiere desabrocharme y sacarme el cimbel y chuparlo como un pezón. Más cosas y más indecentes que estas quiere hacer, mi pequeña y desnuda folladora, mi pícara y serpeante pequeña culiadora, mi dulce e indecente pedorrita. Buenas noches, putita mía, voy a tumbarme y a cascarmela hasta que me venga. Escribe más cosas y más indecentes, querida. Hasta cosquillas en el mondonguito, mietras escribes para que te haga decir cosas cada vez peores. Escribe las palabras indecentes con grandes letras y subráyalas y bésalas y restriégatelas un momento por tu dulce y caliente coño, querida, y también levántate las faldas un momento y restriégatelas por tu querido culito pedorro. Has más cosas así, si quieres, y después envíame la carta, mi querida putita de culo marrón.

11.25.2012

CARTAS DESDE PARIS


"De Baudelaire a Borges”




Amigo mío:
el tiempo es escaso y amenaza el silencio 
pero aun así te escribo lento 
porque me tiemblan las manos
y tengo miedo de quedarme sin manos 
a veces me duele el costado 
ese costado donde el corazón no duerme 
y el rostro de la vigilia me espanta 
apago la luz para que se haga la noche 
pero el día es eterno 
como el terror de quedarme sin voz 
y que sólo el grito y el desgarro acompañen mi lengua 
esa lengua que acaricia en mi boca 
el ocaso de las palabras 
trepado como un gato a la torre más alta 
le canto a la luna que estoy enamorado 
pero la luna es virgen 
y no comprende esta clase de amores 
aunque desde su reinado 
pueda ver Lesbos y recordar a Safo 
como te decía con estas mis manos que tiemblan 
tengo frío / tengo miedo y demasiada sed 
esta sed que no calman las lluvias espesas 
ni los océanos que orillan mis sueños 
esta sed que invade mi garganta 
que me roba la voz 
y tengo miedo de no poder leer en tono alto 
estos mis versos: 
detrás de los dolores y los vastos sollozos 
que cargan con su peso la existencia brumosa 
¡feliz de aquél que puede con ala vigorosa 
lanzarse hacia los campos dulces y luminosos!




Amigo mío:
si tienes hijos algún día 
porque tu cuerpo es puro como el agua de la montaña 
aunque en la montaña sobreviva el Minotauro 
no les cuentes de tu odio por los espejos 
ni de ese otro odio que ya sabes 
cuando puedan comprenderte 
diles que la cópula es gloriosa 
aunque multiplique el número de los hombres 
ellos además de hombres serán tus hijos 
y quizás amen los espejos 
serán tus hijos si te atreves a tenerlos 
porque en la montaña sobrevive el Minotauro 
aunque tu cuerpo sea puro como el agua de la montaña 
yo como tú 
odio y amo / amo y odio 
y si pudiera después apagar con mi sangre 
el fuego del remordimiento... 
porque esta manera de andar 
entre las flores del mal persiguiendo la Cruz 
me aniquila / me atormenta 
pero confío 
en la sabiduría del hombre que vendrá del mañana 
él sabrá que el desenfreno puede matar 
porque sabes amigo... 
me estoy muriendo 
pero confío 
en la sabiduría del hombre que vendrá del mañana 
y que leerá tus versos y los míos 
y quizás nos compare y nos compadezca 
apuesto que en ese mañana 
el Hombre / la Esfinge y el Minotauro 
van a librar batalla 
y en la batalla 
de cabezas y cuerpos humanobestiales 
el equilibrio 
el buen amor 
el darse cuenta 
serán atributos del hombre 
y el Minotauro seguirá en la montaña 
esperando su redentor 
y la Esfinge en el cosmos 
y será leyenda el Minotauro 
y la Esfinge mito 
y el Hombre el redentor 
que leerá tus versos y los míos 
y quizás nos compare y nos compadezca 
te abrazo y te ruego me escribas pronto 
porque sabes / me duele el costado 
ese costado donde el corazón no duerme 
y tengo miedo que me sorprenda la eternidad de la noche 
y que mi lengua ya no pueda cantarle a la luna 
virgen que desde su reinado 
puede ver Lesbos y recordar a Safo 
porque sabes amigo... 
me estoy muriendo 
muriendo de vida 
la insoportable vida