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12.25.2012

ÉGLOGA



La égloga es uno de los principales subgéneros poéticos, de tema amoroso y protagonizado por pastores. Etimológicamante, égloga proviene del latín eclŏga, y éste del griego ἐκλογή, que significa ‘extracto, selección, pieza escogida’.

La mayoría de las églogas clásicas se desarrollan según alguna de estas dos estructuras:
El poema que constituye una estructura monódica, un monólogo pastoril o canto a una sola voz.
La égloga con estructura dual en la que se dialoga a veces como una pequeña pieza teatral en un acto, cuando intervienen varias voces poéticas. Los pastores cantan sus lamentos, ya sea en forma de duelo como cantos simétricos o separados.
De modo que una o varias voces desarrollan el tema amoroso contándolo en un ambiente rural donde la naturaleza es paradisíaca, idealizada (el locus amoenus) y tiene un gran protagonismo la música. El género posee motivos campestres y los tópicos de la poesía bucólica.
Si aparecen varios pastores cantando sus amores, el género adquiere tintes teatrales. De hecho, algunas églogas fueron representadas en época romana (como las ‘Bucólicas’ de Virgilio) y en el Renacimiento (como las églogas de Juan del Enzina). Fernando de Herrera señala en sus Anotaciones a la ‘Égloga II’ de Garcilaso:
Esta égloga es poema dramático, que también se dice activo, en que no habla el poeta, sino las personas introducidas (...). Tiene mucha parte de principios medianos, de comedia, de tragedia, fábula, coro y elegía; también hay de todos los estilos…
Desde los orígenes helénicos del género estuvo impregnado de elementos que hoy se consideran parte del discurso dramático, por lo que hay estudiosos contemporáneos que reivindican el carácter teatral de algunas églogas.

Orígenes y evolución de la égloga

La égloga, como casi toda la cultura occidental, fue creada y perfeccionada en la Grecia Antigua a partir del siglo IV a. C. Las primeras églogas fueron los ‘Idilios’ (en griego, “poemitas” o “pequeños cantos”) de Teócrito. Bajo su influencia los escribieron después autores como Mosco, Bión de Esmirna y otros autores.

Siguiendo el curso habitual de las formas literarias, este modo de escritura pasó a Roma. El escritor latino Virgilio (siglo I a. C.), también fascinado por Teócrito, escribió sus ‘Bucólicas’, también conocidas como ‘Églogas’, en las que añadió elementos autobiográficos, haciendo de cada pastor un personaje imaginario que encubría a un personaje real.
Las Bucólicas virgiianas suponen la consolidación del género, y la innovación de contar historias más o menos reales pasó a la bucólica posterior. Otros autores latinos escribieron también églogas, como Nemesiano, Calpurnio Sículo o Ausonio.
A través de Giovanni Boccaccio y la ‘Arcadia’ de Jacopo Sannazaro en el Renacimiento el género se volvió a recuperar mezclándose las composiciones en verso en un marco narrativo en prosa, y se difundió por todo el mundo occidental, bien en verso, bien como églogas intercaladas en una novela pastoril.
Y es que el espíritu europeo humanista y el Renacimiento supusieron la revitalización de este género clásico que pasó por la época medieval discretamente. Durante esa época de rescate y difusión de autores y obras clásicos, la égloga revive.
La égloga en la literatura castellana

En la literatura castellana, escribieron églogas Juan del Enzina, Lucas Fernández, Garcilaso de la Vega, Juan Boscán, Hernando de Acuña, Francisco de la Torre, Lope de Vega, Pedro Soto de Rojas, Bernardo de Balbuena, Juan Meléndez Valdés…

Pero fue Garcilaso de la Vega el que con su églogas nos dejó las mejores muestras del género en versos inolvidables.
Por ello, para finalizar, dejamos estos versos de lamento en boca de Salicio, de la ‘Égloga I’ de Garcilaso considerada frecuentemente, por su belleza y musicalidad, como una de las líricas más perfectas de la poesía castellana de todos los tiempos:


Salicio:


¡Oh más dura que mármol a mis quejas,

y al encendido fuego en que me quemo
más helada que nieve, Galatea!,
estoy muriendo, y aún la vida temo;
témola con razón, pues tú me dejas,
que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.
Vergüenza he que me vea
ninguno en tal estado,
de ti desamparado,
y de mí mismo yo me corro agora.
¿De un alma te desdeñas ser señora,
donde siempre moraste, no pudiendo
de ella salir un hora?
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

El sol tiende los rayos de su lumbre
por montes y por valles, despertando
las aves y animales y la gente:
cuál por el aire claro va volando,
cuál por el verde valle o alta cumbre
paciendo va segura y libremente,
cuál con el sol presente
va de nuevo al oficio,
y al usado ejercicio
do su natura o menester le inclina,
siempre está en llanto esta ánima mezquina,
cuando la sombra el mondo va cubriendo,
o la luz se avecina.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.


APÓSTROFE



El apóstrofe es una figura literaria de diálogo que consiste en dirigir la palabra con vehemencia a algo o alguien, en segunda persona. Los destinatarios pueden estar presentes o ausentes, vivos o muertos, pueden ser seres abstractos o cosas inanimadas. Incluso, hay apóstrofes dirigidos a uno mismo.
Se caracteriza por la interrupción repentina del discurso o narración. Su etimología proviene del griegoἀποστροφή que pasó al latín apostrŏphe. Se puede usar la forma masculina o en femenino, “la apóstrofe”, ya que se trata de un sustantivo ambiguo.
Como decimos, en retórica se incluye dentro de las figuras de diálogo o pathos (figuras patéticas). El empleo de este recurso es muy común en las plegarias u oraciones, en los soliloquios y en las invocaciones, así como en el lenguaje publicitario, político y en general como parte de la funciones apelativa y expresiva del lenguaje.
Por ello generalmente va acompañado en su forma escrita de signos de exclamación o interrogación y entre pausas.
Juan Ramón Jiménez usa el apóstrofe en la última estrofa del poema ‘Vino, primero, pura’:


Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda…
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!

Es una figura muy querida por el Romanticismo debido al gusto de este movimiento por la exaltación.Gustavo Adolfo Bécquer utiliza al final de las tres primeras estrofas de la ‘Rima LII ‘el mismo apóstrofe para simular, con un gran efecto de pathos retórico, el romperse de una ola:

Olas gigantes que os rompéis bramando
en las playas desiertas y remotas
envuelto entre sábanas de espuma,
¡llevadme con vosotras!

En su ‘Himno al sol’ Espronceda usa continuamente el apóstrofe:
Para y óyeme ¡oh Sol! yo te saludo
Y estático ante ti me atrevo a hablarte;
Ardiente como tú mi fantasía,
Arrebatada en ansia de admirarte,
Intrépidas a ti sus alas guía.
¡Ojalá que mi acento poderoso,
Sublime resonando,
Del trueno pavoroso
La temerosa voz sobrepujando,
¡Oh sol!, a ti llegara
Y en medio de tu curso te parara!

El apóstrofe está muy relacionado con la optación, que es otra de las figuras de diálogo y consiste en la manifestación, de forma muy explícita, de un deseo, dirigido siempre a un tú que está claramente presente en el discurso.

HARD-BOILES



Novela negra, ficción detectivesca, literatura policíaca… No está clara la delimitación del género, pero vamos a centrarnos en un término referido a un subgénero de estas novelas. “Hard-boiled” es un anglicismo que define un tipo de historias de la novela negra en las que el protagonista no sólo depende de su capacidad de observación y deducción, de sus dotes naturales para la investigación, sino que desempeña su trabajo buscando pistas y recurriendo a múltiples métodos, incluso algunos violentos o ilegales.

El protagonista intachable al estilo Sherlock Holmes pasó a la historia para dejar paso a otros protagonistas más humanos y vulnerables, que recorrían las calles, que preparaban trampas para atraer a los criminales, que pagaban a los chivatos e incluso con la capacidad para manipular los acontecimientos que le rodean en beneficio de la resolución del caso.
Los iniciadores del género “policíaco” ilustraban sus obras con protagonistas que poco tenían que ver con los posteriores (Edgar Allan Poe, Arthur Conan Doyle, Agatha Christie…). La “escuela inglesa” daría paso a la “escuela americana” de novela policíaca, con unos ambientes, protagonistas y casos bien diferentes. En este nuevo contexto se inserta el hard-boiled.
Los orígenes del hard-boiled
Raymond Chandler en su ensayo, ‘The Simple Art of Murder’ (1950) caracterizaba la novela policíaca norteamericana por una naturaleza más violenta, sucia y cercana a la realidad que la británica y que, a partir de la publicación de los primeros relatos de Hammett, Erle Stanley Gardner, Carroll John Daly o el propio Chandler en revistas como ‘Black Mask’, ‘Detective Store’ o ‘Dime Detective’, recibirían la denominación genérica de “hard-boiled”.
Tanto en cine como literatura se cita a Dashiell Hammett como pionero del género hard boiled a finales de los años 20 con sus novelas ‘Cosecha Roja’ y ‘El halcón maltés’, la primera con la que creara este subgénero, y la segunda con la que se llevaría al cine con éxito. Gracias al inolvidable protagonista de ‘El Halcón Maltés’, Sam Spade, que responde a las características del nuevo detective,Raymond Chandler crearía su personal visión de aquél y del género con la figura de Philip Marlowe.
Por su parte, Roberto Bartual Moreno realiza en un artículo titulado “La novela policíaca: ficción detectivesca y “hard- boiled”. El modelo norteamericano como transgresor de la norma inglesa” una interesante aproximación al término y a los orígenes de esta tipología de novelas, apuntando un precedente anterior a Hammett:
Por otro lado, la denominación de “hard-boiled” queda reservada también a un subgrupo de narraciones policíacas que surgieron a raíz de la revista norteamericana ‘Black Mask’, siguiendo el modelo creado por Carroll John Daly para su detective Race Williams. Narración en primera persona, lenguaje duro, uso de argot callejero, cinismo profundo en el carácter de un detective protagonista que está de vuelta de todo, perdida de importancia del proceso de identificación del culpable, y unos rasgos estoicos y, a veces, nihilistas en la filosofía vital del detective, son las características básicas de este tipo de relatos cortos y novelas de autores como el propio Daly, Dashiell Hammett, Raymond Chandler, Ross McDonald, Fredric Brown, Chester Himes, Cornell Woolrich o Jim Thompson, muchos de los cuales eran publicados por la editorial Gallimard en su Série Noire, lo cual acerca el término “hard-boiled” a lo que concebimos como “novela negra”.


El hard-boiled en Estados Unidos

Como hemos adelantado, el subgénero hard-boiled surge en Estados Unidos en oposición a las novelas policíacas predecesoras, las de la escuela inglesa. Lo que sucede es que se subvierten los códigos británicos de la ficción detectivesca, debido a varias razones.
Por un lado tuvo su influencia el peculiar sistema de publicación y distribución norteamericano. Pero sobre todo los cambios fueron debidos a las preocupaciones surgidas a raíz de la Gran Depresión, dando lugar a una literatura que se aparta de una intención puramente evasiva para dar rienda suelta a una profunda preocupación social y a una voluntad experimental, junto a la aparición de nuevos escenarios tocados por la crisis, por la corrupción…
Recordemos que, en el caso de Dashiell Hammett, había trabajado en una agencia de detectives, y por lo tanto sabía muy bien cómo moverse por esos nuevos ambientes, y conocía de primera mano los métodos realistas con los que se trabaja en dicho contexto para resolver un misterio.
Para entender los códigos que utiliza esta vertiente de la novela policíaca también influyó el público al que iba destinadas las revistas de “papel de pulpa” (pulp) (fundamentalmente, hombres trabajadores). Además, en estas revistas se pagaba a los autores por palabras, de modo que la experimentación formal y la búsqueda estilística quedaba a menudo en segundo plano.
El definitiva, el hard-boiled en una vertiente de la novela policíaca marcada con unos rasgos propios característicos que lo alejan de los orígenes del género detectivesco y que marcarán a la mayoría de autores a partir del primer tercio del siglo XX. Este tipo de obras de narración rápida, diálogos duros y personajes inolvidables, sigue aún hoy estando muy presente en la literatura, el cine y el cómic.


SILVA



La silva es una combinación de la métrica castellana, no estrófica, que consiste en una extensión indeterminada de versos heptasílabos y endecasílabos que combinan y riman en consonante libremente, pudiéndose dejar versos sueltos sin rima alguna.
La etimología de esta palabra es latina, silva con el significado de ‘selva’, que hace referencia a ‘desorden, sin concierto’. El término también hace referencia a una colección de varias materias o temas, escritos sin método ni orden (DRAE), aunque lo conocemos fundamentalmente por su designación de la combinación métrica.
La amplia libertad poética que supone la silva la convierte en la más moderna de la métrica clásica española, por su implícita tendencia antiestrófica, y como tal constituye una forma de transición hacia el verso libre moderno.


Orígenes de la silva

La silva es de origen italiano y fue introducida en la lírica española a comienzos del siglo XVII con la obra de Francisco de Rioja y las Soledades de Luis de Góngora, en 1613:

Era del año la estación florida
en que el mentido robador de Europa
—media luna las armas de su frente,
y el Sol todo los rayos de su pelo—,
luciente honor del cielo,
en campos de zafiro pace estrellas,
cuando el que ministrar podía la copa
a Júpiter mejor que el garzón de Ida,
—náufrago y desdeñado, sobre ausente—,
lagrimosas de amor dulces querellas
da al mar; que condolido,
fue a las ondas, fue al viento
el mísero gemido,
segundo de Arïón dulce instrumento.

Aunque la silva no se entiende sin la profusión de heptasílabos y endecasílabos que se produjo durante el Renacimiento y que tendría algunas de sus más bellas combinaciones en estrofas como la lira o las estancias garcilasianas.
Desde entonces estos versos se establecieron firmemente en la métrica española, y a partir de Góngora la silva será ampliamente utilizada.



La silva arromanzada

Una variedad de este poema no estrófico es la silva arromanzada o asonantada en la que se combinan libremente versos de 11 y 7 sílabas rimando en asonante sólo los versos pares. En ocasiones se emplean versos alejandrinos (7+7 sílabas).

Se considera creador de esta estrofa a Gustavo Adolfo Bécquer. Su uso se generalizó en el Modernismo y en la Generación del 98 entre los siglos XIX y XX y es una estrofa muy característica deAntonio Machado. Os dejamos con este poema de sus Campos de Castilla, escrito en silva arromanzada con variación final (dos alejandrinos) que trata del sentimiento de desarraigo del poeta en su propia tierra:

En estos campos de la tierra mía,
y extranjero en los campos de mi tierra
—yo tuve patria donde corre el Duero
por entre grises peñas,
y fantasmas de viejos encinares,
allá en Castilla, mística y guerrera,
Castilla la gentil, humilde y brava,
Castilla del desdén y de la fuerza—,
en estos campos de mi Andalucía,
¡oh tierra en que nací!, cantar quisiera.

Tengo recuerdos de mi infancia, tengo
imágenes de luz y de palmeras,
y en una gloria de oro,
de lueñes campanarios con cigüeñas,
de ciudades con calles sin mujeres
bajo un cielo de añil, plazas desiertas
donde crecen naranjos encendidos
con sus frutas redondas y bermejas;
y en un huerto sombrío, el limonero
de ramas polvorientas
y pálidos limones amarillos,
que el agua clara de la fuente espeja,
un aroma de nardos y claveles
y un fuerte olor de albahaca y hierbabuena,
imágenes de grises olivares
bajo un tórrido sol que aturde y ciega,
y azules y dispersas serranías
con arreboles de una tarde inmensa;
mas falta el hilo que el recuerdo anuda
al corazón, el ancla en su ribera,
o estas memorias no son alma. Tienen,
en sus abigarradas vestimentas,
señal de ser despojos del recuerdo,
la carga bruta que el recuerdo lleva.

Un día tornarán, con luz del fondo ungidos,
los cuerpos virginales a la orilla vieja.

Estos son algunos ejemplos en sus distintas variantes de la silva, combinación métrica que tan buenos versos ha dado a las letras castellanas.