Páginas

Mostrando entradas con la etiqueta CUENTOS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CUENTOS. Mostrar todas las entradas

4.14.2015

TODOS NO VOLAMOS IGUAL


Un hombre encontró el capullo de una mariposa. Un día, apareció en él una pequeña abertura. El hombre se sentó y observó durante varias horas cómo la mariposa luchaba, esforzándose para poder pasar a través de ese pequeño agujerito.
El hombre pensó que no progresaba, que la mariposa había llegado al límite de sus posibilidades y que no podía seguir avanzando; entonces, decidió ayudarla.
Tomó una tijera y cortó el pedacito restante del capullo.
La mariposa, entonces, salió muy fácilmente. Pero tenía el cuerpo hinchado y las alas pequeñas y arrugadas. El hombre siguió observando a la mariposa, esperando que, en cualquier momento, las alas pudieran agrandarse y expandirse para poder soportar el cuerpo que, de un momento a otro se contraería.
Pero esto no sucedió; la mariposa pasó el resto de su corta vida arrastrándose con el cuerpo hinchado y las alas encogidas, y nunca llegó a volar.
El hombre no había comprendido, en su buena intención y apuro por ayudar, que el obstáculo del capullo y la lucha necesaria para que la mariposa pudiera pasar por la diminuta abertura , era el modo en que la naturaleza obligaba a que el fluído del cuerpo de la mariposa llegara hasta sus alas para que estuviera en condiciones de volar, una vez liberada del capullo.

EL HOMBRE DISPERSO


Había una vez, un hombre muy creyente que había llegado a un momento en su vida en que no sabía qué hacer, qué camino seguir, se encontraba muy desorientado. Entonces, se puso a orar y pidió a Dios que le envíe una señal, que él gustoso la tomaría y serviría para decidir qué camino seguir.
Un día, paseando por la pradera, decidió sentarse a la sombra de un árbol, y observó que a pocos centímetros de él, se encontraba un pequeño coyote herido, sangrando. Muy sorprendido quedó cuando vió que un tigre se aproximó al animal, lo olfateó, pero no le hizo nada, se retiró y, al rato, apareció con una laucha que había cazado para darle de comer al animal herido.
Más tarde, el tigre volvió al lugar con el buche lleno de agua, que depositó al lado del coyote, para que éste bebiera.
El hombre, estaba muy sorprendido, ¿cómo era que el tigre no se comió al coyote, aprovechando que estaba en desventaja, por estar herido?
¡Ésta era la señal que tanto esperaba!
El hombre, volvió al pueblo, se sentó en el banco de la plaza con un plato en una mano y el gorro en la otra, esperando que alguien se ocupe de él, tal como lo hizo el tigre con el coyote.
Pero la gente pasaba, lo miraba, y nadie colocaba nada en su plato, tampoco en su sombrero.
Pasaron los días, y el hombre cansado, desalineado, con hambre y sed, dirigió su mirada al cielo y con una actitud de reclamo, le habló a Dios diciendo: ¡Me engañaste, me enviaste una señal, hiciste que yo la interpretara, y cuando la pongo en práctica, me doy cuenta de que no resulta!!
Y Dios le contestó:
Te mandé la señal que me pediste, pero la interpretaste mal. ¿Quién te dijo que tú eras el coyote a quien otro tiene que cuidar?
¿No se te ocurrió pensar que tu camino es el del tigre, que sirvió al otro?

EL VERDADERO DESTINO SE ESCRIBE CON LÍNEAS TORCIDAS


En un lejano país de Occidente, vivía una muchacha llamada Fátima, hija de un próspero hilandero.
Un día, su padre le dijo:
- Hija, haremos un viaje juntos. Tengo que resolver algunos asuntos en las islas del Mediterráneo, y`puede que tú  encuentres por allí a un joven apuesto y de buena posición con quien te puedas casar.
Se pusieron en camino, viajaron de isla en isla. Mientras su padre se ocupaba de los negocios, Fátima soñaba con el marido que pronto podría tener.
Pero un día, cuando se dirigían a Creta, se desató una tormenta y el barco naufragó. Fátima, casi inconscientemente, fue arrastrada hasta una playa cerca de Alejandría. Su padre había muerto y ella se quedó completamente desamparada.
La experiencia del náufrago y el hecho de haber sufrido las inclemencias del mar, la habían dejado exhauta, y apenas vagamente conseguía recordar su vida hasta ese momento.
Una familia de tejedores le encontró deambulando por la playa. Pese a ser pobres, la recogieron, la llevaron a su humilde casa y le enseñaron su oficio. Así fue como Fátima comenzó una nueva vida, y dos años más tarde volvió a ser felíz, una vez reconciliada con su suerte.
Pero un día, cuando se encontraba en la playa, la sorprendíó un grupo de mercaderes de esclavos, y de repente, se encontró prisionera en un barco junto a otros cautivos.
Durante el viaje, Fátima se lamentaba amargamente de su destino, pero ellos no demostraron ninguna compasión, la desembarcaron en Estambul y la vendieron como esclava. Era la segunda vez que su mundo se desmoronaba.
En el mercado, no había demasiados compradores. Uno de ellos, era un hombre que buscaba esclavos para trabajar en su serrería, donde fabricaba mástiles para embarcaciones.. Cuando advirtió el abatimiento de Fátima, decidió comprarla, pensando que podría ofrecerle una vida un poco mejor que la que tendría en manos de otro comprador. La llevó a su casa, con la intención de que fuera la criada de su esposa. Pero al llegar, supo que había perdido todo su dinero: unos piratas, le habían robado todo el cargamento de mástiles. Ahora, ya no podría hacerse cargo del sueldo de sus empleados, y a partir de ese momento, la dura tarea de fabricar mástiles, quedó en manos de él, su mujer y Fátima.
La muchacha, agradecida a su amo por haberla rescatado, trabajó tan arduamente y con tanto ahínco, que él decidió concederle la libertad. Fátima, continuó trabajando como mano derecha del fabricante de mástiles, y así, llegó a ser relativamente felíz, con su tercera profesión.
Un día, su patrón le dijo:
- Quiero que tú y mi agente, viajéis a Java, con un cargamento de mástiles. Tratad de venderlos a un buen precio.
Iniciaron la travesía, pero cuando el barco estaba frente a la costa de China, un tifón lo hizo naufragar. Una vez más, Fátima se encontró abandonada en una playa de un país desconocido. Y lloró nuevamente con amargura, porque sentía que en su vida nada ocurría como ella esperaba. Siempre que las cosas parecían andar bien, sucedía algo que echaba por tierra sus esperanzas.
- ¿Por qué- se preguntó por tercera vez, siempre que intento hacer algo no va bien?. ¿Porqué debo sufrir tantas desgracias?
Como no obtuvo respuestas, reunió fuerzas, se levantó y se alejó de la playa.
En China, nadie había oído hablar de Fátima, ni de sus problemas. Sin embargo, existía una leyenda, que decía que llegaría un día una mujer extranjera, capaz de hacer una tienda para el emperador. Como en aquella época, no había nadie en China que supiera hacer tiendas,todos esperaban con ansiedad el día en que se cumpliese la profesía.
Para tener la certeza de que era extranjera, al llegar, no pasase inadvertida, una vez por año, los sucesivos emperadores de China, solían enviar mensajeros a todas las ciudades y aldeas del país, para pedir que toda mujer extranjera, fuera llevada a la corte.
Precisamente ese día, Fátima, agotada,llegó a una ciudad de la costa de China. Los habitantes del lugar hablaron con ella a través de un intérprete y le explicaron que debía presentarse frente al emperador.
-Señora, ¿sabéis fabricar una tienda?- le preguntó el emperador cuando Fátimo estuvo ante él.
 -Creo que sí- respondió ella.
Fátima pidió cuerdas, pero no tenían. Recordó entonces sus tiempos de hilandera, consiguió lino y, ella misma las fabricó.
Después pidió tejido resistente, pero los chinos no tenían del tipo que ella necesitaba. Entonces, poniendo en práctica los conocimientos que había adquirido con los tejedores de Alejandría, fabricó un tejido fuerte, apropiado para fabricar una tienda.
Se percató también de que necesitaba estacas, pero tampoco había en todo el país. Recordó lo aprendido con el fabricante de mástiles de Estambúl, y fabricó unas cuantas estacas resistentes.
Cuando todo el material estaba preparado, se esforzó por recordar todas las tiendas que había visto en sus viajes. Y así fue como Fátima consiguió construir una hermosa tienda.
Cuando tal maravilla fue mostrada al emperador de China, éste se dispuso a satisfacer cualquier deseo qe Fátima expresare. Ella quizo quedarse en China. Allí se casó con un apuesto príncipe y, rodeada de sus hijos, vivió muy felíz.
A través de estas aventuras, Fátima comprendió que todas aquellas experiencias que había tenido en diferentes momentos de su vida y que le habían parecido tan desagradables, terminaron constituyendo una parte esencial en la construcción de su felicidad.

SABER VALORAR REQUIERE SABIDURÍA


Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.
- Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar maestro?. ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:
- ¡Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después... Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.
- E... encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas-.
- Bien -asintió el maestro-. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho agregó: Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta.
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado -más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó.
¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro!   
Podría habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.
- Maestro -dijo- lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 ó 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
- ¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! -contestó sonriente el maestro-. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo?. Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
- Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo.
- ¿58 monedas? -exclamó el joven-.
- Sí, -replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente...
El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
- Siéntate -dijo el maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.

JORGE BUCAY


Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante. Durante la función, la enorme bestia hacia despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas clavada a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente: ¿Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía 5 o 6 años yo todavía en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a algún tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado.
Hice entonces la pregunta obvia:
-Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvide del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta: El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía... Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree -pobre- que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...